18/05/2022

Bautismo de adultos en Francia: cuando se quiere tapar el sol con un dedo

Hay dos formas de interpretar el informe de la Conferencia Episcopal de Francia (CEF) relativo a los bautismos de adultos celebrados el 18 de abril de 2022, en la vigilia de la Pascua.

A primera vista, sobran motivos para regocijarse por los 4,278 adultos que recibieron el sacramento de la iluminación cristiana aquella noche, cifra a la que todavía habría que añadir las personas bautizadas en las capillas de la Tradición al mismo tiempo.

La Iglesia de Francia tiene motivos para ser optimista: la cosecha de neófitos del 2022 aumentó un 17% en comparación con el año anterior, un año marcado por un descenso significativo, en parte debido al Covid-19.

También es alentador ver que hombres y mujeres jóvenes siguen llamando a la puerta de la Iglesia para recibir el santo bautismo, a pesar de la persistente cobertura mediática de los abusos perpetrados dentro de la Iglesia.

Pero si se mira más de cerca, esta observación positiva tendría que ser matizada. Efectivamente, la CEF señala que el 53% de los neófitos de 2022 provienen de hogares cristianos que no quisieron bautizar a sus hijos al nacer: una vez más se destaca el gran problema de la ruptura en la transmisión de la fe, una serpiente de mar que el informe de los obispos franceses tiene mucho cuidado en no mencionar explícitamente, sino que solo trasluce entre las cifras.

Porque los hechos son indiscutibles: si consideramos el número total de bautismos en Francia entre 2008 -334,664- y 2019 -204,304- se puede constatar una disminución de 130,000, lo que representa una disminución media de casi el 40%.

Del mismo modo, en 1965, el 93% de los niños eran bautizados dentro de los tres primeros meses después del nacimiento: una tasa que disminuyó a menos del 30% en 2021, teniendo en cuenta que las estadísticas actuales incluyen a los niños de 0 a 7 años…

A esta desaparición gradual de las fuerzas vivas de la Iglesia en Francia -consecuencia de la dilución de la fe y de la secularización creciente- corresponde un nuevo dinamismo, particularmente el del islam.

Si bien este año el 5% de los recién bautizados provienen de familias musulmanas -una ligera disminución respecto a años anteriores-, entre la religión del Corán y el catolicismo, las curvas están cerca de cruzarse, si es que no lo han hecho ya. Hace diez años, el Ministerio del Interior y Asuntos Religiosos dio a conocer la cifra de 4,000 conversos al islam por año, lo que pone de manifiesto un crecimiento que se afianza año tras año.

¿Cómo están las cosas en 2022? Es difícil de decir, porque no hay datos oficiales actualizados disponibles para el público en general, pero una cosa es cierta: el triunfalismo posconciliar y sus brillantes secuelas han trascendido… ¿Y si hubiera llegado el momento de dar una nueva oportunidad a la Tradición?

Aunque el número de bautismos de adultos se ha mantenido estable desde hace varios años en Francia, el número de bautismos de niños sigue disminuyendo, lo que permite vislumbrar con mayor agudeza el problema de la transmisión de la fe en las familias.

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