25/06/2022

ANIVERSARIO DE GABRIELLE BOSSIS

 

            Gabrielle Bossis nació en Le Fresne-sur-Loire, una pequeña comuna al norte de Francia, el 26 de Febrero de 1874. La mayor parte de su vida la pasó en esta región, si bien viajó por África y Canadá, siempre en busca de la mayor Gloria de Dios.

            Educada en una familia de profundas raíces cristianas, fue la menor de de cuatro hijos. Niña de mucha sensibilidad y timidez, lloraba fácilmente; le asustaban los juegos bruscos y evitaba las reuniones familiares. La gente le imponía un poco, por lo que acostumbraba rehuir las visitas. 


            Tuvo una niñera llamada Jenny que fue un buen refugio durante sus primeros años. Un temperamento así debía ser tratado suavemente, sin disciplina excesiva para evitar convertir a esta niña en una persona insegura de sí misma, débil o rebelde. Sus padres supieron educarla convenientemente.

            Estudió en el Colegio de las conocidas como «Damas Negras», Congregación de «Las Fieles Compañeras de Jesús». Entre estas Religiosas hubo especialmente una, Johanna Lhermitte, paralizada de las dos piernas, que ejerció una influencia muy benéfica sobre Gabrielle.

            En ese mismo colegio hizo su Primera Comunión, el 10 de Junio de 1886. Llegó a ser presidenta de la Congregación de los Santos Ángeles y, posteriormente, de la Congregación de la Santísima Virgen.

            Esa timidez innata de la niña se iría transformando con los años en una rigurosa discreción. Jamás hablaría de sí misma, razón por la cual hay muy pocas anécdotas de su vida. Si se conocen algunos dates, se debe a los «Diálogos». Nuestro Señor le iría recordando algunos sucesos de su infancia: «¿Te acuerdas cuando eras pequeña y me buscabas? Te escondías dentro de un tapiz enrollado que se encontraba en el cuarto detrás de la cocina de tu abuela. Si alguien preguntaba, ¿dónde está Gabrielle?, tú pensabas: estoy con el Buen Dios». Pronto aprendió a hacer labores de bordado, pintaba y esculpía. Obtuvo el Diploma de Enfermera y prestó servicios en la Misión de Camerún.

            Escribía comedias y poseía dotes extraordinarias de actriz. Su sentido para la escena era increíble, y sus movimientos muy graciosos. A la vez reservada y sorprendente, se transformaba bajo trajes cómicos o patéticos, según lo requerían los diferentes papeles que representaba.

            Llegó a ser una persona comunicativa a quien agradaban las reuniones sociales que antes le habían asustado tanto. Sabía apreciar la belleza de las cosas naturales; personalmente se ocupaba del arreglo de su jardín. Su casa estaba siempre abierta a familiares y amigos a quienes colmaba de atenciones.


El viaje de Gabrielle Bossis por Canadá: desde Québec hasta Vancouver

            Físicamente, aunque no se podría decir que fuera una belleza clásica, era atractiva, alta, de cabellera rubia dorada. Sumamente activa, su paso era flexible y seguro. Su principal encanto residía en su sonrisa.

            Entre los 20 y los 24 años, de acuerdo con la Biografía de la Sra. Bouchaud, Gabrielle pasó por grandes pruebas interiores: «Me creían ligera en mi juventud, pero fue entonces cuando experimenté las más profundas penas del alma». La influencia de un religioso franciscano que buscaba inclinarla a la vida religiosa —algo muy comprensible dada la riqueza espiritual de la joven— la hizo sufrir mucho, ya que ella no sentía esa inclinación. Fue también por esa época cuando cambió su actitud reservada de la infancia por una vivacidad y alegría inusitadas en ella. Parece como si esos años hubieran sido la preparación para su misión futura. Ella en una ocasión había escrito: «¿Qué son los Siervos de Dios sino especie de juglares que guían los corazones al Señor?».

            Fue el Padre Olive, su Director Espiritual y Párroco de Le Fresne, quien la lanzó a la acción. Un día le pidió que le escribiera una comedia para los jóvenes. Era el año de 1923; ella tendría cuarenta y nueve años cuando compuso y representó su primera obra: «El Encanto». Esta comedia recorrería varias otras Parroquias de la localidad. Muchas otras le seguirían, todas ellas de buen gusto y moral perfecta. Un público cada vez más numeroso acogía estas representaciones con entusiasmo creciente; tanto es así que Gabrielle fue invitada a representar a lugares tan distantes como el norte de África, Karacha, Túnez, Cartago, Argelia, Oasis de Golea, y también algunas ciudades de Italia, Canadá, etc. Todo ello en respuesta a lo que Dios le pedía.

            Se conocen sus recorridos, que fueron muchos y notables si tenemos en cuenta la época, sólo por la mención que hace Gabriela de los lugares en los que recibe «palabras interiores». Su experiencia espiritual proseguía durante todos estos años. El mundo no era un obstáculo. Ella escribiría sobre esa perfecta comunicación con Dios esencial al amor.


             En 1935 Gabrielle Bossis sería condecorada con la cruz «Pro Ecclesia et Pontifice» del Papa Pío XI, y que recibiría a través del Arzobispo de Tours, Monseñor Gaillard.

            Gabrielle comenzó a escribir sus «Diálogos» en Agosto de 1936, a bordo del barco «He de France» que la llevaba al Canadá, en obediencia al Señor. El 25 de Octubre del mismo año tomaría el hábito como Terciaria Franciscana en la Catedral de Notre-Dame de Montreal, con el nombre de «María del Corazón de Cristo».

            Sus éxitos como escritora y actriz fueron tan grandes que hubo un momento en el que pensó hacer también cine. Pero fue el mismo Jesús quien la detuvo diciéndole: «Te guardo para Mí». A pesar de eso, su humildad era muy grande: «Si un día hay algo de bueno en mí, Señor, haz que no lo sepa». Nada impediría la escucha de esa Voz Divina que le hablaba en lo más profundo de su alma pidiéndole que transcribiera sus palabras.

            Algo notable era su sonrisa y alegría. Un famoso director de la época que la vio actuar le preguntó que si su risa, que contagiaba a toda la concurrencia, era algo aprendido o natural. Gabrielle le respondió simplemente: «Señor, no tengo más que esta risa».


Cruz Pro Ecclesia et Pontifice


            En sus últimos años Gabrielle conoció la soledad por una especial solicitud que le hizo Cristo, como preparación para su muerte. Ya había experimentado algo similar en su infancia, pues perdió muy pronto a sus padres y a su hermana mayor. Cuando murió su fiel sirvienta María, Nuestro Señor le pidió que no la reemplazara por nadie. Esto no impediría que Gabrielle siguiera gozando de una alegría y una paz interior muy grandes. Sin embargo, nunca le faltaron sabios y prudentes Sacerdotes que la estimularan y dirigieran su vida espiritual, velando por ella desde su primera juventud hasta su muerte; esto lo anotaría en sus Cuadernos de 1948, recién muerto uno de ellos. En cierto lugar de sus «Diálogos» escribe las siguientes palabras que escuchó de Cristo Nuestro Señor: «Tú has estado siempre bajo Mi dirección».

            Desde 1939 su vida interior se va perfeccionando por las Horas Santas que Jesús le pide. Sus palabras propias son cada vez más escasas y son las de Jesús las que tienen toda la relevancia hasta su muerte.

            En el año de 1949 tiene que sujetarse a una operación quirúrgica. Un ganglio infectado en el pecho la obliga a entrar al hospital. Ella pensó entonces que muy bien podría estar próximo su fin, pero no fue así. Logró recuperarse y, según la opinión de los médicos, no perdió el buen humor y alegría que le eran propios. Parece que fue entonces cuando empezó a perder la vista, pero sin que disminuyera ese entusiasmo propio de un temperamento jovial como el suyo. Un año después volvió a enfermar de pleuresía que le impedía respirar. Esta asfixia llegó a quitársele. No obstante, sus palabras, pronunciadas en voz muy baja, fueron siempre reconfortantes para los amigos que de muchas partes venían a visitarla. Conservó su lucidez hasta los últimos momentos.

            En Abril de 1950, dos meses antes de morir, los médicos le comunicaron que no volvería a levantarse. Ella se pregunta: ¿Por qué entonces hay que esperar tanto?». Y, dado su temperamento alegre e impulsivo, responde en seguida: «Puesto que esta muerte está decidida, que se decida».

            La Voz de Jesús le había dicho: «Tú has organizado muchas fiestas, hazme el honor de creer que Yo sé organizar las Mías. Yo cortaré el más dulce de tus dulces suspiros».

            Pocos días antes de su muerte le envía al Padre Parvillez, jesuita, la pluma con la que había escrito «Él y yo», y le ofrece los cuadernos originales para que le fuera más fácil leerlos. Una pequeña recopilación de dichos cuadernos se publicó en vida de Gabrielle; los demás tomos que componen todas las notas sobre las «palabras interiores» se publicaron después de su muerte.

            El Padre Parvillez le había asegurado en una carta, que sus representaciones gustaban, no sólo al auditorio visible sino también al invisible de Dios y de los Ángeles. Y su Director, el Padre Olive, hizo de ella este comentario: «Alma grande, tan compleja y trascendente».

            En la noche que siguió a la Fiesta de Corpus Christi, del 8 al 9 de Junio del mismo año de 1950, vino la cuidadora a vigilar su estado hacia las cuatro de la mañana; estaba entera y todo parecía normal dentro de su gravedad. La cuidadora se retiró a descansar a otro cuarto y se adormeció. Cuando regresó al lecho de Gabriela, poco tiempo después, la encontró todavía tibia, pero inmóvil. Y fue así, en la Divina soledad de Él y ella como el Señor vino «a recoger el más dulce de sus suspiros». Gabriela, según su deseo, fue enterrada con el hábito de Terciaria Franciscana.



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a los escritos de Gabrielle Bossis
que hemos publicado en esta página


            Los escritos de la mística Gabrielle Bossis «Él y yo», 
cuentan con el imprimatur en 1957 de Monseñor Jacques Le Cordier, Obispo auxiliar de París; también del Obispo de Nantes, Monseñor Villepellet y además del entonces Obispo Auxiliar y Vicario General de la Arquidiócesis de México, Monseñor Francisco Orozco.



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