El incienso

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Los cristianos heredamos el uso del incienso de la liturgia judía. En el Antiguo Testamento aparece un “altar de los perfumes” (Ex. 30,1-10) e incensarios (1 Rey. 7,50); cada mañana y cada tarde se practica un sacrificio con perfume (Ex. 30,7; Lc. 1,9ss) y en el Apocalipsis, san Juan vio muchos ángeles que quemaban incienso “que son las oraciones del pueblo santo” (8,3).

El incienso es una resina vegetal perfumada. Se presenta en forma de granitos amarillos que, en el uso litúrgico, se quema. El utensilio que contiene las brasas se llama “incensario” y también “turíbulo” (del latín “thuribulum”).

El simbolismo de la incensación es muy rico: al simbolismo propio del fuego, el incienso añade el humo y el perfume.

 

*El humo que sube “significa” el elevarse de la oración hacia el cielo, semejante al gesto de levantar las manos. Por eso expresa el salmo 140: “Que mi oración suba hasta ti como incienso, y mis manos en alto como ofrenda de la tarde”.

 

*Quemar algo, en la liturgia, siempre es “signo” de adoración y equivale al ofrecimiento de un sacrificio. (1 Rey. 22, 44; 1 Mac. 1, 55). Quemar algo totalmente (eso quiere decir la palabra “holocausto”), es la forma más expresiva de desprenderse de ello, de reconocer el “dominio” de Dios.

*El perfume le añade un elemento de agrado y de belleza.

 

El hombre siempre necesitado de imágenes sensibles para hablar de Dios y con Dios, hace aparecer a Dios “aspirando aroma agradable” del sacrificio que le ofrece Noé (Gn. 8, 21).
La Iglesia quiere que la liturgia – las ceremonias, los ritos- se adapten a la cultura de cada pueblo. Por eso, en la actualidad, deja libertad en el uso del incienso. Pero es notable observar la cantidad de ocasiones en que se lo puede emplear si se lo desea.

 

* Puede usarse libremente en cualquier forma de misa:
a) durante la procesión de entrada;
b) al comienzo, para incensar el altar;
c) en la procesión y proclamación del evangelio;
d) en el ofertorio, para incensar las ofrendas, el altar, al sacerdote y al pueblo;
e) al elevar la hostia y el cáliz en la consagración, en la adoración eucarística, en el rito de las exequias, en las procesiones, para honrar una imagen sagrada, en el rito de bendición de objetos y elementos de culto y de piedad personal, el incienso aparece también en el rito de la “dedicación del altar”. El obispo explica el rito con palabras que sintetizan todo lo dicho:

 

“Señor, ascienda hasta ti mi oración
como el incienso.
Y como esta casa se llena de buen olor,
Así el buen olor de Cristo llene tu Iglesia”.

 

 

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