LA LEYENDA DEL STMO. CRISTO DE LA BUENA MUERTE

LA LEYENDA DEL STMO. CRISTO DE LA BUENA MUERTE

Plataforma Ciudadana “La Legión en la Semana Santa”

Con la llegada del ciclo cuaresmal y la celebración de la Semana Santa, se recupera en la memoria colectiva un tema que goza de especial atractivo, sobre todo en la órbita cofrade: la suerte que corrió la imagen del Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, obra de Pedro de Mena y Medrano, tras los sucesos de mayo de 1931. Desde el mismo momento de su desaparición circuló la noticia de su posible salvación y de su ocultamiento en algún lugar nunca especificado. Uno de los argumentos más repetidos para apoyar esta tesis radica en el hecho de que nunca se encontraron los restos quemados de la popular imagen. Sólo, es conocido, se salvó una de sus piernas, gracias a la intervención del escultor imaginero antequerano Francisco Palma García.

Pero hay que resaltar que no fue el único caso. También, aunque es cierto que a menor escala, se especuló acerca de la potencial salvación de otras imágenes, a veces con la seguridad de que no era cierto. Las posibles razones por las que se difundían estas noticias se enmarcarían en la pretensión de que la cofradía, de la que era titular la imagen en cuestión, se mantuviera unida; en la aspiración de continuar con la conexión con su historia, cuyo eslabón principal era la escultura, o en destacar el hecho de que la imagen, y por ende lo que significaba, no había podido ser destruida.

Este escenario se exaltaría con la imagen del Cristo de Mena. Su calidad artística, la personalidad de su autor, la congregación que lo tenía como titular, y, también, su vinculación con La Legión, así como su carácter de verdadero símbolo de la Semana Santa de Málaga, entre otras razones, contribuirían a ello. Del mismo modo, en la novelística de la época se acentúa de manera especial todo lo referente a la imagen del Crucificado. En este sentido es de destacar lo reflejado por Salvador González Anaya en su conocida obra ‘Las vestiduras recamadas’.

Rumores

Los rumores sobre la salvación y pronta aparición de la talla del Crucificado alcanzaron tal relieve, sobre todo cuando de ellos se hicieron eco personas de relevancia, que en 1932, el presidente de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, Salvador González Anaya, aunque resaltaba su pesimismo, encomendó al académico Francisco Palma García que, «ante la persistencia de rumores sobre la existencia del Cristo de Mena», realizase las gestiones oportunas para averiguar lo que había de cierto. No faltó la publicación de artículos en la prensa, firmados por ciudadanos, reseñando la circunstancia de la salvación, y en sentido contrario. Sin embargo, los datos documentales que se han podido recabar avalan la tesis de la destrucción de la imagen.

En su día publiqué la noticia de que el gobernador civil de Málaga, Antonio Jaén Morente, tras llegar desde Madrid y antes de su actuación en el asilo de San Manuel, visitó la iglesia de San Carlos y Santo Domingo «emocionándose visiblemente ante la magnitud de la catástrofe y, sobre todo, al serle presentada la talla del Cristo de Mena, joya artística y de inapreciable valor que aparecía mutilada». Esta visita se realizó antes de que se volviese a atacar a la iglesia dominica y se destruyera la imagen, según los datos que el propio gobernador comunicó a Miguel Maura, ministro de la Gobernación, mediante telegrama remitido el mismo día 12 de mayo, en el que le informaba acerca de diversos pormenores sobre los hechos acaecidos en Málaga. Esta misma información fue corroborada en un acta de requerimiento notarial firmada por Francisco Villarejo y González, realizada a instancia de párroco del templo dominico, José Campaña Herrero.

También la Iglesia malacitana se hizo eco de la destrucción de la imagen. Y lo realizó de un modo oficial en la exposición que el vicario general del Obispado elevó tanto al presidente del Gobierno como al Nuncio de Su Santidad, informando sobre lo sucedido en Málaga. La propia Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, en el informe elaborado por el académico Bermúdez Gil, en el que se relacionaban la valoración y daños causados en la iglesia de Santo Domingo, concretaba que la imagen del Cristo de Mena, a la que calificaba como de valor incalculable (aun cuando más tarde la tasa en 1.100.000 pesetas), había sido destruida y que, de ella, sólo se había salvado una pierna.

Juan Temboury, en una carta firmada en 1935 y remitida al que fuera alcalde de Málaga durante los sucesos de mayo de 1931, Emilio Baeza, afirmaba que «en medio de la vía pública se organizaron hogueras a las que, con toda tranquilidad, se arrojaron los cuadros de Manrique y Niño de Guevara y esculturas tan maravillosas como el Cristo de Mena (…)».

La versión policial participaba en estos extremos tal y como se acreditaba en un documento, fechado el 15 de mayo de 1931, que el comisario jefe de la Policía de Málaga, Ricardo Gordián, remitió al juez instructor, teniente coronel Ángel Aguilera Gallo, que entendía sobre el sumario de diligencias previas abierto contra conocidas personas de ideología comunista de la Málaga de la época. En él, como di a conocer en mi libro ‘La quema de conventos en Málaga. Mayo de 1931’, al referirse a la intervención del concejal Andrés Rodríguez señalaba que: «Fue el que capitaneó los grupos que asaltaron, saquearon e incendiaron la Iglesia de Santo Domingo; y al decirle un individuo que aún no se ha podido averiguar quien sea, que respetaran y no quemaran la Imagen del Santo Cristo de Mena, contestó que allí se quemaba todo». Esta afirmación quedaría sin valor efectivo ya que a petición del juez instructor la causa fue finalmente sobreseída.

Incluso, la aportación realizada desde la familia Palma incide en el hecho de la destrucción. Y lo hace, especialmente, a través de una carta remitida por Francisco Palma Burgos a su hermano José María en la que le narraba ciertos detalles que le habían sido relatados por Julio Trenas, amigo de la familia, acerca de lo acaecido aquella aciaga noche. Según su informe, el imaginero Palma García, ayudado por uno de los jefes del servicio de Bomberos, apellidado Ramírez, «descolgó al Cristo, y le rompió los brazos (…), los unió al cuerpo, lo envolvió con el manto de la Virgen (…) y entre humos, crujidos y ruinas de hecatombe quedó en su tumba a esperar su nueva resurrección. Unos soldados que estaban en la puerta les prometieron no abandonar la iglesia. Más tarde una nueva orden y entraron y quemaron el Cristo. Aquí hay un lapso de tiempo que se prestó a dudas que alguien entrara y lo robara, pero desgraciadamente se quemó….».

Hallazgo

Y volvemos al principio. ¿Es que realmente la imagen del Cristo de Mena fue salvada y permanece oculta en algún lugar? Y, caso de su destrucción ¿cómo no fueron hallados los restos calcinados? ¿Se debió esta circunstancia al hecho de que la destrucción del templo fue de tal envergadura que los derrumbes hicieron inviable la localización? O, tal vez, no se difundió la noticia aunque sí habían sido localizados.

Hoy podemos aportar el hallazgo de un documento que avala que sí aparecieron los restos carbonizados de la imagen. Se trata de una carta manuscrita del erudito malagueño y académico Narciso Díaz de Escovar que envió a su amigo Miguel Ruiz Borrego, narrándole algunos de los hechos ocurridos en Málaga durante los días 11 y 12 de mayo de 1931. Miguel vivía en Madrid. La relación de amistad arranca desde el tiempo en el que fue profesor de la Escuela de Arte y Declamación, entidad que fue fundada por su tío José, junto con Arturo Reyes y el propio Díaz de Escovar.

A pesar de que la carta a la que hemos aludido no está fechada, hemos concretado que se realizó una semana después de los acontecimientos, el 18 de mayo. La pista la ofrece el propio autor al afirmar en una de sus frases que «ayer se abrieron las pocas iglesias que han quedado para decir misa», hecho que sucedió el domingo 17 de mayo.

El texto es el siguiente: «Querido Miguel: han pasado varios días y créeme que aún estoy como atontado recordando a todas horas las escenas horrorosas que presencié, el incendio de la Merced, el asalto de la Aurora y aquellos grupos de forajidos en la embriaguez del odio y de la destrucción. Como académico de Bellas Artes, soy uno de los designados de recoger entre lo que devuelven los restos de riqueza artística y no hay nada que valga la pena. Lo bueno está destruido o guardado. Se llevan los objetos al Parque de Segalerva y allí se ha llenado hasta el techo dos magníficos salones. Se calcula lo entregado en unos 80.000 objetos y aún siguen llevando o poniéndolos en portales y calles. Las iglesias incendiadas, o completamente saqueadas, son de 30 a 40 y los santos que se calculan quemados en unos 2.000. El daño pasa de muchos millones.

El Cristo de Mena que se creía salvado, pues lo escondieron entre paños unos hermanos en un almacén, se quemó luego. Han aparecido los carbones. Palma salvó una pierna y mi sobrino tiene un pié casi carbonizado, pero se ve el hueco del clavo y se conservan dos dedos. El San Juan de Dios de Santiago, la Dolorosa de los Mártires, la Virgen de San Pablo, el Señor de la Puente, la Exaltación… todo quemado. Hoy me han dicho que en la Trinidad quemaron todas las imágenes y por tanto habría perecido la magnífica Virgen de la Paz de Ortiz y el notable San Onofre, escultura del siglo XV.

Ayer se abrieron las pocas iglesias que han quedado para decir misa (el Sagrario, Capilla Castrense, Victoria, Hospital Noble y Capuchinas). No se cabía de gente, entre ellos muchos hombres. Los templos saqueados han sido tapiados pues todos están llenos de pedazos de retablos y de astillas, siendo fácil que pudieran de nuevo formar hogueras. Se dice que hoy será el juicio sumarísimo de los que incendiaron el Asilo del Niño Jesús. La cárcel está llena y se habla de enviar a Chafarinas a mucha gente. Entre los detenidos está el médico Bolívar y el concejal Rodríguez. Las tropas continúan en las calles en retenes y patrullas.

Los bomberos han sido héroes. Lo merecían todos y Málaga no sabe qué hacer con ellos. Han estado trabajando sin cesar desde el lunes al sábado. Es inútil pensar en procesiones. No han quedado ni imágenes, ni mantos, ni túnicas, ni tronos. ¿Ay de nuestro Señor de Viñeros, que antes de ser quemado lo tiraron del camarín al suelo! Al Cristo de Mena le daban bofetadas diciendo ¿ahora que vengan los legionarios a darle guardia! La Virgen de los Remedios y la Piedad ardieron. A la Virgen de Servitas la salvó la noche antes Ricardo Gross, ¿qué espectáculo nos esperaba para nuestra Virgen!».

Como hemos podido comprobar, según Narciso Díaz de Escovar, sí aparecieron los restos del Crucificado, lo que confirmaría plenamente su destrucción, mas, esta noticia nunca, hasta hoy, fue difundida. El pie de la sagrada imagen, al que don Narciso alude en su carta, estuvo en posesión de su sobrino, Joaquín Díaz Serrano, y desde hace unos años, tras haberlo sido donado por la familia, se halla en poder de la Congregación de Mena.

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