Cuaresma: Indicaciones litúrgicas

La Cuaresma es el gran tiempo de preparación a la Pascua. La Iglesia nos invita a aprovechar este “tiempo favorable” y a prepararnos para la celebración del Misterio Pascual de Jesucristo. Por eso, la Cuaresma puede corresponder a un “retiro espiritual” vivido por toda la Iglesia, porque es un itinerario penitencial, bautismal y pascual.

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“Si la Noche de Pascua es un punto de llegada, los cuarenta días que la preceden constituyen, tanto para quienes se preparan al Bautismo, como para la comunidad de bautizados, una subida hacia la Pascua”.
Desde el miércoles de ceniza, se nos ofrece una serie de medios: la limosna, la oración, el ayuno, la escucha de la Palabra de Dios, el sacramento de la Reconciliación y la conversión. La Cuaresma es también el tiempo propicio para la oración personal y comunitaria, alimentada por la Palabra de Dios y propuesta cotidianamente en la liturgia.
La Cuaresma es tiempo de penitencia; por eso mismo ofrece una invitación constante a convertirnos al Señor con todo el corazón y con toda el alma. El camino de conversión culminará con la celebración del sacramento de la Reconciliación, como mejor modo de prepararse a las fiestas de Pascua.
Es también tiempo catecumenal, de preparación tanto para los catecúmenos que recibirán los sacramentos de la Iniciación cristiana en la vigilia Pascual, como para todos los cristianos, que renovarán esa noche las promesas de su Bautismo.
La Cuaresma es tiempo de retorno al Señor para llegar a vivir la vida nueva del reino, que ha inaugurado nuestro Señor Jesucristo.
Tiempo de servicio a los hermanos más débiles, de solidaridad para compartir nuestros bienes con los más necesitados.

Toda la iniciación cristiana comporta un carácter pascual, por ser la primera participación sacramental en la muerte y resurrección de Cristo. La Vigilia pascual es el momento adecuado para celebrar los sacramentos de la Iniciación.

Durante la Cuaresma hay que organizar la catequesis para aquellos adultos que, bautizados siendo niños, no la hayan recibido, o para aquellos que tampoco hayan recibido aún la Confirmación y la Primera Eucaristía. Al mismo tiempo, establézcanse celebraciones penitenciales que los preparen a recibir el sacramento de la Reconciliación.

El tiempo de Cuaresma es también tiempo apropiado para llevar a cabo los ritos penitenciales, a modo de escrutinios, para aquellos niños no bautizados que han llegado a una edad adecuada para la catequesis, y también para los ya bautizados, antes de que se acerquen por primera vez al sacramento de la Reconciliación.

— Los domingos de Cuaresma tienen precedencia sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades. Las solemnidades que coincidan en estos domingos han de trasladarse al lunes siguiente a no ser que la coincidencia tenga lugar el Domingo de Ramos (NUAL 5).

— Todas las ferias de Cuaresma tienen preferencia sobre las memorias obligatorias (NUAL 16b).

 

Si se presenta alguna grave necesidad o utilidad pastoral, puede celebrarse la Misa más conveniente por mandato o con permiso del Ordinario del lugar; y eso cualquier día, exceptuando las solemnidades, los domingos de Cuaresma, el miércoles de Ceniza y las ferias de Semana Santa (NUAL 332).

Las misas de las exequias o funeral no se pueden celebrar en los domingos de Cuaresma, las solemnidades de precepto, el Jueves santo y el Triduo pascual; y las misas de difuntos después de recibida la noticia de la muerte y de primer aniversario pueden celebrarse en las ferias que no sean miércoles de Ceniza o Semana santa.

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