23/10/2021

NECESIDAD DE ORAR POR ESPAÑA -CARD. CAÑIZARES-

De nuevo, escribo sobre la responsabilidad de los católicos españoles ante la actual situación de España. Y subrayo, de nuevo, el gran compromiso de la oración por ella, como una contribución necesaria, urgente y que no podemos olvidar ni dejar los creyentes, particularmente los católicos. Necesitamos orar para superar la crisis económica, tras la que se oculta una honda y larga quiebra de humanidad, y así recuperar y renovar la verdadera humanidad, que sólo en Dios encuentra su fundamento, su verdad y su posibilidad. Es la mejor y más asequible arma con que los cristianos llevamos a cabo el «combate» de la vida y afrontamos los grandes o pequeños retos y desafíos que ésta nos separa. A Dios no le son ajenos nuestros sufrimientos y problemas; nada humano le es ajeno; no pasa de largo ni mira a otra parte ante los problemas y males que nos aquejan y que tanto dolor y preocupación están produciendo. 
Estamos tan necesitados, que necesitamos pedir muchas cosas. Necesitamos pedir la ayuda del Cielo, con prioridad y urgencia, por las gentes de España para que no sucumban a la cultura de la increencia, ni al ambiente de secularización imperante, ni a una forma de vida y mentalidad envolvente como si Dios no existiera. Que España sepa recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida y pensada, que se hace cultura; que España sea capaz de recobrar la lucidez evangélica iluminada por un profundo amor al hermano y a la Patria como comunidad de hermanos con un proyecto común; para sacar de ahí fuerza renovada que nos haga a los que aquí habitamos creadores de diálogo verdadero, promotores de justicia, de justicia social y bien común, alentadores de cultura, de una nueva civilización del amor, y de elevación humana y moral de nuestro pueblo. España tiene una gran necesidad, perentoria necesidad, de implorar la fuerza, el auxilio y la sabiduría de lo Alto para ayudar a que los hombres crean. Esto es lo que está en juego en nuestro tiempo y entre nosotros, y es lo más importante. Hay que orar sin desfallecer y suplicar insistentemente, desde lo profundo, de todo corazón, que se fortalezca la fe y el testimonio de todos los fieles cristianos en España, que crean los que están alejados o viven con una fe debilitada o sin ella: no da lo mismo creer que no creer para el futuro, el logro del hombre y de la Humanidad, para un nuevo futuro de nuestra sociedad, de nuestra Nación. No tengan la menor duda, las cosas serían de otra manera si esa fe nos hubiese guiado: al orar aprendemos a pensar y actuar al modo de Dios, como vemos en su Hijo, Jesucristo, que ha amado y ama al hombre hasta el extremo, que no se reserva nada para sí, que ha mostrado la grandeza del hombre y la sublimidad de su vocación, y que ha vivido haciendo realidad que nada se puede anteponer al hombre, precisamente, porque Dios que es Amor está por encima de todo y lo ama sin medida.
Necesitamos pedir por la Iglesia para que viva en todos sus miembros enteramente de la fe, como el justo, y sea valiente en el anuncio y testimonio del Evangelio; que no se calle y ofrezca a todos la Buena Nueva, la luz, el horizonte, los criterios para actuar, para aprender el arte de vivir en situaciones incluso adversas. Pedir por nuestros Pastores, Obispos y sacerdotes, para que, siendo pastores conforme al corazón de Dios, Dios les conceda luz, sabiduría, fortaleza y santidad para conducir y ayudar a los fieles cristianos a seguir las sendas del Evangelio y a ir delante de ellos en la y urgente obra de una nueva evangelización. Pedir, para que permaneciendo firmes y vigorosos en la unidad de la misma y única fe de la Iglesia y robustecidos por el amor mutuo, sobre todo, de los pobres y los que sufren, se nos quiten los complejos y miedos de aparecer como cristianos; que nos conceda la fortaleza y la valentía, para salir del anonimato, romper el silencio o el ocultamiento de la Luz que debe ser puesta en lo alto para alumbrar a todos; que nos conceda a todos el valor para manifestar lo que somos, cristianos con una vida nueva, evangélica y probablemente contracorriente, para que se note lo que somos, católicos, Iglesia, y que, sin temor salgamos y vayamos de una vez por todas a donde están los hombres a evangelizar, dar testimonio de la verdad que nos hace libres, y hacer presente, en obras y palabras, el Evangelio de Jesucristo, que es fuerza de salvación para todo el que cree, fuente y raíz de toda esperanza y de humanización y liberación verdadera. No podemos olvidar en esta oración por España a nuestros gobernantes, a quienes gestionan el bien común para que no busquen otra cosa que ese bien común y lo promuevan en toda su plenitud posible. Siempre ha estado esta oración en la Iglesia, el Nuevo testamento nos da buen testimonio de ello. Que Dios ilumine y dé sabiduría y discernimiento. Generosidad y altura de miras, a los legisladores, a los jueces, a los empresarios, a los trabajadores, a los partidos, a los sindicatos y a las organizaciones empresariales. En definitiva, para que manteniéndonos en la verdad que las constituye asentada en el matrimonio único e indisoluble del hombre y de la mujer, sigan siendo el fundamento de la sociedad y la base misma del hombre. España necesita orar por ella, sin desfallecer. Es nuestro deber y nuestro servicio mejor.
Columna en LA RAZÓN, 11 de septiembre de 2012
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