04/04/2025

EL PUNTO Y COMA.

Hace unos días leíamos este mismo Evangelio en la Misa de diario y yo lo relacioné entre la vida del mundo y nuestra sociedad actual, que cuanto más se aleja de Dios acaba criando cerdos, pero no voy a repetirme.

El otro día escuchaba en un grupo de oración una reflexión sobre el Evangelio del domingo pasado. Tengo que reconocer que no me gustó. Presentaba una vida tan superfantástica y un Dios tan guay que simplemente me tenía que dejar amar con mis pecados, disfrutar de la vida y con decir mil veces que Dios es tan maravilloso no pedía ningún esfuerzo de conversión. Si Dios quiere que cambie ya me cambiará, si no la humildad es acetarme con mis pecados…, pero no hacer nada por erradicarlos.

(El hijo pródigo) Se levantó y vino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.

Con la parábola del hijo pródigo tenemos el peligro de que ya nos la sabemos, la hemos rezado algunas veces y ya tenemos dos o tres ideas de ella que nos gustan…, y ahora la leemos más rápidamente. Pero la Palabra de Dios hay que leerla siempre como si fuera nueva, poniendo todos los sentidos y pidiendo luces al Espíritu Santo.

Hoy, domingo Laetare, domingo de la alegría, quiero fijarme solamente en una cosa de este texto, que además no se lee. El primer punto y coma del texto que os he copiado un poco antes.

Antes del punto y coma está el hijo que desea volver no ya como hijo sino como jornalero, que hacían más ruido sus tripas que su vergüenza. Pero ese camino que nosotros recorremos en un punto y coma sería duro. Se había marchado a un país lejano, el camino sería largo. Muchas veces le faltarían las fuerzas y pensaría que no sería capaz de llegar. Otras veces pensaría en enfrentarse con su padre, al que le había dicho que para él había muerto, y su hermano que no era el tipo con mejor carácter del mundo. Pasaría noches frías y hasta echaría de menos el calorcito de dormir cerca de los cerdos (al olorcillo uno se acostumbra, pero el frío). Se haría imaginaciones que tal vez tuviera suerte la próxima vez en la ruleta podía hacerse millonario y que aquella chica a la que pagó sus servicios parecía que sinceramente le quería. Mil tentaciones de darse la vuelta, pero en un punto y coma las resumimos nosotros y las vence el pobre hijo.

Y después de nuestro querido punto y coma está el Padre, que mira a lo lejos, no nos deja hacer solos todo el camino, y que se le conmueven las entrañas. Un Dios que se conmueve con sus hijos. Que sabe lo duro que es vivir fuera de su casa, de la Iglesia, y lo duro que es el camino de vuelta. Los esfuerzos por nuestra conversión son superados ampliamente por las entrañas compasivas de un Padre que nos quiere mucho más que nosotros a nosotros mismos.

Nuestra Esperanza tiene un nombre, Jesucristo. El Papa Benedicto XVI dice en la encíclica Spe Salvi que la esperanza cristiana es transformativa, es decir, ella misma transforma nuestra vida. No creemos en la posibilidad, sino que tenemos la certeza de que, si volvemos a Dios Padre, y la cruz nos abre el camino, se conmoverá y nos llenará de besos.  ¿No vale la pena por duro que sea el camino? Al final se resume en un punto y coma. Pues si estamos criando cerdos, aunque sean cerdos tailandeses, de esos enanitos, déjalos y corre a la casa de tu padre, vuelve a la Iglesia.

La Virgen María pone la mesa para todos, con su intercesión por nosotros nos espera a todos a comer en la casa de su Padre, y como cocina la madre no cocina nadie. Vamos a casa.

¿Y el hermano mayor? Este año le dejamos trabajando. Mañana todo lo veré más claro, que me operan de cataratas.