27/05/2022

Monseñor Bätzing ya no responderá a las críticas contra el Camino Sinodal

El presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania, monseñor Georg Bätzing, está cansado de todas estas reprobaciones. Respondió a monseñor Aquila rechazando las condenas proferidas contra el Camino Sinodal y advirtiendo que no respondería a más cartas abiertas en el futuro.

El arzobispo de Limburgo enfatizó que el Camino Sinodal tiene como objetivo abordar las «causas sistémicas de los abusos y su encubrimiento, que han causado un sufrimiento indecible a tantas personas en la Iglesia y por la Iglesia».

En su crítica, monseñor Aquila calificó el Camino Sinodal como una «traición al Evangelio». Además, explicó que la iniciativa cuestiona el patrimonio de la fe incluso rechazándolo en algunos casos, haciendo referencia a los debates sobre la moral sexual católica.

Sobre el tema de los abusos, el arzobispo de Denver escribió: «¿Por qué debe cambiar la enseñanza católica sobre cuestiones fundamentales de la doctrina y de la vida moral solo porque los obispos alemanes no lograron enseñar con eficacia y liderar con honestidad?»

La respuesta a monseñor Aquila

En su respuesta, el presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania afirma: «En base a las discusiones en curso con las personas afectadas y los estudios científicos sobre los casos de abuso de niños y jóvenes por parte de miembros del clero en nuestro país, hemos tenido que aceptar dolorosamente que son los factores sistémicos multidimensionales en la Iglesia católica los que favorecen los abusos». Descubrirlos y superarlos es el punto de partida del Camino Sinodal.

Por el contrario, el argumento de Aquila de que los obispos cometieron errores en la gestión de los abusos y que ahora quieren, en lugar de responsabilizarse por ello, cuestionar fundamentalmente la enseñanza de la Iglesia, es «en mi humilde opinión, terriblemente unilineal y, lamentablemente, no hace justicia, ni mucho menos, a la compleja realidad de las estructuras que favorecen el abuso en la Iglesia católica».

Monseñor Bätzing anunció que ya no responderá a más cartas abiertas. «Si lo hice la primera vez, fue por respeto a ti y a mis compañeros. Pero también sabes que es costumbre dejar las cartas abiertas sin respuesta».

También afirmó que, entre los signatarios de la primera carta, había gente «que no estaba informada del verdadero proceso de discusión del Camino Sinodal», reprochó al arzobispo de Denver.

«E incluso después de un tiempo, no tenían conocimiento de que yo había respondido en detalle ni la forma en que lo había hecho. Esto demuestra que no hicieron pública mi respuesta de la misma manera que su propia carta». Si bien Aquila tenía derecho a hacer esto, hace que su movimiento sea «algo dudoso», concluyó.

Sea como fuere, no es necesario ser obispo para darse cuenta de la deriva del Camino Sinodal. Y también es evidente que Roma sabe muy bien lo que está pasando allí. Finalmente, es cierto que, si Roma no interviene –y por Roma, hay que entender el Papa–, el daño infligido a la Iglesia de Alemania corre el riesgo de hacer que la Reforma parezca solo un juego de niños. 

Recientemente, se han dado a conocer nuevas críticas contra el proceso emprendido por la Iglesia de Alemania, el Camino Sinodal. El 5 de mayo, el Tagespost publicó la crítica de monseñor Czeslaw Kozon, presidente de la Conferencia Episcopal de Escandinavia. Y el 3 de mayo, monseñor Samuel Aquila, arzobispo de Denver, envió la suya a monseñor Bätzing.

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