26/10/2021

El Papa concede la indulgencia plenaria a todos los fieles que den testimonio público en el Año de la Fe

DEL 11 DE OCTUBRE DEL 2012 AL 24 DE NOVIEMBRE DEL 2013

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Benedicto XVI ha dispuesto con motivo del Año de la Fe, que comenzará el 11 de octubre, la concesión de indulgencia plenaria para todos los fieles den testimonio público de la fe cristiana. «En este tiempo de profundos cambios a los que la humanidad está sometida, Benedicto XVI invita a todo el pueblo de Dios para que en este Año de la Fe se una al Sucesor de Pedro para dar testimonio de la fe ante los demás», afirma el comunicado.

(VIS) Benedicto XVI concederá a los fieles la indulgencia plenaria con motivo del Año de la Fe que será válida desde su apertura (11 de octubre de 2012 hasta su clausura, 24 de noviembre de 2013) , según informa el decreto hecho público hoy firmado por el cardenal Manuel Monteiro de Castro y por el obispo Krzysztof Nykiel, respectivamente Penitenciario Mayor y Regente de la Penitenciaría Apostólica.

“En el día del cincuenta aniversario de la solemne apertura del Concilio Vaticano II -dice el texto- el Sumo Pontífice Benedicto XVI ha establecido el inicio de un Año particularmente dedicado a la profesión de la fe verdadera y a su recta interpretación, con la lectura o, mejor, la piadosa meditación de las Actas del Concilio y de los artículos del Catecismo de la Iglesia Católica”.

“Ya que se trata, ante todo, de desarrollar en grado sumo -en cuanto sea posible en esta tierra- la santidad de vida y de obtener, por lo tanto, en el grado más alto la pureza del alma, será muy útil el gran don de las indulgencias que la Iglesia, en virtud del poder conferido de Cristo, ofrece a cuantos que, con las debidas disposiciones, cumplen las prescripciones especiales para conseguirlas”.

“Durante todo el arco del Año de la Fe -convocado del 11 de octubre de 2012 al 24 de noviembre de 2013- podrán conseguir la Indulgencia plenaria de la pena temporal por los propios pecados impartida por la misericordia de Dios, aplicable en sufragio de las almas de los fieles difuntos, todos los fieles verdaderamente arrepentidos, debidamente confesados, que hayan comulgado sacramentalmente y que recen según las intenciones del pontífice:

A) Cada vez que participen al menos en tres momentos de predicación durante las Sagradas Misiones, o al menos, en tres lecciones sobre las Actas del Concilio Vaticano II y sobre los artículos del Catecismo de la Iglesia en cualquier iglesia o lugar idóneo. 

B) Cada vez que visiten en peregrinación una basílica papal, una catacumba cristiana o un lugar sagrado designado por el Ordinario del lugar para el Año de la Fe (por ejemplo basílicas menores, santuarios marianos o de los apóstoles y patronos) y participen en una ceremonia sacra o, al menos, se recojan durante un tiempo en meditación y concluyan con el rezo del Padre nuestro, la Profesión de fe en cualquier forma legítima, las invocaciones a la Virgen María y, según el caso, a los santos apóstoles o patronos.

C) Cada vez que en los días determinados por el Ordinario del lugar para el Año de la Fe, participen en cualquier lugar sagrado en una solemne celebración eucarística o en la liturgia de las horas, añadiendo la Profesión de fe en cualquier forma legítima. 

D) Un día, elegido libremente, durante el Año de la Fe, para visitar el baptisterio o cualquier otro lugar donde recibieron el sacramento del Bautismo, si renuevan las promesas bautismales de cualquier forma legítima. 

Los obispos diocesanos o eparquiales y los que están equiparados a ellos por derecho, en los días oportunos o con ocasión de las celebraciones principales, podrán impartir la Bendición Papal con la Indulgencia plenaria a los fieles.

El documento concluye recordando que los fieles que “por enfermedad o justa causa” no puedan salir de casa o del lugar donde se encuentren, podrán obtener la indulgencia plenaria, si “unidos con el espíritu y el pensamiento a los fieles presentes, particularmente cuando las palabras del Sumo Pontífice o de los obispos diocesanos se transmitan por radio o televisión, recen, allí donde se encuentren, el Padre nuestro, la Profesión de fe en cualquier forma legítima y otras oraciones conformes a la finalidad del Año de la Fe ofreciendo sus sufrimientos o los problemas de su vida”.

Benedicto XVI ha dispuesto con motivo del Año de la Fe, que comenzará el 11 de octubre hasta el 24 de noviembre de 2013, la concesión de indulgencia plenaria para todos los fieles que en esos meses den testimonio público de la fe cristiana en la vida diaria, informó hoy el Vaticano.
«En este tiempo de profundos cambios a los que la humanidad está sometida, Benedicto XVI invita a todo el pueblo de Dios para que en este Año de la Fe se una al Sucesor de Pedro (él) para dar testimonio de la fe ante los demás en la vida diaria», precisó el Vaticano.
La indulgencia, según el decreto firmado por el cardenal Manuel Monteiro de Castro, penitenciario mayor de la Iglesia romana, será aplicada en las condiciones que establece la Iglesia, es decir, si el fiel se ha confesado, ha tomado la comunión y ha rezado según las intenciones del sumo pontífice.
Los fieles conseguirán la indulgencia durante todo el año cada vez que, entre otras, participen en las lecturas de textos sagrados en las iglesias, cada vez que peregrinen a una basílica, catacumba cristiana, catedral, basílicas menores o santuarios marianos y participen en alguna función sagrada o mediten y al final recen el Padrenuestro.
También si un día de ese Año de la Fe el fiel visita el baptisterio u otro lugar en el que recibió el bautismo y renueva las promesas bautismales según la fórmula legítima.
Los fieles que no puedan participar en celebraciones como las anteriores, debido a que están enfermos, encarcelados, son ancianos, etc, podrán lograr la indulgencia plenaria en las mismas condiciones «si se unen espiritualmente a los actos en los que las palabras del pontífice o de los obispos son transmitidas por televisión o radio, recen el Padrenuestro y hagan la profesión de Fe».
La indulgencia es la reducción o eliminación de las penas que derivan de haber cometido un pecado y que puede ser obtenida en determinadas condiciones siempre que se esté en estado de gracia, según precisa el «Enchiridion Indulgentiarum», manual de las indulgencias.
Las indulgencias aparecen por primera vez en 1091. Permitía conmutar la penitencia por obras públicas, como la construcción de iglesias.
Los papas Alejandro II y Urbano II la ofrecieron a todos aquellos que participaban en las cruzadas y Bonifacio VIII, el papa que convocó el primer jubileo en 1300, las relacionó con este año santo.
Contra la degeneración comercial de las indulgencias en la Iglesia Católica se levantó Lutero. Era 1517 y de allí partió la reforma luterana, el protestantismo.
La Penitenciaría de la Curia Romana precisó tras la revisión de la «Enchiridion Indulgentiarum», en 1999, que el propósito de la indulgencia no es sólo ayudar a los fieles a descontar las penas del pecado, sino impulsarles a realizar acciones de piedad, de penitencia y de caridad.
Para obtener una indulgencia todos los pecados tienen que estar confesados, se tiene que haber hecho la comunión y rezado «y sobre todo tener el corazón libre, ya que si hay pecado, aunque sea venial, no puede haber indulgencia plenaria», según el manual.
El manual también prevé la concesión de indulgencias parciales a quienes al cumplir con su deber y soportar las adversidades de la vida se dirigen con humildad a Dios, aunque sea con una simple plegaria.
También a quienes con fe y misericordia ponen sus bienes y ellos mismos al servicio de los necesitados y a quien con espíritu de penitencia se priva espontáneamente y con sacrificio de alguna cosa lícita.
Ante la mala fama de las indulgencias, debido a errores del pasado, el Vaticano ha insistido en que se debe superar la «imagen comercial» a la que aún siguen ligadas, porque son gratis.

La indulgencia es la reducción o eliminación de las penas temporales que derivan de haber cometido un pecado y que puede ser obtenida en determinadas condiciones siempre que se esté en estado de gracia, según precisa el «Enchiridion Indulgentiarum».

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