24/07/2024

Sybil, la enfermera de la resistencia antijaponesa: fue torturada… y recibió una profética visión

Sybil Kathigasu nació en 1899 y era una enfermera católica que atendía a las personas sin recursos. Durante la Segunda Guerra Mundial apoyó la resistencia contra Japón junto con su marido, sufrió graves torturas y murió de septicemia en 1948. El portal Asianews recoge su historia. 

El cardenal y obispo de Penang, Sebastian Francis, acaba de anunciar la apertura de la causa de beatificación.

«Hoy celebramos el comienzo de un camino para elevar al honor de los altares a una hija de la Iglesia de Malasia» que «con una vida de fe y acciones valientes ha inspirado a muchos de nosotros. Esforcémonos en seguir sus huellas y rezar para que se reconozca su santidad», comentó.

El Sagrado Corazón, de cara a la guerra 

Sybil nació en Medan, Sumatra, que entonces formaba parte de las Indias Orientales Holandesas. Quinta hija (única mujer) de Joseph Daly, florista de origen irlandés, y Beatrice Matilda Martin, partera de familia francesa. Después de estudiar obstetricia y enfermería durante tres años, Sybil colaboró con su esposo, el Abdon Clement Kathigesu, en una clínica en la pequeña ciudad de Papan, Ipoh, en el Estado de Perak.

El matrimonio levantó un consultorio médico privado exitoso que también ofrecía servicios gratuitos a las personas sin recursos que no podían pagar la atención médica. Pero la guerra no se hizo esperar, y en 1941 se produjeron los primeros bombardeos en Ipoh y la incursión de las tropas japonesas en la ciudad, conocida por sus yacimientos de estaño. Sybil tuvo una visión en la que Dios le decía que en el futuro tendría que soportar muchos sacrificios.

Sybil, junto a su marido, que también fue torturado, y su hija.

Pero, en vez de desmoralizarse, la enfermera colgó un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús en un lugar estratégico de la casa, desde donde podía observar todo lo que ocurría en el exterior. El matrimonio Kathigesu apoyó la resistencia suministrando en secreto medicamentos a las fuerzas aliadas y compartiendo información, ayudados por el conocimiento del cantonés de Sybil, que le permitía comunicarse con los guerrilleros chinos que luchaban contra la ocupación japonesa.

La mujer fue arrestada junto con su marido y la Kempeitai, la policía militar japonesa, la sometió a terribles torturas, pero Sybil se negó a revelar la información que tenía. Aferrada a su rosario, rezaba en voz alta todas las noches e invocaba el nombre de Jesús. De esa manera pudo resistir incluso cuando la arrastraron para ver a su hija Dawn, de cinco años, colgada de un árbol sobre una fogata que amenazaba con quemarla viva.

Pero, según su biografía, fue su hija quien la alentó a no ceder: «Tienes que ser muy valiente, mamá. No hables. Cuando las dos muramos, Jesús nos estará esperando en el cielo», le dijo la pequeña.

Cuando terminó la guerra, Sybil fue liberada de la cárcel de Batu Gajah el 6 de septiembre de 1945 con heridas muy graves, entre ellas una fractura de columna. Lo primero que pidió fue que la llevaran en camilla hasta la entrada de la iglesia de San José, donde se arrastró por la nave para dar gracias.

El ejército antijaponés formado por la población malaya también liberó a su marido y a sus hijos. En 1947, el rey Jorge VI le concedió la Medalla George en el Palacio de Buckingham, por su valentía durante la ocupación japonesa, y fue la única mujer malaya que recibió ese reconocimiento. Siete meses después, el 12 de junio de 1948, a los 49 años, Sybil murió a causa de una septicemia.

Su cuerpo fue enterrado en Lanark, Escocia, pero al año siguiente fue llevado de regreso a Ipoh y enterrado en el cementerio católico de la iglesia de San Miguel en Brewster Road. La revista Time la llamó la «Edith de Malasia» en referencia a la enfermera británica Edith Cavell, quien atendió a soldados de ambos bandos sin distinción durante la Primera Guerra Mundial. 

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»