Mendigos de Cielo

Artículo de Enrique Monasterio en http://pensarporlibre.blogspot.com

 

Hace seis meses ―no quise contarlo aquí― tuve ocasión de celebrar un funeral por un mendigo que acababa de morir en la calle. Asistieron seis o siete colegas suyos y amigos míos. Nadie más. Se emocionaron mucho a pesar de que ninguno de ellos tenía demasiado claro qué significaba aquella ceremonia.
Como estábamos solos en la cripta de una iglesia cercana, les fui explicando paso a paso la liturgia, desde el significado de los ornamentos sacerdotales hasta el beso en el altar y los gestos más insignificantes del rito. No hizo falta homilía, pero leí y comenté en dos minutos la parábola evangélica de los convidados a la boda del hijo del Gran Rey; aquella en la que los invitados rechazaron la invitación, y el Señor dijo a sus siervos:
―Las bodas están preparadas pero los invitados no eran dignos. Así que marchad a los cruces de los caminos y llamad a todos los que encontréis, sanos y enfermos, pobres y marginados…
Así me sentí aquella tarde, como el Rey que invita a una gran fiesta a los que más la necesitan. Éramos pocos, pero había de todo: un esquizofrénico, dos o tres alcohólicos…, qué se yo.
Fuimos muy discretos. Sólo pusimos una pequeña esquela pegada a la pared del lugar en que pedía limosna. Pero, desde aquel día, creo que somos algo más que amigos.
Traigo hoy aquí este recuerdo porque esta tarde ha fallecido una mendiga que asistió a esa Misa. Apenas tenía treinta años, quizá menos. Su vida ha sido muy vulgar. Deja tres niños de padres diferentes y el recuerdo de una mirada triste casi siempre nublada por el alcohol.
Esta mañana rezaré por ella, para que entre por la puerta grande en la Gloria. Y para que me espere en la puerta. Así podré pedirle un limosna de Cielo cuando me toque llegar allí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Social media & sharing icons powered by UltimatelySocial

Enjoy this blog? Please spread the word :)