19/04/2024

Bastos: «La familia y Dios son los últimos reductos que quedan frente al poder ilimitado del Estado»

El economista Javier Milei ganó las elecciones argentinas el pasado 19 de noviembre. Este outsider de la política se ha convertido en «el primer presidente liberal-libertario de la historia de la humanidad«, como aseguró él mismo al conseguir la presidencia. Portero de fútbol en su juventud, las duras críticas que le dedicó al Papa Francisco, así como unas recurrentes salidas de tono, le han granjeado numerosas enemistades y recelos entre una parte no pequeña de sus compatriotas.  

Declarado provida -especialmente su vicepresidenta, la católica Victoria Villarruel- y contrario a la ideología de género y a la cultura de la cancelación, Milei -que reconoce estar en un proceso de conversión al judaismo- deberá ahora implementar sus promesas de campaña en defensa de la vida y gobernar para 46 millones de argentinos -de los que una inmensa mayoría son de fe católica-. 

Entre los máximos exponentes del pensamiento libertario en España se encuentra el profesor Miguel Anxo Bastos (Vigo, 1967). Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Santiago de Compostela (España) -donde es profesor titular- y licenciado en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad de Salamanca (España), el profesor Bastos es, además, todo un fenómeno viral en YouTube gracias a sus explicaciones sobre economía.

Católico devoto, Bastos tiene a G.K. Chesterton -y a los católicos ingleses en general- como uno de sus mayores referentes, entre otras cosas, por su defensa de la tradición. El profesor reconoce, además, que regresar a la fe le ayudó mucho, que le gusta San Miguel -de quien lleva su nombre- porque «aparece siempre luchando contra demonios», y afirma, sin ambages, que Occidente no existiría si no fuera por la Iglesia Católica.

ReligiónEnLibertad, en su misión de explicar los diferentes fenómenos que ocurren en la sociedad, llama a la puerta del profesor para conocer de cerca cuáles son las ideas o valores que pueden haber llevado a una parte de los católicos argentinos a votar por un candidato liberal-libertario como Javier Milei. 

Bastos, además, nos relata su propio camino de fe -compartido con varios de sus discípulos conversos-, y analiza las bondades de «la muy cristiana Edad Media», los ataques que sufre la familia actualmente y la reciente muerte de la bebé Indi, desconectada de su respirador por orden de las autoridades británicas.

-Antes que nada, profesor Bastos, dos preguntas muy breves sobre el fenómeno Milei… por lo que a los católicos respecta, ¿cree que se podrán revertir leyes como la del aborto en la Argentina, aprobada hace ahora tres años?

-Milei dijo que va hacer un referéndum. Lo decidirá el pueblo argentino, pero, supongo que sí.

-¿Qué opinión le merece Milei? ¿lo conoce personalmente?

-Lo conozco de una cena en Madrid, pero no tengo mucho trato, hablamos un par de veces nada más.

-Profesor Bastos, es usted, según tengo entendido, un convencido católico, ¿nos puede contar cómo ha sido su camino de fe?, si atravesó por idas y venidas… y, ¿cómo se puede creer hoy en Dios dentro de un claustro universitario?

-Fui criado como católico y educado en un colegio católico. Sin embargo, en la adolescencia tuve una etapa de pérdida de fe… hasta que fui profesor y volví a la Iglesia. A mí la fe que me interesa no es solo la fe del carbonero, intento siempre que sea una fe más o menos meditada y estudiada.  

»Entre los libros que me ayudaron a regresar estaba El Genio del Cristianismo, de François-René de Chateaubriand, un libro al que hoy no se le hace mucho caso. Chateaubriand no era un católico muy ejemplar, es cierto, pero en ese libro se reivindican todas las cosas buenas que hizo el cristianismo. Tal y como se educa hoy, y en el ambiente universitario más, el cristianismo es como si fuera un atraso, que se opone a la ciencia, y un montón de cosas más. Luego descubres que el cristianismo hizo cosas buenas, que hay incluso científicos en los dos lados… eso te llama mucho la atención. 

»También descubrí en economía la tesis vieja de Weber de que el capitalismo siempre necesita de una base moral. Aunque él lo achaca al calvinismo, yo descubro leyendo a varios autores que el catolicismo no desmerece para nada, y, de hecho, a día de hoy, los países más ricos de Europa son católicos. Solo hay que comparar a la Alemania católica con la protestante, la Irlanda católica con la protestante, Austria, los cantones suizos católicos, Flandes, que es de las zonas más ricas del mundo, etc.

-Usted da referencias de libros constantemente, escucharle es casi como leer un trabajo universitario… en el que después siempre viene la bibliografía. ¿Cree, en este sentido, que se puede llegar a la fe a través de la razón, de los libros, del pensamiento…?

-A mí me gustan también las lecturas pías, leer cosas de religión y cosas por el estilo. Por eso creo que a la juventud no la puedes dejar indefensa. A veces discuto con sacerdotes, porque yo entiendo que, además de las virtudes de la fe, Dios nos da las herramientas para poder defenderlo. Que puedas ir a un ámbito académico, más secular, y saber defenderte. Estamos mandando a nuestros hijos indefensos a la universidad. 

»A mí me pasó algo parecido, llegué a un ambiente muy secularizado, a veces hostil. No tienes forma de defenderte con las herramientas normales que te dan. Conocemos los sacramentos, la historia de Dios… pero no tenemos argumentos de apologética, por ejemplo. Te llega una chica y te explica unos fundamentos equivocados del marxismo y, claro, nuestro argumento es en términos de fe, y, si la propia fe está socavada por los argumentos de la chica, ya no tenemos forma de debatir.

»Yo hablo con sacerdotes y me dicen que en los seminarios ya no se enseña nada de apologética. Las clases de religión ahora son algo así como «tratar de ser bueno», pero falta conocer, por ejemplo, lo que explicaba Santo Tomás, sus argumentos se pueden aplicar hoy perfectamente.

»La fe es lo más importante, pero luego hay hipótesis auxiliares que hay que saber defender. Tengo discípulos míos que se convirtieron con argumentos de este estilo, y eran bien ateos. Yo en clase no me meto con las creencias de nadie, pero, simplemente, al dar ejemplos y discutir algunas lecturas, los acerco a ellos a la Iglesia. Muchos se sorprendieron porque no sabían estas cosas, les pasó como a mí.

-Y, más concretamente, ¿qué es para usted la fe?, ¿cómo le ayuda en su día a día?

-Creer es una felicidad… antes era todo más turbio. Ahora tengo un fin, ahora vivo tranquilamente. Aunque tampoco lo hago de forma utilitarista. No entiendo la fe como algo que me mejore la vida, no es un instrumento de autoayuda. Creo que es una consecuencia no buscada. Fue una conclusión a la que llegué, o un don de Dios, pero que desde luego me hace vivir mejor.

-Por extrapolación, ¿se puede decir, por tanto, que la religión también es útil para la sociedad?

-Insisto en que no soy utilitarista, pero, aparte de la importancia de la religión para la vida de cada uno, sí creo que es funcional, de hecho una sociedad sin valores no puede ser una sociedad capitalista.

-Por cierto, ¿me podría decir su pasaje de la Biblia favorito?

-A mí me gustan mucho los pasajes económicos, el de los talentos, por ejemplo, o cuando el demonio tienta a Jesús en la cima de una montaña y le dice: «¿Ves todos estos reinos?, a mí me han sido dados, te los ofrezco si los quieres».

-¿Y un santo?

-Me gusta mucho San Miguel, porque es mi santo. Me gusta cómo lo representan siempre luchando contra los demonios… aunque, bueno, no es un santo de carne y hueso.

Bastos pertenece a la Asociación Xoán de Lugo, un espacio de pensamiento económico que lleva el nombre de este jesuita y último representante de la Escuela de Salamanca. Puedes saber más en este enlace.

-Y, por el precio de tres, ¿la figura católica más influyente para usted?

-Siempre me llamó mucho la atención G.K Chesterton y en general los católicos ingleses. Una vez escuché que los católicos ingleses son muy peculiares, porque son los únicos que conservaron las tradiciones católicas de comer pescado los viernes y costumbres similares. Al vivir en un ambiente tan hostil, la forma de defenderse era conservar la tradición. Me gusta también mucho Evelyn Waugh y Santa Juana de Arco.

-Ahora que me habla de una santa guerrera… hay santos que fueron reyes, eso no sé cómo lo llevará un libertario… 

-Puede haber reyes santos, yo no creo que se pueda excluir a nadie de eso. El político no tiene por qué ser malo en sí, otra cosa es que el propio sistema le obligue a hacer cosas malas, pero a priori se puede ir con buenas intenciones.

-Pero, siendo católico practicante, ¿cómo puede ser «anarquista»? San Pablo, en la Carta a los Romanos, dice que hay que «someterse a los gobernantes», y en otros pasajes de la Biblia se habla en términos similares…

-Cuando la Iglesia evangelizó el mundo lo hizo en muchos pueblos americanos o africanos que no tenían Estado, los pigmeos, por ejemplo. A eso me refiero con «anarquista». Si nos pensamos que un anarquista es una persona que pone bombas como en el siglo XIX, claro que eso no es compatible con la fe. Yo el anarquismo lo entiendo desde la visión de que la sociedad se organiza mejor sin Estado. Mi idea también es cristiana en el sentido de pacífica. Creo sinceramente que se pueden cerrar tratos voluntarios entre personas sin que exista coerción o violencia. La mayor parte de los libertarios americanos son católicos y muy católicos, incluso, de los de misa de antes. [Bastos es discípulo del español Jesús Huerta de Soto, eminencia en el mundo de la economía y ferviente católico. Ambos pertenecen a la Escuela Austriaca de economía]. 

-Profesor Bastos… ¿usted es de los que cree que, poco a poco, el Estado irá sustituyendo a la Iglesia?

-Eso es lo que se intenta. Si te fijas, al Estado ya se le da culto. Los símbolos del Estado tienen que ser saludados como se saludaba antes a Dios, se intenta suplir la figura de Dios. De hecho, los delitos de blasfemia, hoy en día, no son contra la religión, sino contra el Estado. Se intenta sustituir al Estado, como decía el Catecismo, como «el supremo hacedor del bien». Hasta la palabra «Estado» se escribe con mayúsculas, y no tiene por qué, se quiere imitar la idea de Dios, que esa sí va con mayúsculas.

»El Estado hoy es el que nos protege desde la cuna hasta la tumba. El que nos alimenta, nos cuida, premia a los buenos y castiga a los malos. Esa idea de bondad, de que todo lo hace por nuestro bien, trae consigo que la Iglesia empiece a estorbar, porque opone una contra moral, una moral alternativa. El Estado moderno ya no se limita a gestionar cosas o servicios como hacía antes, sino que el Estado quiere ser también el que determine la moral, lo que está bien, lo que está mal. Lo que es bueno o malo hoy lo dicta el BOE (Boletín Oficial del Estado, publicación diaria de las leyes que dicta el Gobierno o aprueba el Parlamento). 

-Está diciendo, entonces, que el Estado y la Iglesia no son compatibles…

-A mí me gusta hablar siempre de la indiferencia de la forma. La Iglesia Católica coexistió con todo tipo de formas políticas. Es la institución organizada más antigua que existe. Convivió con el Imperio Romano, con el absolutismo, con democracias, con sistemas comunistas… Y hay sitios donde la Iglesia se asoció al Estado, otros donde ambos conviven en paz y otros donde la Iglesia es una oposición. Convivir, pueden convivir, depende del tipo de Estado que se tenga en cada sitio. 

»Hay una cosa curiosa que es que la Iglesia funciona organizativamente mucho mejor cuando, por lo que sea, está opuesta al Estado. En sus comienzos, la Iglesia estaba perseguida y fue concebida en ese contexto. Por ejemplo, la Iglesia de los países comunistas fue una Iglesia que funcionó bastante bien, a pesar de todo lo que sufrió. La Iglesia se echa a perder cuando se alía con el poder político, es una Iglesia de peor calidad, porque, además de la buena gente de fe, se arriman arribistas para buscar poder y eso le hace perder calidad moral. 

-Hace unos días veíamos cómo, por orden de las autoridades británicas, se desconectaba a una bebé enferma en contra de la voluntad de sus padres. Y, hace pocos años, la hoy embajadora de España ante la Santa Sede, Isabel Celaá, decía que «los hijos no son de los padres»…

-Hoy en día la vida y la educación de los niños no es de los padres, es del Estado. Es el Estado el que decide en última instancia qué se hace o no con ellos. Hoy, llevar una educación cristiana, incluso en un colegio religioso, es muy complicado. No se puede educar a los hijos en nuestros valores, y esto cada vez va a más. 

»El Estado no solo intenta suplantar a Dios, sino también a la familia. La familia es uno de los últimos reductos que frena el poder ilimitado del Estado. ¿Quién me educa? Me educa el Estado. ¿Quién me da de comer? Me da de comer un comedor del Estado. ¿Quién me cuida? El médico de la sanidad del Estado… y, al final, dices: ¿quién es tu familia? Tu familia es el Estado.

»Ese bebé, ¿no es de los padres?, ¿por qué tiene que decidir sobre su vida? Al principio se empieza suave y luego, como con el aborto, hay un deslizamiento. Yo me temo que la eutanasia se convierta en una terapia más, y no «una cosa excepcional», «extrema», como decían. Por eso, la Iglesia siempre lo tuvo muy claro, que la vida tiene un comienzo claro y un final claro.

La bebé británica Indi Gregory fue desconectada del respirador recientemente en contra de la voluntad de sus padres.

-Pero hay liberales, y libertarios, que dicen que la vida de un no nacido es propiedad de la madre… que ella es dueña de su cuerpo…

-La ley actual del aborto no reconoce la potestad de la madre, solo hasta las 14 semanas, después de las 14 semanas ya no hay potestad de la madre. Pero, claro, filosóficamente eso es muy difícil de sostener. Si el argumento es que la madre es la propietaria del niño, sería hasta el nacimiento, no hasta las 14 semanas. El debate es otro, es a partir de en qué momento hay vida, y ahí la Iglesia lo tiene claro, desde la concepción. El aborto está mal porque se trata de una vida humana y está mal matar una vida humana.

»El argumento que utilizan algunos libertarios es que el cuerpo es propiedad de la madre, pero eso es un argumento falaz, porque el niño no tiene culpa de estar ahí, no entró él, es como si le atan y lo meten en un barco y lo descubren y dicen que es un polizón. La ley del mar dice que lo dejes en el primer puerto seguro que haya. 

-Cambiemos de tema drásticamente, profesor… ¿qué le parece la Edad Media?, no cree que fue una etapa muy cristiana y, quizá, escuchándole, hasta libertaria, según se mire… 

-Por eso es tan denigrada. Es una etapa en la que se construye la civilización occidental. Se construyen grandes avances éticos, la abolición de la esclavitud, las normas de la guerra, las treguas… se ponen una serie de pautas que lentamente van humanizando el mundo. Eso choca con la creación del Estado absoluto, con el Renacimiento, que, curiosamente, es la etapa que tiene buena fama.

»Claro que hubo guerras en aquella época, pero era en una escala mucho menor, no son guerras de odio, como son las del siglo XX, que llevan a una población entera a odiar a otra. Antes eran guerras por tierras o por algo circunscrito a los beligerantes. Es, además, una etapa ordenada en la que no hay un poder soberano, hay varios poderes que frenan a los estados: las noblezas, las ciudades, la propia Iglesia, y, en ese ambiente, se va formando una cultura de libertad.

»Se nos vende como una etapa oscura, pero es una etapa que no tiene parangón. Se construyen las catedrales… por eso los ilustrados se dedican a denigrarla, no encuentras un libro que la defienda. Frente al Imperio Romano, la Edad Media fue mucho más avanzada. Se pinta el Imperio como una cosa súper avanzada y de eso nada. En Roma la gente se divertía en el circo viendo asesinatos de inocentes, era una sociedad decadente, llena de esclavos. 

-Hay un libro de Thomas E. Woods titulado Cómo la Iglesia construyó la civilización occidental, prologado por el cardenal Antonio Cañizares, en el que se habla de esto mismo…

-Occidente es el cristianismo, lo que pasa es que ahora le llaman Occidente. Antiguamente le llamaban cristiandad. Lo que define a Occidente es el cristianismo y esto derivó luego en una serie de instituciones de raíz cristiana.

»Cuando veo a Voltaire, y a todos esos pensadores ateos, casi todos estudiaron en un colegio religioso. El hecho, además, de crear universidades, que es un concepto cristiano, es que luego produce librepensadores. El 80 o 90 por ciento de los valores de los ateos son cristianos.

-Vamos a ir acabando, profesor… vivimos en una época de continuas guerras, ¿tendría alguna solución como economista… y como católico?

-El comercio. Los seres humanos cuando comercian se vuelven pacíficos los unos con los otros, el problema surge cuando piensan que otro se lo puede quitar, entonces es cuando vienen las guerras. El comercio nos ayuda a pacificarnos y a relacionaros los unos con los otros. Nos interesa llevarnos bien si comerciamos. Al principio lo hacemos por interés, es verdad, pero luego ya no. Para que haya paz entre los pueblos tendríamos que depender más unos de otros.

El profesor Bastos, invitado a una ponencia por la Asociación Católica de Propagandistas.

-Por último, ¿podría recomendar algún libro a nuestros lectores? 

El poder y la gloria, de Graham Greene. El autor era muy pecador y no tuvo una vida muy ejemplar pero ese libro me impresionó mucho, ahí se ve el espíritu católico. Es un libro paradójico, es una persona que tiene problemas con el alcohol pero a la vez es cura.

»Está ambientado en la época de los cristeros, en México. El cura empieza a escapar y se va a la frontera, a Estados Unidos, pero, un día, lo llaman de México, porque hay un enfermo a punto de morir que necesita la extrema unción. Él sabe que es una trampa, sabe que lo van a matar, pero él va. Un cura católico tiene que ir y atender a un moribundo. Es un cura pecador, algo similar a lo que le pasa a Oscar Wilde, pero es un cura católico y tiene que ir, aunque sepa que es una trampa, un cura católico va con todas las consecuencias. 

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»