El Santísimo Cristo de la Victoria

 

Santísimo Cristo de la Victoria
Monasterio del Stmo. Cristo de la Victoria
MM. Agustinas Recoletas. Serradilla, Cáceres, España.
Su fiesta se celebra el 14 de septiembre.

¡Mira cuanto nos ama Jesús! Reparó por nuestros pecados sufriendo y muriendo en la cruz.

Su Cruz es nuestra VICTORIA.

Deseamos que se cumpla la profecía de Juan 19,37: “Mirarán al que traspasaron”. Que lo miremos ahora y nos convirtamos antes que se cumpla la del Apocalipsis 1,7: “Mirad, viene acompañado de nubes: todo ojo le verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén.”

Basta de tanta indiferencia y pecado. Entremos ya en su misericordia, respondamos a su llamada a la conversión. Contempla y llora de agradecimiento ante esta imagen bendita de nuestro Salvador. ¡Que tan bien nos representa el amor de Jesús!. Ante esta imagen se han concedido muchas gracias. Pídele que te reciba como discípulo fiel.

BREVE HISTORIA
DEL SANTISIMO CRISTO DE LA VICTORIA

Esta santa imagen, milagrosa desde el principio, fue tallada en Madrid, en el año 1630, por el célebre escultor Domingo de Rioja y por encargo de la Sierva de Dios Francisca de Oviedo y Palacios.

Después de vencer muchas dificultades, pudo, al fin, Francisca de Oviedo sacar al Santísimo Cristo de la Corte, en donde realizó innumerables prodigios, y traerlo a Serradilla.

Viéndose obligada a hacer parada en Plasencia, sucedió en esta ciudad lo mismo que en Madrid: comenzó el Santísimo Cristo a hacer tantos milagros, que ya le fue imposible a la beata Francisca sacarlo de allí.

Por fin, el sábado, 13 de abril de 1641, esta imagen pudo hacer su entrada triunfal en Serradilla, donde se sigue venerando.

Años después, en 1660, y por expresa voluntad de Dios, se fundó en Serradilla (Extremadura), Diócesis de Plasencia, el Monasterio de MM. Agustinas Recoletas, pasando el Santísimo Cristo a tomar posesión de esta Santa Casa y Santuario, como Rey y Señor, y desde cuyo Trono de Amores se complace en derramar un torrente de gracias y bendiciones sobre los fieles que, con fe y amor, se postran a sus pies.

Las MM. Agustinas Recoletas quedaron constituidas, desde entonces y para siempre, en sus más fieles hijas, esposas y guardianas, ofrendando sus vidas ante El en holocausto de amor, reparación, intercesión y alabanza, en nombre de todos los hombres, sus hermanos, al mismo tiempo que velando por el mayor ornato y esplendor de su culto y gloria.

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