26/10/2021

Y se levantó un gran llanto de todos

 

Luis Fernando Pérez Bustamante

Hay imágenes que lo dicen todo. En la que acompaña a este post vemos a varios cardenales con rostros afligidos en la despedida de Benedicto XVI. Uno de ellos, el cardenal Rouco, no puede evitar las lágrimas. Y ello me ha recordado lo que leemos en el libro de  Hechos, cuando San Pablo se despidió de los cristianos de Éfeso:

En diciendo esto, se puso de rodillas con todos y oró; y se levantó un gran llanto de todos, que, echándose al cuello de Pablo, le besaban, afligidos sobre todo por lo que les había dicho de que no volverían a ver su rostro. Y le acompañaron hasta la nave. 
(Hechos 20,36-38)

Algo muy parecido a eso fue lo que millones de católicos sentimos ayer. El Papa se despedía y aunque sabemos que seguirá entre nosotros, también somos conscientes de que probablemente no volveremos a ver su rostro. O si lo vemos, será fugazmente.

 

Benedicto XVI dijo ayer mismo que “muchas personas que aman al Señor aman también al Sucesor de San Pedro y le tienen afecto“. Lógico. Quien ama al Señor debería de amar a los pastores que Él ha puesto para guiarnos. El propio San Pablo nos cuenta como le recibieron los gálatas:

…. me recibisteis como a un ángel de Dios, como a Cristo Jesús. 
Gal 4,14

Creo que buena parte de la Iglesia vive con una sensación de pena y de vacío distinto al que se produce tras la muerte de un Papa. Es una situación nueva, diferente. Pero al menos sabemos que Benedicto XVI está ya cumpliendo la labor de servicio en la oración que el Señor le ha encomendado. Y en breve tendremos un nuevo Papa. Por tanto, la pena no tapa la esperanza. Cristo reina y pronto tendremos a su nuevo Vicario entre nosotros.

Luis Fernando Pérez Bustamante

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