18/08/2022

Se repite el milagro de la licuefacción de la sangre de San Pantaleón

En condiciones normales, la sangre de este santo, médico del siglo III y mártir durante la persecución de Diocleciano, permanece en estado sólido, con una superficie cóncava y color pardusco. Cuando no está expuesto, el contenedor que alberga esta sangre se guarda en la capilla del relicario detrás del retablo de la iglesia, que también alberga otras 2,000 reliquias de santos.

La sangre del mártir llegó a España poco después de la fundación del convento en 1616, por Juan de Zúñiga, virrey de Nápoles, que la había recibido como regalo del Papa Pablo V. A su vez, la donó a su hija, doña Aldonza, una de las primeras monjas que vivieron en este claustro.

El día en que la Iglesia celebra la fiesta de San Pantaleón, el 27 de julio, la sangre se vuelve líquida, aumenta de volumen y cambia de un color marrón oscuro a un rojo más vivo. Como solo hay una pequeña cantidad de sangre, el milagro no es visible desde lejos.

Sin embargo, en la catedral de Ravello (Italia), de donde procede la reliquia, se conserva la mayor cantidad de esta sangre en la cristiandad. En este relicario, la sangre «borbotea», como si el corazón del santo aún latiera y bombeara, en la misma fecha y hora que en Madrid.

San Pantaleón, un mártir médico

San Pantaleón nació en la segunda mitad del siglo III en Asia Menor, probablemente en Nicomedia, entonces capital imperial de Oriente, en el seno de una familia acomodada cercana a la corte. Es posible que su padre haya sido médico. San Pantaleón se dedicó a los estudios de medicina e ingresó en el ambiente curial.

Si bien Diocleciano, que llegó al poder en 284, no siempre fue hostil a los cristianos, muy numerosos en esta parte oriental del Imperio Romano, en su vejez y bajo la influencia de su yerno, que luego sería su sucesor, César Galerio, acabó endureciéndose.

En febrero de 303 se publicaron edictos prohibiendo el ejercicio del culto católico, cerrando iglesias destinadas a ser demolidas, confiscando los libros sagrados y los archivos de las comunidades, privando a los cristianos de buena cuna de todos sus derechos y privilegios, reduciendo a los humildes a la esclavitud, antes de enviarlos a todos a la muerte…

Pantaléon, renunciando a su brillante futuro, se convirtió y pidió ser bautizado. Algunos de sus colegas, celosos de su éxito, descubrieron su pertenencia a la fe prohibida y lo denunciaron ante Galerio. Al denunciar a Pantaleón, sus compañeros sabían bien que lo estaban enviando a la muerte y que esta sería horrible, para que sirviera de ejemplo.

El 27 de julio de 305, Galerio lo mandó ejecutar. Según la costumbre, los fieles recogieron la sangre del mártir en un contenedor colocado cerca de su cuerpo en su tumba. Al final de las persecuciones, las reliquias de Pantaleón comenzaron a dispersarse. El famoso contenedor con la sangre llegó a Ravello, en Italia. Y los obispos pronto harían un descubrimiento inquietante.

Cada verano, en la fiesta del mártir, cuando se exhibía la reliquia, la sangre se licuaba y volvía ser roja, como la de San Genaro en Nápoles, pero en este caso no hay malas sorpresas que anuncian catástrofes que temer: el milagro siempre ocurre cada 27 de julio, pero también cuando el santo doctor cura a un fiel que ha implorado su ayuda, sea cual sea la fecha.

Los obispos de Ravello recogieron algunas gotas de esta sangre que fueron ofrecidas a otras diócesis, entre ellas Padua y Madrid, como se ha mencionado anteriormente. Infaliblemente, ya sea en Madrid o Ravello, la sangre de Pantaleón, en el momento exacto, se vuelve líquida y roja, y nuevamente este año sucedió en ambos lugares. Aún no se ha encontrado una explicación para el milagro.

Desde hace casi cinco siglos, en el Monasterio de la Encarnación de Madrid se licúa, puntualmente, cada 27 de julio la sangre de San Pantaleón. El médico mártir no deja de asombrar a la ciencia.

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