«¡Oremos por la Iglesia!»

Lanzan una iniciativa para rezar por la Iglesia el próximo 5 de octubre, víspera del inicio del Sínodo de la Amazonía, a las 14.30h, en Largo Giovanni XXII, en Roma. La iniciativa fue publicada en Facebook y tiene como lema «¡Oremos por la Iglesia!».

Fue el Viernes Santo del 2005 cuando el entonces cardenal Joseph Ratzinger, que muy pronto sería Papa, pronunciaba palabras inequivocables: “¿No tendríamos que pensar también cuanto Cristo debe sufir en su Iglesia?… ¡Cuanta suciedad hay en la Iglesia, y justamente entre aquellos que, por el sacerdocio, deberían pertenecer completamente a Él!…”.

Ordenado Papa, Benedicto XVI fue a Fatima el 11 de Mayo de 2010 y respondiendo a los periodistas que pedían luz acerca del mensaje de la Virgen en Fatima dijo: “En cuanto a las novedades que podemos encontrar hoy en este mensaje, está también el hecho que no sólo de fuera son atacados el Papa y la Iglesia, sino que los sufrimientos de la Iglesia vienen justamente delsde dentro de la Iglesia, del pecado que existe en la Iglesia. Esto siempre se ha sabido, pero hoy lo vemos en modo realmente terrorifico: que la más grade persecución de la Iglesia no viene de los enemigos de fuera, sino que nace del pecado de la Iglesia…”.

De cardenal y de Papa, Benedicto ha querido recordar una antigua verdad, presente ya en los Padres de la Iglesia: hay personas en la Iglesia que no son “de la Iglesia”, que no pertenecen realmente y que, de hecho, trabajan más que nadie para su destrucción; “los malos y los hipócritas que se encuentran en la Iglesia”, añadía San Agustín en De Civitate Dei, se convertirán un día en la mayoría, según la profecía de San Pablo en la Segunda Carta a los Tesalonicenses.

Nosotros, un grupo de amigos católicos, laicos y consagrados, queremos ahora rezar aquí – junto a quien se quiera unir –, lo más cerca posible de la tumba de San Pedro, donde los papas, con pocas excepciones, han siempre querido residir, pidiendo a Dios la gracia:

  1. Que cesen los escándalos sexuales y económicos que ensucian la faz de la Iglesia y que los esclesiásticos implicados en estos escándalos no sean promovidos a posiciones de mando sino que, al contrario, sean removidos e invitados al arrepentimiento;
  2. Que no venga adulterado el depositum fiedi, de quien nadie, en la Iglesia de Cristo, ni siquiera el pontifice, es patrón;
  3. Que las familias religiosas, los obispos, y los sacerdotes, los profesores fieles a Cristo y a la Iglesia no sean más comisariados, perseguidos, destituidos sin acusa concreta y verificada, por el motivo de apego a la “fe de siempre”;
  4. Que la jerarquía eclesiástica sea valiente y audaz en predicar el Evangelio, por incómodo que pueda ser, dejando de buscar el aplauso del mundo, y que muestre como ejemplo para los fieles, sus santos, no aquellos que la han divido y herida (como el monje Martin Lutero, en el pasado), o quien combate la Vida cada día, sostiendo el aborto, la droga libre, la eutanasia… (como Emma Bonino, en el presente);
  5. Que la prioridad de quien guie la Iglesia sea anunciar la fe en Jesucristo Salvador, dejando al “César aquéllo que es del César”, y evitando de improvisar sociologos, politologos, climatologos… todologos;
  6. Que los hombres de Iglesia no cesen de proclamar los “principios no negociables” en particolar la defensa de la vida y de la familia, llegando a pactos – si no con las palabras, al menos con los hechos -, con la cultura de la muerte y la ideología gender;
  7. Que no se confunda más el amor por lo Creado con el ecologismo pagano y panteísta, ni la “misericordia” de Dios con el relativismo moral y la indiferencia religiosa;
  8. Que se escuche el grito que viene de la Iglesia africana (Card. John O. Onaiyekan, Card. Robert Sarah, Card. Francis Arinze… : “¡Que Occidente no ilusione nuestros jóvenes con falsos mitos!”) y de las Iglesia de Europa del Este, que repite con Juan Pablo II, en su “Memoria e identidad”, que “también la patria e para cada uno, en un modo muy real, una madre” y que la “defensa de la propia identidad” no tiene nada que ver con el nacionalismo y otras aberraciones;
  9. Que los católicos chinos, como tantas veces fue denunciado por el cardenal Zen Ze-kiun, no sean sacrificados al régimen dictatorial comunista en nombre de acuerdos imposibles e iniquos;
  10. Que los cristianos perseguidos en el mundo, que afrontan torturas y muerte en nombre de Cristo, no tengan que escuchar decir, de sus propios pastores, que Allah y Jesucristo son el “mismo Dios”.

Tomado de Infovaticana

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