24/07/2024

Misa de la Coronación de Mozart en los Jerónimos por la beatificación de Isabel: «Una causa justa»

Este próximo lunes 22 de abril, a las 19.30 horas, quienes se encuentren en Madrid podrán asistir a un evento muy singular que se une a los cada vez más numerosos homenajes que se rinden a la Reina Isabel la Católica (1451-1504). 

Se trata de una misa por su alma y por su pronta beatificación que se celebrará en la iglesia del monasterio de San Jerónimo el Real («los Jerónimos»), fundado por ella misma. Es uno de los templos emblemáticos de la capital de España, situado detrás del Museo del Prado.

La celebración litúrgica tendrá el acompañamiento musical de la Misa de la Coronación compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart en 1779 e interpretada por el Coro Reyna Ysabel, de más de ochenta voces, fundado al efecto, para esta y futuras ocasiones, por Luis Antequera, escritor y colaborador de ReL.

La iniciativa de esta misa parte del Círculo Cultural Hispanista de Madrid, en el que participan «personas muy comprometidas con la causa isabelina como Lourdes Cabezón, Ángeles Alonso, Almudena Enríquez de Salamanca y tantos otros», nos explica Antequera.

Una Misa de gran belleza

La Misa de la Coronación la compuso Mozart con solo 23 años y es la decimosexta de las diecinueve que suscitó su genio: «Fue interpretada para la coronación imperial de Leopoldo II en la ciudad de Praga, dirigida además por el propio Mozart tres meses antes de su fallecimiento. Para muchos es esa es la razón de su nombre. Pero es también posible que Mozart la compusiera para la coronación de alguna Virgen».

Esta pieza musical ha sido escogida por «su belleza, por su aquilatada duración, entre 25 y 30 minutos, que la hacen muy apropiada para acompañar una ceremonia litúrgica, y por una tercera razón no menos importante: este año 2024 estaremos celebrando, en diciembre, el 550º aniversario de la coronación de la Reina Isabel como reina de Castilla, en 1474, lo que convierte a la Misa de la Coronación de Mozart en una pieza particularmente adecuada para dedicársela en una circunstancia como ésa».

El propio Luis Antequera, a las puertas de los Jerónimos, explica el sentido de este acto.

«Es una misa muy melódica, muy rítmica, fácil de asimilar por toda clase de oyentes, pegadiza diría incluso», explica el fundador del Coro Reyna Ysabel: «Cuando uno la escucha por primera vez -por lo menos eso me pasó a mí-, casi no diría que se trata de una misa. Y sin embargo, cuando la aprende y la canta, se da cuenta de su profundidad, de su perfecto acompasamiento al texto que expresa». Consta de un Kyrie, un Gloria, un Credo, un Sanctus Benedictus y un Agnus Dei, que se completarán con un Ave Verum, también de Mozart, para la comunión.

«Los enemigos de Isabel son poderosos»

Pero la motivación del acto del lunes no es solo ni principalmente musical: «El objeto de la Misa es triple: el primero de ellos pedir por el alma de la gran reina de la Historia de España; el segundo, rememorar su figura, que tantos valores nos ofrece en esta hora precisa de nuestra Historia; y tercero, pedir por la pronta beatificación de su persona, ejemplo de virtudes cristianas, y sobre todo, la responsable principal de que la mitad de los católicos del mundo al día de hoy hablen español, y lo sean por obra y gracia de la obra de los misioneros españoles».

Antequera, autor entre otras obras de Historia desconocida del Descubrimiento de América, señala entre las virtudes cristianas de Isabel «su sentido de la justicia y de la rectitud, su humanidad y consideración hacia los más desfavorecidos de entre sus súbditos, precisamente los indígenas americanos«.

No se le ocultan los obstáculos para el reconocimiento de su santidad: «Los enemigos de Isabel son poderosos. Lo son, en general, los mismos que los de España, tantos de ellos incrustados entre nosotros mismos, los españoles: es así de duro, así tenemos que aceptarlo. Pero la canonización de Isabel es una causa justa, y la justicia, aunque a veces se haga esperar, termina siempre por prevalecer. Sí, Isabel será declarada beata… y luego santa. La Iglesia católica se lo debe sobradamente, que nadie lo dude».

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»