20/08/2022

La “Trinidad” de Rublev regresa por un tiempo a su lugar de origen

La Galería Tretyakov autorizó la transferencia del ícono de la Santísima Trinidad de Andrei Rublev, posiblemente la obra de arte más importante de la historia rusa. Se exhibirá durante las celebraciones del 600 aniversario de la traslación de las reliquias de Sergio de Rádonezh, en el monasterio dedicado a la Trinidad, a 70 km de Moscú.

El ícono fue pintado en la primera mitad del siglo XV por Rublev, monje y discípulo de Sergio, para el gran monasterio, donde colgaba sobre la entrada. Representa la escena de los tres peregrinos visitando a Abraham en la Encina de Mamré, único tema bíblico que la Iglesia oriental admite como representación de la comunión trinitaria.

Sobre la importancia de esta imagen, la Iglesia rusa ha tenido grandes debates durante siglos, y en el Concilio de los Cien Capítulos, en 1552, consagró el ícono como el símbolo más preciado de la fe ortodoxa.

Sergio refundó la Rusia cristiana después de dos siglos de invasión tártara, inspirando la victoria del príncipe Dimitri de Moscú contra los mongoles a orillas del Don. Sus restos descansan en el monasterio, y son el principal destino de las peregrinaciones rusas en la afirmación de la fe y la identidad nacional.

Esta fiesta adquiere, por tanto, un significado simbólico particular en el contexto de la guerra de Ucrania, donde Rusia pretende reafirmar los principios fundacionales de su historia.

El Patriarcado de Moscú intentó en varias ocasiones hacerse con el ícono, pero siempre se encontró con una negativa total, debido a la necesaria delicadeza del transporte y la exposición de un objeto tan antiguo y frágil. 

Los críticos de arte y los restauradores se han pronunciado en contra de la decisión del traslado, que podría causar daños irreparables al ícono. Transportar y exhibir el ícono en una iglesia no permite mantener el régimen correcto de temperatura y humedad, lo cual es fundamental para su conservación.

El ícono, por su parte, permaneció en el monasterio hasta 1918, y se salvó de la destrucción gracias a hombres como el sacerdote Pavel Florensky, que optó por permanecer en la Rusia soviética, obteniendo el cargo de Superintendente de las Bellas Artes, para salvar el monasterio y sus tesoros, y que luego murió encarcelado en el campo de concentración de Solovki.

La autorización para el traslado fue dada por el Ministerio de Cultura, bajo la influencia directa del presidente Putin, a fin de reunir en torno a la sagrada imagen al pueblo comprometido en la gran guerra y restablecer todas las dimensiones de su identidad como pueblo y como Iglesia.

Este año, la solicitud se había hecho en junio para la fiesta litúrgica de la Santísima Trinidad, y nuevamente había sido rechazada. Sin embargo, luego de nuevos llamados a la movilización, el ícono se alistó, y el arte y la ciencia cedieron ante necesidades superiores.

El Museo de Arte de Moscú ha autorizado a la Iglesia ortodoxa rusa a trasladar temporalmente el célebre ícono a su lugar original. Esta es la primera vez desde 1918: hasta ahora, todas las solicitudes habían sido rechazadas.

 

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