25/06/2022

Sínodo sobre la Sinodalidad: un desastre anunciado en vías de realización

En la asamblea se presentó la síntesis final de los documentos reunidos durante la fase diocesana. Desde la apertura del Sínodo, el 10 de octubre de 2021, hasta su clausura en España, el 11 de junio de 2022, estuvieron involucradas todas las diócesis españolas, congregaciones religiosas, institutos de vida laica y contemplativa, movimientos apostólicos y muchas otras instituciones apostólicas.

En España, 14,000 grupos sinodales participaron en este camino común, en el que estuvieron involucradas más de 215,000 personas, principalmente laicos, pero también consagrados, religiosos, sacerdotes y obispos.

Participaron las 70 diócesis, con 13,500 grupos parroquiales, numerosas congregaciones religiosas y 11 CONFER regionales, 215 monasterios de clausura, 20 Caritas diocesanas, 37 movimientos y asociaciones laicas, 21 institutos seculares. El documento dice:

«El llamado del Papa Francisco a participar en el Sínodo fue aceptado con entusiasmo y esperanza, y se comprendió que la finalidad de esta fase diocesana no era responder a un cuestionario sino comenzar a incorporar la sinodalidad como parte fundamental del ser de la Iglesia y el ‘estilo sinodal’ que de ello se deriva como modo adecuado de proceder de la Iglesia».

El documento hace una interesante observación sobre la liturgia

«Hemos constatado que la liturgia se vive de manera fría, pasiva, ritualizada, monótona y distante. Esto se debe en gran medida a la falta de formación en su contenido, lo que conduce a una incomprensión de lo que es y lo que significa, y a la falta de participación en su desarrollo, lo que lleva a la indiferencia».

Para cualquier lector que no haya nacido ayer, el parecido es evidente: son los mismos reproches que se hicieron a la Misa Tridentina para poder sustituirla por una celebración entusiasta, alegre, activa… Han pasado más de 50 años. ¡Qué confesión! El documento continúa:

«Por eso es fundamental fortalecer la formación litúrgica y promover una participación viva y fructífera mediante la creación de equipos de animación litúrgica. También hay que pensar seriamente en la adaptación de lenguas, vestimentas y ciertos ritos más alejados de la actualidad», todo ello inscrito en el Concilio desde hace casi 60 años…

El documento continúa con los principales temas abordados: la «escucha», que abarca la recepción de las personas que necesitan un acompañamiento, en particular las personas divorciadas que se han vuelto a casar o las LGBT. La necesidad de formación: el documento reconoce que los laicos a menudo están mal formados, pero no se comprometen a llenar este vacío.

Sin embargo, abogan por la corresponsabilidad de los fieles laicos, aunque no cuentan con la formación necesaria… Así como por la lucha contra el autoritarismo. ¿Cómo decidir si el problema es solo una formación deficiente? Sin olvidar que la autoridad en la Iglesia ha sido dada por Dios a la jerarquía y sus asistentes: obispos y párrocos.

También abogan por el diálogo con el mundo, «abandonando la visión de una Iglesia de mantenimiento para pasar a una auténtica Iglesia de salida». Porque «la Iglesia es percibida como una institución reaccionaria, con pocas propuestas, alejada del mundo de hoy». Con justa razón, porque este mundo, y particularmente el de hoy, se opone a la Iglesia.

Es preciso abordar «algunos temas específicos que han encontrado una fuerte resonancia».

¿De qué Iglesia se trata?

Estos temas nos darán la respuesta.

«En primer lugar, la referencia al papel de la mujer en la Iglesia como una preocupación, una necesidad y una oportunidad. Se aprecia su importancia en la edificación y mantenimiento de nuestras comunidades y se considera imprescindible su presencia en los órganos de responsabilidad y decisión de la Iglesia.

«Existe una clara preocupación por la limitada presencia y participación de los jóvenes en la vida y misión de la Iglesia.

«La familia es considerada un área prioritaria para la evangelización.

«El tema del abuso sexual, abuso de poder y abuso de conciencia en la Iglesia ha tenido un eco importante, destacando la necesidad de perdón, acompañamiento y reparación.

«Hay un sentimiento mayoritario sobre la necesidad de institucionalizar y fortalecer los ministerios laicos.

«Se debe prestar especial atención al tema del diálogo con otras denominaciones cristianas y otras religiones. Reconocemos que tenemos poca experiencia ecuménica en nuestras comunidades, pero entendemos la necesidad de establecer este diálogo donde no existe».

Finalmente, sin esperar el resultado del Sínodo, el documento subraya el llamado a todos «a caminar juntos, renovar y acrecentar nuestro modo de participación en la Iglesia, desde la profundidad de su misterio, en los dos aspectos que la definen: comunión y misión.

«Este llamado implica responder a tres urgencias claramente entrelazadas: aumentar la sinodalidad, promover la participación de los laicos y superar el clericalismo».

Finalmente -y, por último, pero no menos importante- «si bien se trata de cuestiones planteadas solo en determinadas diócesis, y por un reducido número de grupos o personas, consideramos oportuno incluir la petición sobre la necesidad de profundizar el discernimiento respecto a la cuestión del celibato facultativo de los sacerdotes y la ordenación de personas casadas; en menor medida, también se plantea la cuestión de la ordenación de mujeres».

Esta última inclusión ha abierto una brecha entre los obispos españoles, entre aquellos que defienden con firmeza la doctrina católica y los que están dispuestos a venderla en el altar de la sinodalidad.

Como era fácil de prever, y como se ha dicho desde varios frentes, este Sínodo, una verdadera lluvia de ideas, en un contexto de ataque a la autoridad y de introducción de una buena dosis de democracia en el gobierno de la Iglesia, conducirá inevitablemente a una creciente cacofonía de la que solo puede surgir más confusión y, en última instancia, división. Triste resultado para un «caminar juntos».

La fase diocesana del Sínodo sobre la Sinodalidad en España finalizó el 11 de junio de 2022 con una asamblea sinodal final de la Conferencia Episcopal de España, que tuvo lugar en Madrid, y con la clausura oficial de la fase sinodal en España. Varios miembros laicos del sínodo participaron en esta última asamblea.

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