La Misa Tradicional es más que el Latín, es un Acto corporal de Adoración

“Se trata de algo mucho más que el latín. Muchos sacerdotes y laicos encuentran algo especial en la Forma Extraordinaria [Misa Tradicional en latín] bastante independiente de la lengua latina ‘per se’.

 

Por el P. Ignatius Harrison . Catholic Herald. 22 de diciembre de 2018.

 

“Las numerosas genuflexiones del celebrante le recuerdan a él mismo y a todos los participantes que la adoración es de lo que se trata esa hora. Esto queda más claro cuando se celebra la liturgia ‘ad orientem’, donde las genuflexiones son más evidentemente un acto corporal de adoración.”

 

Summorum Pontificum fue un desbloqueo muy necesario a un grotesco atolladero. Ahora deberíamos tener el valor de ir más allá.

 

El léxico calcedonio que intenta describir la unión hipostática[1] en Cristo puede no ser perfecto, pero su firmeza nos ayuda a resistir enfatizando excesivamente una naturaleza por encima, y en contra, de la otra. El carácter inefable de la constitución óntica[2] de nuestro Señor nos obliga a resistirnos a suavizar la rareza irreductible del Dios-Hombre. Esto es cierto cuando nos acercamos a Cristo tanto en Su Evangelio como en Su Eucaristía.

 

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Nuestro propio asombro ante las acciones teándricas[3] del Señor en los Evangelios no debe ocultar el hecho de que la misma Persona también durmió, tuvo hambre, amó, tuvo amigos particulares, tanto hombres como mujeres; que también lloró, lamentó, agonizó y sudó. A la inversa, sentimentalizar la historia de la Navidad corre el riesgo de oscurecer la trascendencia de Aquel ante quien los magos cayeron en adoración. Es saludable recordar que la unión hipostática también pertenece a la unidad psicológica del Mesías: El Bebé en el pesebre sabía que Él había hecho las estrellas. A pesar de que en su humanidad el Logos dormía, el Infante estaba gobernando simultáneamente toda la creación, los cuarks[4] y las galaxias. En el libro del Padre Faber, Belén, hay un capítulo perspicaz titulado El Dios infante. La elucidación del p. Faber de la comunicatio idiomatum es un antídoto útil para cualquier cosa que nos incline a alejarnos de la desconcertante rareza de las dos naturalezas de Cristo en una sola Persona divina.

Cuando nos acercamos al Redentor en Su Eucaristía, existe un peligro similar de reduccionismo. Dentro del cristianismo occidental, muchos afirman que, desde mediados de la década de 1960, la trascendencia del Dios-Hombre se ha domesticado excesivamente en el esfuerzo por evitar que la adoración eucarística esté demasiado alejada de la vida secular cotidiana. Algunos dicen que en la Forma Ordinaria del rito romano [Novus Ordo] hemos perdido contacto con el Misterio y nos conformamos con lo terrenal y lo banal. ¿Pero es realmente así de simple? Dios realmente se volvió humano y no nos atrevemos a alejarnos de ese hecho simple y realista. Por Su encarnación, la otra divina Persona se ha acercado y nos invita a abrazarlo, a estar a gusto con Él. Así que nuestra adoración debería expresar Su cercanía humana, Su inmediatez, Su inmersión en nuestro mundo cotidiano, Totus in nostris.

De sus dos naturalezas, la humanidad de Cristo es la más fácil de expresar litúrgicamente. Las oraciones y las escrituras en lengua vernácula lo hacen bien, pero a un costo. Algunos dicen que anteriormente era el latín el que proporcionaba un grado de respetuosa distancia en la liturgia, y así transmitía ese sentido edificante de lo sagrado que algunos encuentran ausente en la Forma Ordinaria [Novus Ordo]. Puede ser, pero se trata de algo mucho más que el latín. Muchos sacerdotes y laicos encuentran algo especial en la Forma Extraordinaria [Misa Tradicional en latín] bastante independiente de la lengua latina per se.

 

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La forma tradicional del canon romano es el corazón de la materia. Se reza en voz baja, un susurro apenas audible. Las numerosas genuflexiones del celebrante le recuerdan a él mismo y a todos los participantes que la adoración es de lo que se trata esa hora. Esto queda más claro cuando se celebra la liturgia ad orientem, donde las genuflexiones son más evidentemente un acto corporal de adoración. Cuando en su mayor parte, el celebrante se oculta detrás de un altar, la visión que se tiene de su genuflexión para adorar la Presencia Real se reduce a una forma algo pintoresca de un subir y bajar de una cabeza y hombros.

 

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La Eucaristía revela la humanidad encarnada del Señor, pero ésta también debe mediar las realidades trascendentales de Su muerte y resurrección. Para ese propósito, el elemento más esencial del Rito Antiguo son las repetidas veces de la señal de la cruz que el celebrante hace sobre la hostia después de la consagración. Las múltiples cruces antes de la consagración son una oración repetida por el derramamiento del Espíritu sobre los dones. Pero después de la consagración, las repetidas veces de la señal de la cruz no son bendiciones. Toda posible bendición ya fue dada en la consagración. Después de la consagración, las quince cruces realizadas sobre, y con, el Santísimo Sacramento, expresan y fortalecen nuestra fe en que el sacrificio del altar y el sacrificio del Calvario son uno y el mismo. Dios no necesita un recordatorio de esto, pero nosotros ciertamente lo necesitamos. Esas cruces repetidas después de la consagración son mucho más instructivas que la lengua latina al proclamar la muerte del Señor hasta que Él vuelva.

 

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En la Encarnación, la Divinidad Redentora se tradujo a Sí mismo a nuestro lenguaje vernáculo humano. Creo que sería congruente con esto, celebrar Su Eucaristía en la llamada Forma Extraordinaria [Misa Tradicional en latín], sin cambiar el rito, pero en la lengua vernácula. Summorum Pontificum Cura fue un desbloqueo muy necesario a un grotesco atolladero. Ahora deberíamos tener el valor de ir más allá. Lo que muchos de nosotros anhelamos es toda la riqueza del Rito Antiguo en su plenitud, pero en una lengua vernácula piadosa y accesible; no excluyendo el latín, sino como una opción. ¿Es eso mucho pedir?

 

El padre Ignatius Harrison es el rector del Oratorio de Birmingham.

 

Traducción de Dominus EstArtículo original]

*permitida su reproducción mencionando a dominusestblog.wordpress.com

 

 

REFERENCIAS:

[1] La unión hipostática es un término técnico que designa la unión de las dos naturalezas, divina y humana, que en la teología cristiana se atribuye a la persona de Jesús. De esta manera, Cristo es Dios en la carne (Juan 1, 1,14; Col 2, 9; Juan 8, 58; 10, 30-34; Heb 1, 8), y es plenamente Dios y plenamente hombre (Col 2:9). Así, tiene dos naturalezas, la de Dios y la humana, y no es “mitad Dios, mitad hombre”. Nunca perdió su divinidad, ni hubiese podido hacerlo.

Continuó existiendo como Dios cuando se encarnó y agregó la naturaleza humana a su eterna naturaleza divina (Fil 2, 5-11). Consecuentemente, en Jesucristo está la “unión, en una sola persona, de una plena naturaleza humana y una plena naturaleza divina”.

Jesús como Dios: es adorado (Mt 2, 2,11; 14, 33), se le ora (Hch 7, 59), no tuvo pecado (1Pedro 2, 22; Heb 4, 15), es omnisciente (Juan 21,17), da vida eterna (Juan 10, 28) y en él habita la plenitud de la Deidad (Col 2, 9).

Jesús como hombre: adoró al Padre (Juan 17), oró al Padre (Juan 17:1), fue tentado a pecar (Mt 4:1), creció en sabiduría (Lc 2, 52), pudo morir (Rom 5, 8) y tiene un cuerpo de carne y hueso (Lc 24, 39).

La unión hipostática es, según la teología cristiana, la unión entre el Verbo de Dios y una naturaleza humana en la única persona del Hijo de Dios. Esta es la base de la doctrina cristiana, en la Trinidad, el Dios único de la tradición judeocristiana, prosopon (persona), physis (naturaleza) en la unidad de una misma ousía (sustancia); el Verbo corresponde entonces a la segunda hipóstasis o persona, el Hijo.

 

[2] Óntico/a. adj. Fil. En el pensamiento de Heidegger, filósofo alemán del siglo XX, referente a los entes, a diferencia de ontológico, que se refiere al ser de los entes.

 

[3] Teándrico es una palabra que se emplea a veces para indicar lo que es a un tiempo humano y divino. Igualmente se ha llamado operación teándrica la que pertenece al hombre y a Dios.

Esta terminología envuelve con frecuencia el equívoco, por cuya razón no ha logrado fortuna en la ciencia contemporánea. En efecto, la confesión de las perfecciones del Ser absoluto y del hombre, ser finito y limitado, ha dado origen a numerosas confusiones teológicas y filosóficas.

 

[4] En física de partículas, los cuarks​ o quarks​ son los fermiones elementales masivos que interactúan fuertemente formando la materia nuclear y ciertos tipos de partículas llamadas hadrones. Junto con los leptones, son los constituyentes fundamentales de la materia bariónica. Varias especies de cuarks se combinan de manera específica para formar partículas subatómicas tales como protones y neutrones.

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