19/08/2022

VIERNES DE LA XVIII SEMANA DEL T. ORDINARIO

Más claro, agua: la cruz de cada día es el camino de la felicidad.

De la Via Crucis a la Via Lucis. De la cruz, a la luz. Este principio vital tiene en Cristo su fundamento y consiste en comprender la vida entera como una entrega por amor. De igual modo que Jesús ofrece su vida al Padre en comunión de amor para manifestar a todos los hombres la salvación, así, cada cristiano recorre el mismo camino del Salvador: la entrega de cada día por amor para vivir personalmente y testimoniar el amor redentor de Dios y nuestra vocación a la gloria.

Desde la encarnación, pasando por el pesebre de Belén, la vida oculta, hasta llegar a su vida pública que acaba con su crucifixión. Todo ha sido una entrega diaria por amor. ¡Diaria! Esta es la clave para entender a Cristo y a la Virgen. Detrás de lo cotidiano se esconde cada día la gloria.

¡Sí, la gloria! Es lo que ansiamos por encima de todo, y el motor interno de la cruz. Esa gloria con la que San Juan pinta todo el relato de la pasión y muerte es el bien por antonomasia. Y como gran Maestro, quiere enseñarnos el camino para conseguirlo.

El camino del hombre se aleja de la «cruz» por ver en ella un signo de debilidad, de sufrimiento y de fracaso. La gloria queda reservada en realidad para pocas cosas, que al final, no dejan de ser apariencias y banalidades muy difíciles de conseguir y mantener. La fama, el dinero, el cuerpazo y el poder, símbolos de gloria, son bienes perecederos que en realidad no esconden ninguna gloria verdadera. Detrás de todo ello, cuando vas a mirar entre bastidores, te das cuenta de lo vacío que puede dejar los corazones. El orgullo, la vanidad, la codicia, la desesperanza vician lo que puede comenzar con recta intención.

Ayer vimos que el corazón humano es de tal naturaleza que sólo le da plenitud un amor perfecto de comunión. Fama, dinero, belleza y poder no dan nada de eso: sólo satisfacen algunos aspectos del ego, muy aparentes, pero no le dan plenitud sino dolor de cabeza.

De la Cruz a la Luz: renovemos cada día nuestra entrega por amor a Dios y a los demás.

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