17/05/2022

Juicio en el Vaticano: el cardenal Becciu se defiende con uñas y dientes

«¡Incluso en Angola, donde fui nuncio durante siete años y medio, me dijeron que el canal de televisión nacional había dedicado una semana a transmitir reportajes sobre mí!» El tono se estableció rápidamente desde el inicio de la decimocuarta audiencia del juicio, en la sala polivalente de los Museos Vaticanos.

Los periodistas se encontraban presentes, el 5 de mayo de 2022, para la segunda parte del interrogatorio al cardenal Angelo Maria Becciu, el principal acusado en lo que la prensa describe como el «juicio del siglo».

El porporato destituido comenzó tomando la palabra, y continuó hablando durante más de dos horas, para hacer oír su verdad, a lo largo de una declaración preliminar de cincuenta páginas…

Había mucha expectación en torno al alto prelado por la naturaleza de sus relaciones con Cecilia Marogna, una «consultora de seguridad» que recibía sumas considerables de la Secretaría de Estado, para -según ella- realizar actividades secretas de inteligencia, hasta una reciente decisión del Papa Francisco. Sumas de las que buena parte se habría desviado para fines personales, según el promotor de justicia.

Monseñor Becciu estaba feliz de poder decirlo todo: «Doy gracias al Santo Padre por haber levantado el secreto pontificio, permitiéndome hablar libremente y defenderme con total transparencia».

Como buen estratega, el acusado sabe que la mejor defensa es el ataque: «Debo expresar con fuerza mi indignación por la forma en que esta relación ha sido distorsionada por insinuaciones hirientes, de la más vil naturaleza -además de perjudiciales- para mi dignidad sacerdotal», declaró el cardenal

Y añadió: «esta manera de proceder también delata la falta de consideración hacia las mujeres en general, y me hace preguntarme si un hombre hubiera recibido ese mismo trato».

El prelado sardo confirmó que contrató a Cecilia Marogna «impresionado por su comprensión de la geopolítica y por la estima que le tenían dos altos funcionarios del servicio secreto italiano, los generales Luciano Carta y Gianni Caravelli».

Si la joven fue contratada, fue para facilitar la liberación de una religiosa colombiana, la Hermana Gloria Cecilia Narváez, secuestrada en Malí por la organización Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

«Cada paso de su liberación fue acordado con el Santo Padre», incluido el pago de un millón de euros, agregó el cardenal: «el Santo Padre me invitó a asumir la responsabilidad directa de la iniciativa, especificando «que el asunto debía permanecer confidencial entre él y yo. (…) No tuve dificultad en servir al Santo Padre, cumpliendo fiel y escrupulosamente su voluntad».

Esto confirma oficialmente que el Vaticano estuvo dispuesto a pagar un rescate a cambio de la liberación de un rehén. Aunque se sabe que los países que dicen no negociar jamás, pagan rescates discretamente.

Por su parte, la fiscalía no parece convencida, pues afirma tener constancia de una transferencia de 575,000 euros a las cuentas eslovenas de Cecilia Marogna, y de importantes recibos de gastos a nombre de esta última con marcas de lujo: Prada y Vuitton, entre otras.

Respecto a la inversión londinense, el exsustituto intentó lanzar la pelota, pero esta vez al campo de sus antiguos subordinados, explicando que siempre ha tenido «la más completa confianza» en sus colaboradores a los que consideraba «más expertos que él», en todos estos asuntos financieros.

Sobre las sumas pagadas a través de él a Ozieri, su diócesis de origen, para enriquecer a miembros de su familia, el cardenal depuesto respondió que «sus funciones no le permitían hacer eso»; y añadió con indignación: «¿por qué estas falsas acusaciones hechas al Santo Padre? ¿Cómo podría explotarse la persona del Santo Padre creando un escándalo de una gravedad sin precedentes en la Iglesia?»

Sobre la transferencia de fondos del Vaticano a Australia -1.4 millones de euros que se habrían utilizado para lograr la condena del cardenal George Pell, su enemigo jurado en la Curia-, monseñor Becciu desmintió la acusación de un solo golpe: «desde hace más de un año, he estado expuesto a una insoportable venganza pública, por la vergonzosa acusación de financiar falsos testimonios contra un colega, el cardenal Pell, y peor aún, con dinero de la Secretaría de Estado», protestó. 

Si bien admitió que, efectivamente, se abonó la suma en cuestión, fue únicamente «por el pago del dominio de Internet ‘catholic’, operación realizada con la embajada de Australia ante la Santa Sede, cuya prueba está en el informe 2112/21/RS del 18 de febrero de 2021», precisó el imputado.

La audiencia finalizó alrededor de las 16:45 horas, después de una breve interrupción debido a una acalorada batalla entre el cardenal sardo y Alessandro Diddi, el magistrado que dirige la acusación. La próxima audiencia se fijó para el 18 de mayo y continuará el interrogatorio del cardenal.

Al igual que sus coacusados, el cardenal Becciu está contribuyendo, como un sistema de defensa, a proyectar la sombra del Papa sobre el juicio: «Soy de la vieja escuela, esa donde se aprende In odiosis non feci nomen pontifici, es decir, que tratamos de preservar la autoridad moral del Papa evitando involucrarlo demasiado en las cosas terrenales, eso no quiere decir que no lo mantengamos informado, sino que ‘queremos protegerlo'».

Sin duda, todos en la sala del tribunal escucharon la salva disparada en dirección a Santa Marta…

El Caso Marogna, la inversión sospechosa en Londres, el soborno en Australia, la generosidad en Cerdeña: el exsustituto de la Secretaría de Estado disparó a diestra y siniestra para exonerarse de los cargos que se le imputan, durante la decimocuarta audiencia del juicio que se desarrolla actualmente en el Vaticano.

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