17/05/2022

Francia: El Informe Sauvé o el abuso de los abusos (3)

El primer artículo se centró en la cifra presentada por la CIASE, a fin de analizarla. Parece inverosímil, en particular porque el informe asigna un número de víctimas por abusador que es muy poco creíble. 

El segundo artículo examinó las razones explicativas aportadas por la Comisión, y señaló su flagrante deficiencia, así como la incompetencia de los miembros para emitir ciertos juicios que propusieron sin vacilación. Luego presentó las causas ya señaladas por Benedicto XVI.

Las recomendaciones de la Comisión Sauvé

El Análisis del informe de la CIASE, propuesto por ocho miembros de la Academia Católica de Francia, contiene una observación muy interesante sobre el vocabulario utilizado.

En efecto, el texto señala que «la terminología de la Comisión oscila entre ‘preconizaciones’ (9 ocurrencias), ‘propuestas’ (5 ocurrencias) y ‘recomendaciones’ (39 ocurrencias). Una fina cronología muestra la transición de ‘recomendaciones’ (principios de 2020) a ‘preconizaciones’ (septiembre de 2021). El diccionario define el verbo ‘preconizar’ como ‘recomendar enérgicamente y con insistencia algo (a alguien)'».

Una forma de ‘exigir’ a la Iglesia católica los cambios que se consideran necesarios. Esto es lo que el Sr. Sauvé declaró el 5 de octubre en Le Figaro: «Este informe sería un fracaso si no se implementara lo esencial de nuestras 45 recomendaciones».

Estas 45 recomendaciones se entrelazan con consejos para el tratamiento de los casos de abuso, pasados ​​y futuros, de las cuales, como dice Jean-Marie Guénois en Le Figaro, «más de un tercio ya se han implementado desde la década de los años 2000 en la Iglesia mundial y francesa, otro gran tercio ya está en acción en la mayoría de las diócesis, especialmente desde 2015».

A esto se suman propuestas que tocan directamente el dogma y que conviene subrayar, para demostrar que la Comisión ha superado con creces la línea roja de su misión.

La recomendación n°4 propone «evaluar, para la Iglesia en Francia, las perspectivas abiertas por todas las reflexiones del Sínodo sobre la Amazonía, en particular la petición de que ‘ad experimentum, […] sean ordenados sacerdotes los hombres casados'».

Como se señala en el Análisis, la Comisión cita el Instrumentum laboris del Sínodo, que es solo un documento preparatorio sin valor oficial, a diferencia de la Exhortación Postsinodal (Querida Amazonia) que no abordó este punto. Además, se trata de una mala interpretación, ya que no es en absoluto en esta perspectiva que se hace la propuesta, sino con la esperanza de hacer frente a la falta de vocaciones.

Cabe señalar entonces que este punto concierne a la Iglesia universal, como recordó el cardenal Marc Ouellet a los obispos alemanes. Este último les envió un análisis sobre su borrador de los estatutos sinodales en el que señalaba que los temas a tratar, en particular el «estilo de vida sacerdotal», «no concierne solo a la Iglesia en Alemania, sino a la Iglesia universal, y que estos temas -con muy pocas excepciones- no pueden ser objeto de resoluciones y decisiones de una Iglesia particular».

Además, el texto asume que el estado marital sería más seguro contra los abusos, y lo pone en un nivel superior a la virginidad consagrada. La Iglesia, desde San Pablo en la primera Epístola a los Corintios, 7, 38, enseña lo contrario.

Finalmente, la proposición es absurda. En el informe se explica que la gran mayoría de los abusos -en general- se cometen dentro del círculo familiar. ¿Queremos añadir este factor de riesgo en los sacerdotes?

Por eso esta recomendación es impía, contraria a la Sagrada Escritura y a la Tradición de la Iglesia sobre la virginidad, y finalmente absurda.

La recomendación n°8 encubre un ataque contra el secreto de confesión: «Comunicar un mensaje claro, emitido directamente por las autoridades de la Iglesia, diciendo a los confesores y fieles que el secreto de confesión no puede sustraerse a la obligación prevista por la ley y el código penal [francés] -lo que, a juicio de la Comisión, es compatible con la obligación del derecho natural divino de proteger la vida y la dignidad de la persona-, de denunciar a las autoridades judiciales y administrativas todos los casos de violencia sexual infligidos a un menor o persona vulnerable».

En otras palabras, una Comisión que no tiene ninguna competencia en esta materia, opone el derecho divino positivo, predicado por Jesucristo, y el derecho civil, despreciando a los mártires de la confesión que murieron por haber callado lo que les había sido confiado en este sacramento.

Además, los análisis que siguieron al incidente provocado por unas palabras de monseñor Eric de Moulins-Beaufort, mostraron que esta obligación es inexistente. La propuesta es claramente, y por decir lo menos, impía.

La recomendación n°11 ataca la práctica de la moralidad en la Iglesia: «Examinar [tamizar] detenidamente cómo la paradójica obsesión de la moralidad católica en cuestiones de sexualidad podría ser contraproducente en la lucha contra el abuso sexual».

El vocabulario -otra observación más del Análisis- es particularmente nítido, ya que el término utilizado, «tamizar», significa «someter algo a una selección implacable o a una crítica despiadada». 

Esta fijación malsana de la Iglesia en asuntos sexuales existe solo en las mentes de los hombres depravados. A lo largo de su extensa historia, la Iglesia ha exaltado la castidad en todas sus formas: perfecta por el voto de virginidad, conyugal entre los esposos. Es, además, una especificidad que le es propia. Es más bien la proposición la que revela una fijación. Es errónea. 

La recomendación n° 23 (y n° 24), proporciona una incómoda explicación del aspecto sistémico: «Reconocer, para todo el período analizado por la Comisión, más allá de la responsabilidad penal y civil por la falta cometida por los perpetradores y, según los casos, por los funcionarios de la Iglesia, la responsabilidad civil y social de la Iglesia independientemente de cualquier culpa individual de sus funcionarios».

Es decir, es responsabilidad de Cristo mismo, en cierto modo, como Cabeza del Cuerpo Místico. Es el desacato a una regla bien conocida: «abusus non tollit usus» o «el abuso no suprime el uso». No porque algunas personas hayan abusado -y terriblemente- de su función, esta es mala y genera los abusos observados.

Siguiendo este criterio, deberíamos simplemente reconocer que las familias por sí solas son generadoras de abusos, y ¿quizás se podría pedir su abolición? Mientras que la gran mayoría de las familias no experimentan ningún maltrato en su seno. Del mismo modo, el 97% de los sacerdotes han vivido su sacerdocio en pureza y honor.

El 5 de octubre de 2021, la Comisión Independiente sobre los Abusos Sexuales en la Iglesia (CIASE), presidida por Jean-Marc Sauvé, hizo público el informe que le fue encargado por la Conferencia Episcopal de Francia (CEF) y por la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Francia (COREFF).

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