25/05/2024

Implantar embriones muertos o nunca tener padre: 8 ideas contra el relato de la fecundación in vitro

Quizá uno de los aspectos de los que más se precia la industria de la fecundación in vitro es el de la seguridad. Sin embargo, con frecuencia surgen casos que lo desmienten en casos concretos, en la teoría y en los tribunales.

Uno de los casos más sonados en España fue el que tuvo lugar en Sevilla, cuando un matrimonio, padres de un hijo de cinco años, decidieron someterse a un tratamiento de fecundación in vitro, pidiendo ella que se probase «solo con un embrión», pues existían casos de embarazos múltiples en su familia. «Era el caso de una prima mía que tras someterse a un tratamiento de fecundación in vitro, uno de los embriones se le dividió en dos y, en la actualidad, tiene tres hijos», explicó la madre a Vozpópuli. Con la seguridad de que la clínica afirmase que la posibilidad «era prácticamente inviable», la mujer resultó pronto embarazada artificialmente de tres mellizos y con la propuesta sobre la mesa de abortar a dos, a lo que el matrimonio se negó: «Aquellos bebés ya latían, ya tenían vida, y esto iba en contra de nuestros principios morales y nuestras creencias». Finalmente dos de sus hijas murieron y una nació con una lesión cerebral grave.

Recientemente, los provida de Live Action dirigidos por Lila Rose, se hacían eco de una denuncia interpuesta por nueve parejas a la clínica Ovation Fertility, en Orange (Californoa), alegando que había implantado a sabiendas embriones fallecidos. Ovation Fertility «sólo reveló los incidentes después de que los médicos especialistas en fertilidad de las parejas cuestionaran por qué había una tasa de fracaso del 100 por ciento para los embriones que habían sido descongelados durante el período de dos semanas previo a la implantación, cuando la tasa de éxito normalmente era superior al 75 por ciento». 

«Fue devastador física y emocionalmente saber que después de haber soportado todas las inyecciones, medicamentos y procedimientos dolorosos e invasivos, al final todo fue en vano. Queremos asegurarnos de que Ovation sea responsable de estos errores totalmente evitables y que esto no les vuelva a suceder«, relató una de las demandantes.

`Fue devastador física y emocionalmente saber que después de haber soportado todas las inyecciones, medicamentos y procedimientos dolorosos, todo fue en vano´. 

De vender a sus hijos a no tener nunca un padre

También hace unos días se hizo público uno de los comunicados de la empresa neoyorquina de fertilidad Indian Egg Donors, que se define como «proveedor líder» a la hora de ofrecer «esperanza y oportunidades a personas y parejas que buscan formar sus familias a través de la reproducción asistida». La empresa «muestra» en «catálogo» a sus «donantes con atributos únicos», como «sus características físicas y la formación académica«. Una descripción cuestionada por tratar a las mujeres «como si fueran ganado en una feria y reducidas a máquinas que existen para producir». Asimismo, destacadas personalidades provida como Jennifer Lahl, fundadora y presidenta de The Center for Bioethics and Culture Network,  alertan de que las mujeres que forman parte de programas como los de Indian Egg Donors «están vendiendo a sus hijos«, mientras que amenazas como la esterilidad son un riesgo poco mencionado a las mujeres que donan sus óvulos.

La seguridad que prometen las clínicas de fertilidad no solo falla a la hora de tratar a las madres y donantes. También a los propios hijos, que con frecuencia se ven privados de sus verdaderos padres tras ser concebidos por óvulos que son solo de uno de los dos padres biológicos, como  ocurrió en el hospital gaditano Puerta del Mar.

Según informó el diario La Razón, los hechos se remontan a 2019 cuando esta pareja decidió iniciar un proceso de reproducción asistida, que resultó exitoso en 2021.Según la denuncia hecha pública por la Asociación El Defensor del Paciente, «era un matrimonio feliz que había conseguido el sueño de tener un hijo en común, hasta que los reiterados comentarios de la familia sobre la falta de parecido físico» llevó a los padres a hacerse una prueba de paternidad «que tuvo el resultado devastador de saber que el niño no es hijo biológico del padre». Según el abogado Ignacio Martínez, el daño es «grave e irreparable porque el niño se verá privado de por vida del vínculo natural biológico con quien es su padre y toda su familia paterna además de que su propia historia y origen será siempre un interrogante». También advierte de que desconocer a su padre biológico tiene consecuencias en la salud «por no conocer el perfil genético de sus antecesores, clave en la medicina moderna». El de esta pareja no es el primer caso de hijos «fabricados» con células extraviadas.

Tanto los casos reales de riesgos descritos como otros muchos no mencionados son solo una confirmación de un escrito publicado por el católico presidente del The National Catholic Bioethics Center, Joseph Meaney.

En la propia web de la organización, Meaney daba argumentos de «por qué no se deben destruir embriones humanos», comenzando por el mismo uso de la palabra «destrucción de embriones«.

1º Un embrión no se destruye, se mata

Del mismo modo que un embarazo no se puede «interrumpir», como pretende el relato del aborto, la vida de los embriones humanos «no se puede destruir». Se trata a juicio de Meaney «una trampa retórica» en la que han caído «incluso teólogos» y que llama a evitar: «El correcto uso del lenguaje nos dice que no se mata un coche, que se destruyen objetos inanimados y se mata -y no destruye- cualquier ser vivo. Solo después de que la criatura haya muerto, se puede [hablar de] destruir sus cuerpos».

Joseph Meaney, presidente del The National Catholic Bioethics Center.

2º Un término diseñado para deshumanizar al embrión

El presidente del The National Catholic Bioethics Center se pregunta por qué, si eso es tan obvio, se emplea el término con tanta frecuencia. En su opinión, lejos de ser una coincidencia, habría sido «concebido originalmente para deshumanizar a los embriones humanos y, utilizando un lenguaje engañoso, justificar su tratamiento como objetos».

La de hablar de las víctimas como si fuesen inferiores a los humanos es, a su juicio, una técnica «constante» en los crímenes masivos contra grupos de población, como lo muestra la referencia a «propiedad» y no «personas» que se ejercía contra los esclavos siglos atrás también en EE.UU.

3º Un debate dominado por lo emocional

Meaney alude a la importancia de combinar lo racional con lo emocional en el presente debate, pues a efectos prácticos, es la prueba de que se estarían reconociendo derechos humanos a personas a partir de «cierto tamaño». «En lugar de seguir hechos y lógica científicos, las emociones y los sentimientos parecen dominar el debate sobre la fertilización in vitro, como mostró el cartel de un manifestante en Alabama que decía: `No se puede abrazar a un embrión´. Saben que estos embriones son humanos y están vivos y que sólo necesitan cuidados y nutrición materna para crecer como todos lo hemos hecho. Sin embargo, muchos están dispuestos a sacrificar una gran cantidad de embriones por la posibilidad de tener un bebé al que abrazar y amar».

4º Los derechos  de los padres… -y la dignidad- de los hijos

Meaney, que sufrió junto a su mujer la imposibilidad de tener hijos durante cerca de una década, sabe que el «dolor y el anhelo» pueden ser «verdaderas cruces». Sin embargo, matiza, «la respuesta a la infertilidad debe ser compasiva y veraz. Se deben respetar los derechos y la dignidad de la pareja que quiere ser padres y de sus hijos».

La más mínima evidencia o sospecha de defectos o anomalías genéticas es una sentencia de muerte para los embriones concebidos mediante FIV.

5º Un discurso plagado de mentiras…

La primera de ellas, dice Meaney, es que la FIV «es un tratamiento para la infertilidad», pues refuta que «en lugar de curar las condiciones médicas que mantienen a la pareja sin hijos, evita su infertilidad al concebir nuevas vidas humanas en un laboratorio, a veces con esperma u óvulos que provienen de terceros».

6º …que no se preocupa por la persona

«Inmediatamente después de generar nuevas vidas de la forma más fría científicamente posible, los nuevos embriones son tratados como objetos sujetos a control de calidad. La más mínima evidencia o sospecha de defectos o anomalías genéticas es una sentencia de muerte para los embriones concebidos mediante FIV que rutinariamente se descartan y se tiran», apunta.

7º Frente a la propuesta de la dignidad, un producto

Meaney también compara la propuesta de la Iglesia, que insiste ver al hijo como un «don de Dios y don supremo del matrimonio» bendecido por «una nueva creación», a la propia de la FIV. Esta, dice, «reemplaza el acto conyugal con técnicas de laboratorio y transforma un bebé, de un don, a un producto frecuentemente producido en masa´ para que sólo los `mejores´ puedan ser seleccionados con una mínima posibilidad de supervivencia».

8º La matanza de muchos para el nacimiento de uno

Meaney concluye remarcando que la FIV «es lo opuesto a una respuesta amorosa a la infertilidad», pues «implica la matanza y el sacrificio de muchos embriones para el nacimiento de un solo bebé sano y por eso la industria FIV quiere que se utilice la terminología de `destruir´ en lugar de matar embriones humanos». «A pesar del alto costo tanto en dinero como en manipulación hormonal de la mujer, la mayoría no terminan con un hijo vivo. Sin embargo, tienen la culpa de saber que muchas vidas nuevas fueron concebidas y asesinadas en el laboratorio, guardadas en congeladores indefinidamente o murieron por mortalidad al descongelarse, no lograron implantarse en el útero o murieron en un aborto espontáneo prematuro», agrega.

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»