23/01/2022

Religiosa relata al Papa la expulsión que sufrieron cuando Turquía invadió Chipre

, 02 Dic. 21 (ACI Prensa).-
Dos religiosas ofrecieron su testimonio al Papa Francisco durante el encuentro de este jueves 2 de diciembre con sacerdotes, religiosos, catequistas y movimientos eclesiales en la Catedral maronita Nuestra Señora de las Gracias, en el que se relató la expulsión que sufrieron cuando Turquía invadió la isla en 1974. 

Sor Antonia Piripitsi, franciscana misionera del Sagrado Corazón, dio la bienvenida al Papa Francisco a la isla “de San Bernabé y San Pablo y de tantos otros santos que contribuyeron a la evangelización del pueblo de Chipre”. 

Sor Antonia Piripitsi aseguró que uno de los puntos principales de acción de la Iglesia católica en Chipre es la educación de niños en necesidad, que se lleva a cabo todavía hoy a través de las tres escuelas católicas “que son un medio eficaz para testimoniar el amor de Dios e inculcar los valores humanos, cristianos y religiosos”.

La religiosa explicó que las escuelas católicas de la isla de Chipre actualmente activas son el Terra Santa College, en Nicosia, que fue fundado en 1646, y que pertenece a los frailes franciscanos menores; la Escuela Santa María en Limassol, que en el año 2023 celebrará su centenario, y que pertenece a las Franciscanas misioneras del Sagrado Corazón; además de la Escuela elementaria de San Marone en Anthoupoli, a la que acuden principalmente alumnos cristianos maronitas. 

“Tanto el Terra Santa College como la Escuela Santa María están abiertas a jóvenes de todas las etnias, mentalidad, cultura y religión”, aseguró la religiosa. 

Por eso destacó que las escuelas católicas son “lugares de encuentro verdaderamente ecuménicos, sin ninguna discriminación, donde se construyen puentes, los alumnos aprenden a respetar a los otros en su diversidad, a amar, a ayudarse a dialogar, a colaborar juntos para construir un futuro mejor, un futuro donde todos pueden vivir como hermanos y hermanas, sin distinción de raza, cultura, religión o lengua”. 

Además recordó que hasta 1974 había otras tres escuelas católicas más en la isla “que lamentablemente nos vimos obligadas a abandonar después de la invasión de las fuerzas turcas [que tuvo lugar en 1974]”. 

“Algunas de las hermanas más ancianas cuentan con dolor cómo tuvieron que huir sin demora para salvar la piel. Pensaban que estarían fuera sólo una noche y volverían al día siguiente, pero esa noche dura desde hace 47 años”, destacó. 

Por eso subrayó que “el año 1974 es una página dramática en la plurisecular convivencia pacífica entre la población greco-chipriota cristiana y la turco-chipriota musulmana. La división de Chipre ha cambiado radicalmente no solo en el aspecto político y social de la isla, sino también en nuestra misión en la zona ocupada del norte”. 

Y destacó que a pesar de “las distintas dificultades y peligros, las hermanas ayudadas por sacerdotes maronitas, no han dejado de estar presentes, pobres entre los pobres, para sostener espiritual y moralmente, y hacer que las campanas de algunas iglesia sigan sonando”. 

Sor Antonia también explicó que comienza a notarse el envejecimiento de las religiosas presentes en la isla, así como la falta de familias católicas que después de la división de la isla se dispersaron. 

“Al igual que en muchos países de Europa, también en Chipre, la crisis demográfica y la laicización de la vida cotidiana hace a nuestros jóvenes poco disponibles al servicio de la Iglesia”. 

La religiosa aseguró que se trata de “un reto importante” que afrontan “desde la oración y el testimonio” y con el deseo de transmitir “la belleza de seguir al Señor Jesús de cerca”. 

La hermana Perpetua Nyein Nyein Loo, de la congregación de San José de la Aparición ofreció el segundo testimonio durante el encuentro con el Papa, en el que destacó el trabajo que las cuatro congregaciones religiosas femeninas realizan en la isla especialmente en la defensa de los derechos humanos básicos de los inmigrantes. 

“Con demasiada frecuencia, tales injusticias dan lugar a una salud mental o física deficiente, que obstaculiza la capacidad de las personas para lograr sus sueños de un futuro mejor y más próspero para sí mismas y sus niños”, afirmó la religiosa.

Por eso aseguró que su trabajo se centra en “restaurar la dignidad humana proporcionando refugio y comida, legalizando situaciones de los trabajadores y ayudándoles a encontrar empleo potencial y ayuda financiera”.

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