23/05/2022

En Roma, el acuerdo China-Vaticano siembra dudas

Fue un especialista del mundo chino y corresponsal para Asia del medio español ABC quien fue invitado oficialmente como ponente para describir la situación de los católicos en China en la perspectiva de una posible renovación del acuerdo Sino-Vaticano, firmado en octubre de 2018 y que finaliza en unos meses.

Pablo Diez disipó inmediatamente cualquier ilusión entre su audiencia: «a pesar de la apertura económica y social de los últimos cuarenta años en China, el Estado controla todo lo que pueda abrir una brecha en el poder absoluto que ejerce el Partido Comunista, especialmente la religión, que es lo suficientemente fuerte como para movilizar a las masas y derrocar gobiernos», explicó.

E insistió: «la clave del entendimiento se encuentra en la propensión del régimen a controlarlo todo».

En China, los católicos están sujetos a «formas sutiles de persecución religiosa», precisó el orador. Por ejemplo, «cuando las parejas optan por un matrimonio religioso, la ceremonia suele fijarse muy temprano, a veces incluso antes del amanecer»: y las autoridades cierran los ojos, a riesgo de desanimar a más de un bautizado.

Por no hablar del miedo a las numerosas cámaras de seguridad que rodean las iglesias: «En una iglesia de Shanghái, vi una docena de cámaras apuntando con su lente a la puerta. El objetivo no es solo registrar a quienes se atreven a entrar, sino disuadir a cualquiera que quiera hacerlo», declaró el corresponsal de ABC, para quien «China parece haber retrocedido varias décadas, con el pretexto del sistema puesto en marcha para combatir la pandemia del coronavirus».

En estas condiciones, Pablo Diez no dudó en lanzar una pregunta que sigue siendo difícil de escuchar en Roma: ¿el acuerdo entre Beijing y la Santa Sede realmente ha contribuido a mejorar la situación de los veintinueve millones de cristianos en China?

Para ceñirnos únicamente a los hechos, el acuerdo, cuyos detalles no han sido revelados hasta ahora, prevé esencialmente que los obispos sean designados por el Vaticano con el acuerdo de China, para resolver el cisma: sin embargo, «de las más de treinta diócesis actualmente vacantes en el país, solo seis plazas han sido ocupadas, y la persecución religiosa no ha cesado», señaló el periodista.

El acuerdo tampoco puso fin a la política del derribamiento de cruces: «En la primavera de 2020, en medio de la pandemia y cuando muchos buscaban un consuelo espiritual en esos tiempos inciertos, más de quinientas cruces fueron retiradas en la provincia oriental de Anhui», recordó Pablo Diez.

En definitiva, el acercamiento entre Beijing y la Santa Sede ha entrado en una fase decisiva, porque «ambas partes tendrán que decidir, antes del 22 de octubre, si renuevan el acuerdo, lo que indicará el estado de sus relaciones bilaterales».

El ponente concluye preguntándose: «¿hasta qué punto podemos confiar en una dictadura, la más poderosa del mundo gracias a su dinamismo económico, que comete tantos abusos contra la libertad religiosa de sus ciudadanos?»

El hecho de que un simposio patrocinado por la Santa Sede critique el acuerdo de 2018, ¿es una señal de una próxima reevaluación de las relaciones entre China y el microestado, o de una negociación al más alto nivel?

Es difícil de decir, pero, en cualquier caso, ¿quién podría predecir el futuro del acuerdo China-Vaticano? Porque si los caminos del Señor son impenetrables, los de los Hijos del Cielo -título alguna vez utilizado por los emperadores de China- están muy cerca de la contradicción…

El duro invierno que atraviesan los católicos de China pocas veces es noticia en el Vaticano. Tampoco el coloquio organizado por la Orden de los Trinitarios en Roma los días 25 y 26 de abril de 2022, con la aprobación y bendición del soberano pontífice, figuró en los titulares.

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