27/06/2022

Masacres en Nigeria: la insolencia del presidente irlandés

Los católicos nigerianos recordarán durante mucho tiempo el 5 de junio de 2022: ese domingo, cuando la Iglesia Universal celebraba Pentecostés, un comando yihadista atacó la iglesia de San Francisco Javier en Owo, estado de Ondo, causando la muerte de por lo menos cincuenta fieles.

Un saldo sangriento que se suma a los 4,650 cristianos que perdieron la vida de forma violenta el año pasado, y a los otros 900 durante el primer trimestre de 2022.

Pero lo que puede cambiar con la masacre de Owo, es la empresa de relativización latente del carácter islamista de la agresión perpetrada el pasado 5 de junio: por ejemplo, el presidente irlandés, en un mensaje de condolencia enviado a los católicos nigerianos, con quienes Irlanda mantiene históricamente una relación muy cercana, culpó al clima como el verdadero responsable de la masacre, y no es el único que opina de este modo. 

Michael D. Higgins consideró oportuno advertir «contra cualquier intento de convertir a los pastores fulani en chivos expiatorios, porque son las primeras víctimas del cambio climático».

Estremecedoras declaraciones que provocaron la indignación de monseñor Jude Arogundade, obispo de Ondo, diócesis en cuyo territorio se produjeron los asesinatos: «establecer un vínculo falaz entre las víctimas del terrorismo y las consecuencias del cambio climático no es solo un gravísimo error, sino que equivale a arrojar sal en las heridas de las víctimas del terrorismo en Nigeria», reaccionó el prelado.

Para restaurar la verdad y entender lo que está en juego, conviene recordar que la etnia fulani -formada por nómadas trashumantes- es uno de los principales viveros del yihadismo en el Sahel.

Son de religión musulmana, en su gran mayoría -en algunos países casi todos- y han jugado un papel histórico importante en la penetración del islam en África Occidental, a costa de otras poblaciones, especialmente cristianas.

Desde hace varias décadas, la situación de los fulani se ha deteriorado: afirman ser excluidos de las políticas de desarrollo, se sienten víctimas de discriminación por parte de las autoridades, experimentando frecuentemente la sensación de vivir en un ambiente hostil, dado que las poblaciones sedentarias hacen su nomadismo cada vez más difícil.

Una gran ayuda para los islamistas radicales que no tuvieron que hacer mucho para convencer a estas poblaciones musulmanas de que les siguieran en el horror. Como vemos, los hechos son indiscutibles e invalidan el poco inspirado análisis del presidente de Irlanda.

El obispo de Ondo, por su parte, está decidido a restaurar la verdad, y afirma que «los comentarios que asocian el bandolerismo, los secuestros y los terribles ataques contra ciudadanos inocentes a las cuestiones del cambio climático son apropiaciones indebidas de la verdad”.

Esto constituye también una negación mordaz a los estadounidenses que, hace ya unos meses, sacaron a Nigeria de la lista negra de países afectados por el terrorismo islamista: otra negación de la realidad por parte de un Occidente secularizado, que algún día podría ser víctima de un efecto boomerang tan violento como inesperado.

En Nigeria, el presidente de Irlanda provocó la indignación de la Iglesia local al atribuir al cambio climático la principal responsabilidad de las masacres de católicos perpetradas por comandos yihadistas.

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