Los Franciscanos de la Inmaculada

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Los Frailes Franciscanos de la Inmaculada son un Instituto Religioso de Derecho Pontificio, fundado por los PP. Stefano Manelli y Gabriele M. Pelettieri en 1970, en Frigento (Italia). Ambos eran Franciscanos Conventuales pero abandonaron la Orden en busca de una vida de mayor observancia bajo el Manto de la Inmaculada. Para ello se inspiraron en el mártir de la caridad, San Maximiliano María Kolbe. Los Hermanos observan la Regla Bulada de San Francisco en unidad con el denominado “Camino mariano de vida franciscana”, que reformula en clave mariana, la vida franciscana genuina de oración, pobreza, penitencia, caridad y apostolado.
Una característica propia de la Congregación es, por consiguiente, la marianidad, expresada en un cuarto Voto de consagración exclusiva a la Inmaculada. Santa María de los Ángeles es la matriz mariana del franciscanismo y este cuarto Voto, reporta pues a los orígenes puros de la vida mariana franciscana. En el capítulo General, celebrado en Pentecostés de 2008, se ha resuelto la norma de enseñar a todos los frailes a celebrar la Santa Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano (Rito Tridentino), por ser ésta un tesoro inestimable de la Iglesia y deseo ferviente del Sumo Pontífice Benedicto XVI. De todos modos, los sacerdotes de ésta Congregación ya venían celebrando el Novus Ordo vueltos hacia el Oriente.
Junto a los tradicionales apostolados de la predicación, la reconciliación, dirección espiritual, etc., los frailes se dedican a anunciar el Evangelio a través de las nuevas tecnologías, en consonancia con el espíritu innovador de San Maximiliano. Actualmente, los Hermanos son cerca de trescientos, repartidos en “Casas Marianas” de Italia, Austria, Francia, Reino Unido, Filipinas, Australia, Brasil, Benin, Nigeria y Kazajistán.
“El amor no descansa nunca, sino que se propaga como el fuego que todo lo quema. Y todos nosotros, los hombres, debemos tender a ser abrasados por este fuego de amor, y que abrase a todas las almas que existen y existirán en el mundo. Éste es el ideal hacia el cual debemos tender”. (San Maximiliano Kolbe)

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