17/05/2022

China: la Pascua de Xi Jinping

El 7 de abril de 2022, las autoridades arrestaron a monseñor Shao Zhumin de Wenzhou (Zhejiang) y lo subieron a un avión. Los fieles están preocupados porque no saben dónde está su párroco, ya que la policía le confiscó el teléfono móvil.

Se sospecha que el gobierno quería impedirle celebrar la Semana Santa, especialmente la Misa Crismal. Poco antes, la policía también arrestó al secretario diocesano Jiang Sunian, quien luego fue liberado.

No es la primera vez que la policía arresta a monseñor Shao, llegando a desaparecerlo durante meses. A principios de noviembre, fue puesto en libertad tras permanecer detenido varios días. A menudo es sometido a lavados de cerebro para que se una a la Iglesia «oficial», controlada por el Partido Comunista Chino (PCCh).

La sombra de Beijing también se cierne sobre la diócesis de Xuanhua (Hebei). En enero, antes del Año Nuevo Lunar, las autoridades secuestraron a más de diez clérigos, incluido monseñor Augustin Cui Tai, bajo arresto domiciliario durante más de diez años, y a su asistente, Zhang Jianlin. Hasta el momento, no hay noticias de su liberación. 

La represión de la diócesis se debe a las tensiones en la región de Zhangjiakou, donde se llevaron a cabo varias competencias de los recientes Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing. Para el gobierno, que no quería ningún tipo de incidentes, la Iglesia Católica era un factor desestabilizador.

La diócesis de Xuanhua fue fundada por la Santa Sede en 1946, pero en 1980 el gobierno creó la diócesis «oficial» de Zhangjiakou, y se incorporaron a ella las diócesis de Xuanhua y Xiwanzi. Sin embargo, la diócesis de Zhangjiakou no está reconocida por la Santa Sede.

Además de la presión habitual para someter a los pastores a la autoridad de la Asociación «Católica» Patriótica, una expresión del Partido Comunista, el gobierno chino estaría buscando información sobre monseñor Zhao Kexun, fallecido en 2018 y hasta entonces obispo ordinario de Xuanhua.

Tras un allanamiento en 2007, el prelado vivió escondido en un lugar secreto para evitar problemas con las autoridades. Al parecer, la policía torturó a monseñor Cui y a algunos sacerdotes para obtener información sobre monseñor Zhao, incluido el lugar donde había sido enterrado. Para la diócesis de Xuanhua, esta situación es un desastre sin precedentes.

Muchos obispos y sacerdotes detenidos aún no han sido liberados. Los fieles no reciben atención pastoral. En Internet, hay informes que difaman y calumnian a la Iglesia clandestina.

Aunque se firmó un acuerdo provisional entre China y el Vaticano sobre el nombramiento de obispos -que se renovó en octubre de 2020-, la persecución a los representantes de la Iglesia, especialmente a los que no son oficiales, no ha cesado.

Como es costumbre en China todos los años, en vísperas de la Semana Santa, el régimen comunista, dirigido con puño de hierro por Xi Jinping, busca reforzar su control sobre la Iglesia «no oficial» –llamada «clandestina»–, reconocida por el Vaticano pero no por Beijing.

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