27/05/2022

La señal que recuerda el día que la Virgen de Fátima salvó la vida a Juan Pablo II

VATICANO, 13 May. 22 (ACI Prensa).-
Caminando hacia la Basílica de San Pedro desde el lateral derecho de la Columnata de Bernini, unos adoquines diferentes al resto llaman la atención.  

Se trata de una placa color blanco con el escudo papal y con la fecha 13 de mayo de 1981 en números romanos, que indica el día y lugar exacto en el que el Papa Juan Pablo II fue alcanzado por cuatro balas.  

El Papa Juan Pablo II llegaba hace 41 años a una abarrotada plaza de San Pedro en lo que parecía una mañana corriente en el Vaticano, cuando de pronto recibió el impacto de cuatro balas; dos de ellas alcanzaron su estómago, otra el brazo derecho y la última llegó hasta su mano izquierda.  

Aunque una monja y varios testigos lograron que el autor del ataque -el turco Mehmet Ali Ağca-, dejara de disparar, Juan Pablo II perdió bastante sangre y tuvo que ser trasladado al hospital. De hecho, la sirena de su ambulancia estaba rota y tuvo que viajar en sentido contrario para llegar a tiempo al hospital Gemelli de Roma, donde estuvo varios meses. 

Mehmet Ali Ağca fue atrapado por Camillo Cibin, el jefe de seguridad del Cuerpo de Gendarmería de la Ciudad del Vaticano y en sus declaraciones, Ağca contó que al llegar a Roma se encontró con tres cómplices: un compatriota turco y dos búlgaros. 

Aseguró que la operación estaba liderada por Zilo Vassilev, un militar búlgaro que residía en Italia. Según Vassilev, la misión le había sido encargada por el mafioso turco Bekir Çelenk en Bulgaria. 

La mano de Fátima 

El atentado tuvo lugar un día como hoy, 13 de mayo, día que la Iglesia celebra la Virgen de Fátima, cuya protección salvó la vida del entonces Papa.  

Cabe destacar que fue el dedo del Papa el que desvió la bala, logrando que el disparo no fuera mortal.  

San Juan Pablo II señaló que cuando fue alcanzado por la bala, no se dio cuenta que era el “aniversario del día en que la Virgen se apareció a tres niños en Fátima” y más tarde explicó que fue su secretario personal quien le dijo tras la operación que le habían extraido un proyectil del intestino. 

Durante su convalecencia, San Juan Pablo II estudió los informes de las apariciones de Fátima y al año del atentado viajó por primera vez a su santuario en Portugal para “agradecer a la Virgen su intervención para la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud”. 

En 1984, el Papa Wojtyla formalizó su devoción y agradecimiento a la Virgen donando al santuario de Fátima la bala que le extrajeron y que fue engarzada en la aureola de la corona de la imagen. Además, el papamóvil en el que se encontraba en el momento del ataque se muestra hoy en los Museos Vaticanos. 

El 14 de mayo de 2006, cuando se cumplían 25 años del atentado, el Papa Benedicto XVI recordó el atentado y dijo que “Juan Pablo II sintió que había sido salvado milagrosamente de la muerte por la intervención de ‘una mano materna’, como él mismo dijo, y todo su pontificado estuvo marcado por lo que la Virgen había anunciado en Fátima: ‘Al final mi Corazón Inmaculado vencerá’”. 

El Tercer Secreto de Fátima 

Además, a este ataque se le ha atribuido el Tercer secreto de Fátima, donde la Virgen reveló a los pastores Lucía, Jacinta y Francisco que “el Santo Padre, postrado de rodillas a los pies de la Cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas”. 

Por su parte, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha interpretado este secreto como “el sufrimiento de la humanidad antes de las guerras mundiales, la persecución de la Iglesia (incluyendo el intento de asesinato de Juan Pablo II), los sacrificios de los mártires, la penitencia, el llamado a la conversión y la esperanza de la salvación”. 

El valor del perdón 

San Juan Pablo II expresó públicamente su perdón al turco en varias oportunidades, y ambos se reunieron en diciembre de 1983 en la cárcel de Rebibbia en Roma, donde Agca preguntó al Santo Padre cómo era posible que sus disparos no hayan acabado con su vida.

En 2013 Agca publicó el libro “Me prometieron el paraíso. Mi vida y la verdad sobre el atentado al Papa”, donde culpó al ayatola Jomeini de Irán de haber ordenado el ataque. Esta afirmación fue desmentida por el P. Federico Lombardi, en ese momento vocero vaticano, al advertir que el turco reinventó la conversación que tuvo con San Juan Pablo II. 

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