“ Lo habían reconocido al partir el pan ”

 Lo habían reconocido al partir el pan 

 

Desde el comienzo de la Eucaristía una urgente invitación —se formula en imperativo— llama a todos a dar paso a la alegría, a cantar himnos a la gloria de Dios, a tocar en honor de su nombre, a aclamarlo al unísono con toda la creación. La razón para todo esto hunde sus raíces en la verdad que es cimiento de la fe: que Cristo ha vencido a la muerte, en él y en todos los unidos a él.

Vibran hoy de manera especial las palabras que el libro de los Hechos de los Apóstoles pone en boca de san Pedro: el Señor murió realmente, «pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte. No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio». El corazón está alegre por haber descubierto el sendero de la vida, y advertir que la calzada permanece siempre abierta, porque ha sido franqueada mediante el precio de la sangre de Cristo. En él tenemos el apoyo de la fe y la esperanza.

En el camino de la vida el Maestro consumado acompaña siempre nuestros pasos. Es el único capaz de iluminar toda senda con palabras ardientes, sugerentes, que estimulan a una conversación nunca interrumpida, que incitan siempre en orden a descubrir el sentido de la existencia, a dar con el derrotero que conduce a saciar las más hondas aspiraciones de verdad y de bien.

Fray Vito T. Gómez García O.P.
Convento de Santo Tomás (Sevilla)

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