26/05/2022

Florida responde a los ataques de Disney contra su ley de género

Ron DeSantis, el gobernador republicano de Florida, advirtió a Disney que no tolerará sus amenazas, luego de la aprobación de una ley que impide el adoctrinamiento LGBT en los primeros grados de la escuela, hasta las edades de 8 a 9 años.

El pasado junio, DeSantis ya se había pronunciado abiertamente sobre las empresas que hacen política a favor de ciertas ideologías: «Si estás en una de estas empresas, si eres un CEO ‘woke’ y quieres involucrarte en nuestros asuntos legislativos, es un país libre. Pero entiende que, si haces esto, pelearé contigo. Y me aseguraré de que la gente entienda tus prácticas comerciales, y todo lo que no me gusta de las cosas que haces».

El director ejecutivo de la empresa, Bob Chapek, bajo la presión de sus empleados, declaró que la ley «nunca debería haberse aprobado» y dijo que el objetivo de la empresa es lograr que el cuerpo legislativo la «revoque o la anule en los tribunales». Al mismo tiempo, se disculpó con sus empleados por haber permanecido en silencio y optar por hacer campaña contra la ley «entre bastidores».

Un régimen muy especial

Disney se beneficia en Florida, donde la empresa fundó su parque más antiguo, de privilegios de cuasi extraterritorialidad. El Reedy Creek District alberga seis parques temáticos, 18 hoteles con 24, 000 habitaciones y numerosos complejos deportivos, todos propiedad y operados por el gigante del entretenimiento.

Sin embargo, desde 1967, fecha de la primera fundación, Disney disfruta de una exención que la convierte en una empresa casi independiente del Estado en este territorio de más de 100 km2. Este estatus especial le ha ahorrado a la compañía cientos de millones de dólares en impuestos.

Una ley impugnada por el lobby LGBT y la Casa Blanca

El gobernador Ron DeSantis firmó una ley, el lunes 28 de marzo de 2022, que prohíbe la enseñanza de materias relacionadas con la orientación sexual o la identidad de género en la escuela primaria a partir del 1 de julio. La comunidad LGBT se sintió herida.

«Vamos a asegurarnos de que los padres puedan enviar a sus hijos a la escuela para que aprendan, no para que los adoctrinen», declaró el gobernador antes de firmar. Varias empresas, incluida Disney, se pronunciaron públicamente contra la ley.

«No voy a permitir que una empresa ‘woke’ con sede en California dirija nuestro estado», respondió Ron DeSantis. «Disney creyó que gobernaba el estado de Florida. Incluso trató de atacarme para hacer avanzar su agenda política ‘woke’, agregó.

Un impacto limitado… a corto plazo

La principal ventaja del estatus especial mencionado anteriormente es reglamentaria: por lo tanto, la empresa no se verá afectada en el corto plazo. Sobre todo, porque la ley entrará en vigor hasta el 1 de julio. Así que todavía es posible una negociación, y el statu quo posiblemente podría mantenerse.

Con la condición, exigió el gobernador, que Disney renuncie a influir en el programa educativo del Estado donde paga cada año alrededor de 780 millones de dólares en impuestos y emplea a más de 70,000 personas. Bob Chapek tenía razón cuando señaló que la empresa se arriesgaba mucho al tomar una posición contraria a este texto.

La moral elástica de Disney

En un artículo publicado en Le Figaro el 22 de abril de 2022, se señala con precisión la forma tan utilitaria de Disney de hacer las cosas. En efecto, «Disney enfatiza cada vez más los valores neoprogresistas en sus producciones para los países occidentales. Que desaparecen por arte de magia en los mercados chino o árabe, particularmente conservadores en el campo de la moral».

Así es como Karey Burke, presidenta de la filial televisiva 20th Century Fox -propiedad de Disney desde su adquisición en 2019- dijo que quería que «el 50% de los personajes de futuras películas fueran gays o de comunidades LGBTQIA».

Este proyecto se formuló durante un panel de video Reimagine Tomorrow, una plataforma lanzada en 2020 con el objetivo de «amplificar las voces subrepresentadas y las historias desconocidas». Detrás de este título, una causa noble: reafirmar «el compromiso de larga data de Disney en favor de la diversidad, la equidad y la inclusión».

El asunto de Florida ciertamente no es ajeno a tal posición. Pero manifiesta, según Le Figaro, «una renovación, por no decir un desequilibrio, nacido en estas «grandes empresas occidentales que participan, junto al poder público y la sociedad civil, en el vasto ejercicio de la definición del bien común. […] Interfieren, a menudo a petición de los consumidores, en el corazón mismo del juego democrático» (Anne de Guigné, Le Capitalisme woke)».

Lo que significa que «públicamente, y con la mayor frecuencia posible, Disney se compromete a afirmar su apoyo a las ideologías del «bien»: este famoso triunvirato de equidad, diversidad e inclusión esgrimido como un pararrayos para evitar la ira de lo que algunos estigmatizan como la corrección política desviada, y otros valores esenciales del progreso».

Un revisionismo mercantil

Sin embargo, señala Le Figaro, las elecciones en cuestión revelan una hipocresía total. Porque hay una región donde no se acepta el nuevo lema «Equidad, Diversidad, Inclusión»: China. El segundo mercado del cine mundial es demasiado apetecible para Disney, que está dispuesta a ceder en este caso.

Por ejemplo, un actor de raza negra, británico-nigeriano, fue exhibido de manera destacada en otros lugares, «pero de forma significativamente reducida en los carteles de la versión china». Y un personaje tibetano fue sustituido por una actriz británica. La explicación la da Stephen R. Soukoup, en The Dictatorship of Woke Capitalism:

«Si se admite que el Tíbet existe, se corre el riesgo de hacer enojar a mil millones de personas», explicó un guionista. Y también se corre el riesgo de que el gobierno chino te diga: ‘No vamos a transmitir tu película, ya que has decidido ser político…'» Es impensable ofender a Beijing, cuando se acaba de abrir en Shanghái un gigantesco parque de diversiones de Disney.

Le Figaro resume la situación con precisión: «La sed de equidad, diversidad e inclusión de Disney tiene, por tanto, un límite: el crecimiento de su facturación y el aumento de los dividendos para sus accionistas -entre los que se encuentran algunos de los mayores fondos de inversión del mundo como BlackRock o Vanguard Group.

«La empresa con las orejas de Mickey es capaz de oponerse frontalmente a las leyes aprobadas por representantes elegidos democráticamente en Estados Unidos y de amenazar con brutales sanciones económicas a los estados conservadores (Georgia, Carolina del Norte) donde se promulgan, pero guarda silencio sobre la persecución de los uigures en Xinjiang, la provincia donde se filmó gran parte de la nueva versión de Mulán, estrenada en 2020».

La conclusión de este artículo es tajante: «Este funambulismo -caballero blanco de los oprimidos, por un lado, cómplice del régimen de Beijing, por el otro- ha dado sus frutos: desde 2005, fecha de la llegada de Robert Iger como director general, las acciones de Disney han subido constantemente». 

Disney, la multinacional estadounidense de entretenimiento, acaba de aprender a sus expensas -y la palabra está perfectamente elegida en este caso- que no se debe enfrentar al gobernador de un estado y amenazarlo, porque este último se mantuvo firme en sus convicciones políticas.

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