20/05/2022

La entrevista del Papa Francisco en el “Corriere della Sera”

A diferencia de las naciones occidentales vinculadas a la OTAN y a la UE, la Santa Sede no se ha adherido a la política de guerra a toda costa contra Rusia y el armamento de Ucrania. Una posición tan equilibrada no puede darse por sentada, ni expresarse en términos tan claros como los utilizados por el Pontífice en esta ocasión.

La preocupación por el equilibrio

En un tono fingido de duda, Francisco incluso se pregunta si «la cólera de Putin» puede no haber sido «provocada», sino al menos «facilitada» por «los ladridos de la OTAN a las puertas de Rusia». Una presentación de los hechos que, si bien condena claramente la invasión, no divide al mundo en «buenos y malos», y destaca las responsabilidades de la política estadounidense. Pocos líderes en Occidente han hablado en términos tan claros.

El Papa también se ha pronunciado en contra del envío de armas a Ucrania, temiendo con razón que solo sirva para provocar una escalada militar. Aun esta posición deja al Pontífice aparentemente fuera del concierto políticamente correcto, que ha pasado en muy poco tiempo del desarme a la sobreoferta de armamentos y al aumento de los gastos militares.

Para estos mismos políticos, expresar dudas sobre la utilidad de enviar armas a Ucrania equivale a ser visto como cómplice de Rusia.

La intención declarada de no ir a Kiev sino a Moscú, de hablar con Putin en lugar del presidente ucraniano, también parece ir contra la corriente. Aunque probablemente inalcanzable, tal objetivo tiene un valor político considerable, en un momento en que la propaganda occidental solo busca deslegitimar al gobierno ruso, en lugar de verlo como un interlocutor con quien negociar el fin de las hostilidades.

La entrevista con Cirilo

También es muy interesante cuando el Papa habló sobre su conversación con el cismático obispo ruso Cirilo, quien hace unas semanas justificó la guerra como una «cruzada» contra el pervertido Occidente.

En primer lugar, es necesario recordar que no se puede elegir entre el Occidente corrompido y la supuesta moral rusa, certificada por un grupo de obispos ilegítimos que rechazan a Roma y al catolicismo.

El Papa obviamente no culpa a Cirilo por su cisma, dada la nueva eclesiología posconciliar que considera a la secta «ortodoxa» una «Iglesia hermana», según la doctrina errónea de Lumen Gentium y Dominus Iesus.

Es interesante, sin embargo, el hecho de haberle recordado a Cirilo que un hombre de la Iglesia no debe ser un «empleado estatal», ni siquiera el «monaguillo» de Putin, sino que es necesario razonar sobre la base del Evangelio y de manera independiente.

Serían palabras dignas del concepto de la libertad de la Iglesia, que siempre ha sido fundamental para los Romanos Pontífices y que siempre ha sido humillado por el cesaropapismo bizantino y ruso, si no provinieran de un Pontífice modernista. Porque, el modernismo tuerce no solo la política eclesial según los requerimientos del poder de turno, sino también la doctrina eclesiástica misma.

En efecto, de la propaganda del mundo posrevolucionario, la «Iglesia conciliar» extrajo sus nuevas doctrinas sobre la libertad religiosa, el ecumenismo, la colegialidad; sobre la política ecológica, que sacó a relucir el panteísmo que subyace en las doctrinas modernistas; sobre las políticas migratorias; sobre la igualdad de todos los bautizados, que niega la diferencia entre clérigos y laicos; sobre la moral conyugal destrozada por Amoris laetitia; sobre la ilegalidad de la pena de muerte; sobre otras mil cuestiones, y potencialmente sobre todas ellas.

Como clérigos de estado, los obispos de muchos países han actuado durante la pandemia anticipándose y obedeciendo en silencio todos los deseos de los gobiernos, incluso en los casos en que habrían tenido toda la autonomía necesaria para enfrentar el problema.

Bartolomé de Constantinopla es un clérigo de estos -del Departamento de Estado norteamericano-, gran amigo del Papa, cuyas acciones en Ucrania ciertamente no han facilitado la distensión entre ambos países, y para quien Francisco no tiene la menor palabra de reproche.

El Papa Francisco hace lo mismo que le reprocha a Cirilo

Finalmente, el mismo Papa Francisco concluye su entrevista con las declaraciones de un «clérigo de Estado», sintiéndose obligado a elogiar a figuras políticas italianas que nada tienen que ver con el cristianismo.

El primer ministro Draghi, un gran empresario internacional puesto al frente del gobierno italiano por la Unión Europea, es definido por el Papa como una «persona sencilla y directa», con quien las relaciones son excelentes; incluso el expresidente de Italia, Giorgio Napolitano, exmiembro del Partido Comunista y hombre de izquierda, así como el actual presidente Mattarella, son definidos por el Papa como dignos de admiración.

Todo esto podría pasar como una cortesía institucional -probablemente inapropiada- si no fuera por el escandaloso elogio que hizo a Emma Bonino, exministra italiana y exmiembro de la Comisión Europea, del Partido Radical, y principal impulsora en Italia de la ley sobre el aborto y de todas las leyes más infames contra la moral natural.

También es conocida en los medios porque en la década de 1970 se jactaba de haber procurado ella misma muchos abortos para «ayudar a las mujeres».

Repitiendo las mismas declaraciones que ya había hecho hace algunos años, el Pontífice -afirmando, solamente una vez, que no compartía sus ideas- expresó su mayor admiración por esta mujer, en particular por su «conocimiento de África». ¿Qué ejemplo de libertad de expresión hacia los gobernantes puede dar el Papa a Cirilo?

Francisco concluyó la entrevista anunciando su deseo de renovar la Iglesia italiana a través de nuevos obispos que no tengan una «mentalidad preconciliar disfrazada» bajo la doctrina conciliar, y elogiando al difunto cardenal Martini.

Pero deja a los lectores con una duda: ¿cómo conciliar la aparente independencia de opinión sobre la guerra con ese acoplamiento modernista a las necesidades del mundo tal como las interpretan el Concilio y el posconcilio?

El Papa Francisco concedió al editor del Corriere della Sera, el diario más conocido de Italia, una interesante entrevista sobre la cuestión ruso-ucraniana, que destaca el punto de vista de la Santa Sede. La intervención del Pontífice presenta un equilibrio geopolítico, aunque algunas declaraciones parecen carecer de coherencia y de una visión más elevada.

A %d blogueros les gusta esto: