21/05/2022

La visita apostólica del Papa Francisco a Malta, 2-3 de abril de 2022

La capital, La Valeta, está en la isla de Malta. El Papa visitó La Valeta, Rabat, Floriana, así como la isla de Gozo y Hal Far. A su llegada al aeropuerto de Malta, utilizó un ascensor para descender del avión. En la pista del aeropuerto mostró dificultad para caminar.

¡No permitamos que se apague el sueño de vivir juntos!

Ante las autoridades y el cuerpo diplomático, el Papa Francisco pronunció su primer discurso en el Palacio del Gran Maestre, en La Valeta. En este país donde abunda la corrupción, el soberano pontífice exhortó a «fortalecer los cimientos de la vida común, basada en el derecho y la ley». (…) La honestidad, la justicia, el sentido del deber y la transparencia son los pilares esenciales de una sociedad civilmente avanzada», que permiten «erradicar el bandidaje y la criminalidad».

Francisco también llamó a preservar la tierra de Malta «de la codicia insaciable, el apetito por el dinero y la especulación inmobiliaria que comprometen no solo los paisajes, sino también el futuro». Hizo un llamado a liderar la lucha por la «protección ambiental» y la «justicia social», que, según él, son «excelentes maneras de entusiasmar a los jóvenes con la buena política y alejarlos de la tentación del desinterés y la desconexión».

Volviendo una vez más al «fenómeno migratorio que marca nuestro tiempo», el Papa aclaró «que este último lleva consigo las deudas de las injusticias pasadas, la explotación, el cambio climático y los conflictos aventureros». En respuesta, «el Mediterráneo necesita de la corresponsabilidad europea, para que vuelva a ser el escenario de la solidaridad y no la primera línea de un trágico naufragio de la civilización», declaró Francisco.

Sin embargo, en su naufragio, San Pablo «fue un hombre que necesitaba ser acogido», y tampoco hoy «el miedo y el ‘tema de la invasión’ deben prevalecer en aquellos que cruzan el Mediterráneo en busca de la salvación. (…) No es un virus del que hay que defenderse sino una persona a la que hay que acoger», instó el Santo Padre, «no dejemos que la indiferencia apague el sueño de vivir juntos», prosiguió.

En la tarde del sábado 2 de abril, el Papa Francisco viajó a la isla de Gozo para rezar en el santuario de Ta’ Pinu. Existía en este lugar una pequeña capilla que albergaba un cuadro de la Virgen donde, el 22 de junio de 1883, una joven viuda, Carmela Grima, escuchó una voz que le pedía que rezara tres Ave Marías, una por cada día que Jesús permaneció en el sepulcro. Desde entonces, Ta’ Pinu se convirtió en un lugar de peregrinación, y se erigió allí una nueva iglesia.

Hacer «sínodo», «caminar juntos»

Durante la vigilia de oración, organizada ante 3,000 fieles, Francisco denunció el declive de la fe en este país donde el catolicismo es la religión del Estado. «La crisis de fe, la apatía de la práctica religiosa, especialmente en la pospandemia, y la indiferencia de tantos jóvenes ante la presencia de Dios, no son temas que debamos ‘atenuar’ pensando que, al fin y al cabo, aún persiste cierto espíritu religioso.

«A veces, en efecto, el andamiaje puede ser religioso, pero detrás de esa vestidura, la fe envejece. El elegante vestuario de los ornamentos religiosos no siempre corresponde a una fe viva animada por el dinamismo de la evangelización. Se debe cuidar que las prácticas religiosas no se reduzcan a la repetición de un repertorio del pasado, sino que expresen una fe viva, abierta, que contagie la alegría del Evangelio, porque la alegría de la Iglesia es evangelizar».

Dirigiéndose a la Iglesia de Malta, evangelizada por el apóstol Pablo, el Papa Francisco apeló al Sínodo y a su proceso de renovación: «Ser una Iglesia que pone el testimonio en el centro y no una tradición religiosa; una Iglesia que sale al encuentro de todos con la lámpara encendida del Evangelio, y que no construye un círculo cerrado.

«No tengan miedo de emprender, como ya lo hacen, caminos nuevos, incluso arriesgados, de evangelización y de anuncio que toquen la vida, porque la alegría de la Iglesia es evangelizar». Luego instó a los malteses a practicar la hospitalidad. «Las últimas palabras de Jesús en la Cruz, las que dirigió a su Madre y a Juan, nos exhortan a hacer de la acogida el estilo perenne de la vida del discípulo», subrayó.

«Hermanos y hermanas, hagan ‘sínodo’, es decir, ‘caminen juntos’. ¡Porque Dios está presente allí donde reina el amor! (…) Este es el Evangelio que estamos llamados a vivir: acoger, ser expertos en humanidad, encender fuegos de ternura». – Como de costumbre, la religión musulmana de la mayoría de los inmigrantes «que deben ser acogidos», importa muy poco a Francisco.

La hipocresía y el vicio de señalar con el dedo pueden introducirse en la religiosidad

El domingo 3 de abril, el Santo Padre fue a rezar a Rabat en la cueva donde se refugió el apóstol San Pablo tras su naufragio en la isla. En su oración, imploró a Dios que nos ayude a reconocer desde lejos las necesidades de quienes luchan en medio de las olas del mar.

El soberano pontífice acudió entonces a Floriana, a las puertas de La Valeta, para celebrar allí una misa ante 20,000 fieles entre filipinos, indios y jubilados; 200 sacerdotes estuvieron presentes.

En su homilía, denunció a los acusadores de la mujer adúltera: «Estas personas nos muestran que el gusano de la hipocresía y el vicio de ‘señalar con el dedo’ pueden introducirse en la religiosidad misma, en todo momento, en toda comunidad. El riesgo de malinterpretar a Jesús existe siempre; tener su nombre en los labios pero negarlo en los hechos. E incluso podemos hacerlo elevando los estandartes de la cruz».

Condenó también a aquellos «cuya apariencia exterior es perfecta pero que carecen de ‘la verdad del corazón’. Son el retrato de aquellos creyentes que, en todo momento, hacen de la fe una fachada, manifiestan una exterioridad solemne, pero carecen de pobreza interior, el tesoro más preciado del hombre».

El Papa Francisco pidió a los fieles malteses no olvidar que Dios «siempre deja abierta una posibilidad y siempre sabe encontrar caminos de liberación y salvación. (…) No hay pecado ni fracaso que, llevado a Él, no pueda convertirse en oportunidad para comenzar una vida nueva, diferente, bajo el signo de la misericordia. No hay pecado que no pueda tomar este camino. Dios perdona todo. Todo», insistió. 

La humanidad, el camino de la fraternidad y la amistad social

El Papa visitó finalmente un centro para inmigrantes, última etapa de su viaje a Malta. Evocando una cita de los Hechos de los Apóstoles sobre la acogida de los malteses a San Pablo y sus compañeros náufragos: «Nos trataron con una bondad extraordinaria» (Hch 28, 2), Francisco quiso «compartir un sueño». (…) Ustedes, migrantes, después de experimentar una acogida abundante en humanidad y fraternidad, deben convertirse personalmente en testigos y animadores de acogida y de fraternidad».

Es muy importante, agregó, «que en el mundo de hoy los migrantes se conviertan en testigos de los valores humanos indispensables para una vida digna y fraterna». Y concluyó diciendo: «¡Este es el camino! El camino de la fraternidad y la amistad social. Este es el futuro de la familia humana en un mundo globalizado».

El 10 de febrero, Matteo Bruni, director de la Oficina de Prensa del Vaticano, anunció: «Aceptando la invitación del presidente de la república de Malta, las autoridades y la Iglesia católica del país, el Papa Francisco realizará un viaje apostólico a Malta el 2 y 3 de abril de 2022». Este país de 316 km2 es un archipiélago de ocho islas, cuatro de las cuales están habitadas, y donde el 85% de la población es católica.

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