Consagrando las últimas dos horas de nuestra vida a la Santísima Virgen

Postrado a Vuestros pies, y humillado por mis pecados, con plena confianza acudo a Vos, ¡O María! Os ruego aceptar las peticiónes que mi corazón Os viene a presentar para los últimos momentos de mi vida. Madre querida, deseo pedir Vuestra protección y maternal amor a fin de que, al instante decisivo, hagáis todo cuanto Vuestro amor os sugiera en mi favor.
A Vos, O Madre de mi alma, consagro LAS DOS HORAS PASADAS de mi vida. Apresuraos a mi lado, y recibid mi último suspiro. Y cuando la muerte haya destrozado el hilo de mis días, presentad mi alma a Jesús, diciéndole:”YO LO AMO”. Esa única palabra Vuestra bastará para asegurarme la bendición de Dios y la dicha de contemplaros por toda la eternidad.
¡O Madre y Esperanza mía! En Vos confío. Y mi confianza no será en vano.
¡O María! ¡Rogad por Vuestro hijo y conducidle a Jesús!
Amén.
Abandonar a la Madre es un solo paso de abandonar al Hijo.

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