26/02/2024

La búsqueda de Pasolini, marxista y homosexual, abrumado por la belleza moral del Evangelio

En 2024 se cumplen sesenta años de El Evangelio según San Mateo, una de las películas más célebre de Pier Paolo Pasolini (1922-1975), un personaje siempre polémico como escritor y como cineasta: anticapitalista en la Italia del despegue económico, marxista crítico con la servidumbre de la izquierda a los poderes económicos, homosexual a quien repugnaba la hipersexualización… Su asesinato en extrañas circunstancias incrementa el interés por los  rincones más recónditos de su personalidad.

El escritor y periodista Antonio Socci ha dedicado una entrada de su blog a recordar el vínculo de Pasolini con la fe y los orígenes de ese film sobre Jesucristo, que para Juan Manuel de Prada es un perfecto contrapunto formal a La Pasión de Cristo de Mel Gibson.

«Lo busco en todas partes». Han pasado 60 años del «Evangelio» de Pasolini

Hace diez años, L’Osservatore Romano escribió que la película El Evangelio según San Mateo, de Pier Paolo Pasolini, «sigue siendo una obra maestra, y probablemente la mejor película sobre Jesús jamás realizada». Martin Scorsese ha dicho lo mismo.

No sé si es exactamente así. Pero esta obra multipremiada, fechada en 1964 (este año cumple 60 años), representa ante todo un drama no resuelto, para su autor y para el mundo cultural italiano (laico-marxista ayer y genéricamente progresista hoy) que nunca ha llegado a aceptar realmente el cristianismo.

Algunas escenas de ‘El Evangelio según San Mateo’, donde Jesús fue interpretado por el actor español Enrique Irazoqui (1944-2020).

¿Cuál fue el origen de esta película? Todo surgió de la participación de Pasolini en una conferencia de Pro Civitate Christiana en Asís. En esos años, el escritor y director era un nombre muy controvertido, pero don Giovanni Rossi -fundador de Pro Civitate- era un sacerdote con una gran inteligencia de la fe.

Lejos y cerca de Juan XXIII

Pasolini llegó a Asís el 2 de octubre de 1962. Diez días después comenzaría el Concilio Vaticano II y, por una extraordinaria coincidencia, su presencia en Asís coincidió con la sorprendente peregrinación de Juan XXIII a la tumba de San Francisco.

Pasolini contó: «Fui huésped de la Pro Civitate Christiana de Asís, adonde volví más de una vez después, ya que esa puerta estaba siempre abierta para gente como yo. Era el 2 de octubre de 1962, y estaba a punto de llegar de Loreto Juan XXIII, el primer Papa que había salido del Vaticano y que vino a rezar ante la tumba del Poverello por el destino del inminente Concilio… Pensé en ese dulcísimo Papa campesino que había abierto los corazones y una esperanza que entonces parecía cada vez más difícil, y al que se le habían abierto las puertas de [la cárcel] Regina Coeli, donde había ido a ‘mirar a los ojos a ladrones y asesinos’ armado solo con su inmensa e ingeniosa piedad. Yo también sentí, por un momento, el deseo de levantarme y caminar hacia él, para verle de cerca y mirarle a los ojos. Pero mientras las campanas tañían sobre mi cabeza, de repente el deseo de verle se desvaneció. Me di cuenta de que sería una distracción irritante para mucha gente; me acusarían de buscar publicidad fácil. No me sentía el hijo pródigo, y para muchos aquel gesto no habría sido más que una muestra de mal gusto. Instintivamente eché mano a la mesilla de noche, cogí el libro de los Evangelios que había en todas las habitaciones y empecé a leerlo…»

De esa impactante lectura surgió la idea de la película que se estrenaría dos años después, en 1964, con esta dedicatoria: «A la amada, feliz y familiar memoria de Juan XXIII» (fallecido en 1963).

Imágenes de la visita de Juan XXIII a Loreto y Asís en 1962.

En el discurso que el Papa Juan XXIII pronunció en Asís el 4 de octubre de 1962, recordó estas palabras de Jesús: «Te lo confieso, oh, Padre, que has ocultado esta doctrina a los sabios y prudentes del siglo para reservarla a los pequeños y a los inocentes«.

Después el Papa comentó: «Es a éstos a quienes se prometió el reino de los cielos; y si sólo a éstos -no a los vanidosos ni a los facinerosos-, aquí con San Francisco, aquí estamos realmente a las puertas del Paraíso. Humana sabiduría, pues, riquezas materiales, dominio incontrastable, todo aquello de lo que el mundo se enorgullece y se alimenta bajo diversos nombres -fortuna, grandeza, política, potencia y prepotencia-, todo ante esta doctrina se detiene y se quiebra«.

La «belleza moral» del Evangelio

Son palabras que podrían considerarse el mejor comentario sobre la película de Pasolini, que en junio de 1963 escribió a un productor: «Para mí, la belleza es siempre una ‘belleza moral’; pero esta belleza nos llega siempre mediada: a través de la poesía, o de la filosofía, o de la práctica; el único caso de ‘belleza moral’ no mediada, sino inmediata, en estado puro, lo he experimentado en el Evangelio«.

Palabras que hacen pensar en Dostoyevski, según el cual la verdadera Belleza coincide con el Bien y es esa Belleza la que salva al mundo. El escritor ruso también había escrito en una carta: «En el mundo solo hay un ser absolutamente bello, Cristo, pero la aparición de este ser inmensa e infinitamente bello es ciertamente un milagro infinito».

¿Fue este encuentro entre Pasolini y Jesús un «milagro» casual, un episodio anómalo que quedó aislado (y olvidado) en su itinerario intelectual y humano?

Según Gabriella Pozzetto, es todo lo contrario. Esa película es el corazón de todo su viaje. En su libro «Lo busco en todas partes». Cristo en las películas de Pasolini (Ancora), escribe: «El elemento sagrado nunca se separa de Pasolini, comienza en la poesía con la representación de una vida impregnada de religiosidad y cuando elige el cine sigue un camino que tiene como destino ideal el único gran texto sagrado que inspiró su vida: el Evangelio«.

Añade a continuación que esta película «es el punto central, inconsciente y consciente, de toda su producción o, mejor, de su existencia«.

Por último, concluye: «Las películas anteriores al Evangelio… parecen haber sido realizadas para alcanzar ese objetivo específico, y las posteriores tienen la connotación de la pérdida de esa referencia, que es entonces la simple lectura de la realidad sin Cristo«. De hecho, «la vitalidad inicial del poeta» se transforma con los años «en un ‘entusiasmo sombrío‘ ante la realidad del escenario social».

Una entrevista televisiva (en italiano con subtítulos en inglés) en la que Pasolini confiesa que su visión del mundo es «religiosa». Ve en todas las cosas «un milagro», y en el Evangelio «un gran edificio de pensamiento» que «llena, integra, regenera», pero… para él, «no consuela», entendiendo la «consolación» como «esperanza». 

El dramatismo de esta pérdida, de aquella semi fulguración en el camino de Damasco, reside en la carta que Pasolini escribió a Don Giovanni Rossi, y que concluía así: «Estoy ‘atascado’, querido Don Giovanni, de un modo que solo la Gracia podría deshacer. Mi voluntad y la de los demás son impotentes. Y esto solo puedo decirlo objetivándome y mirándome desde su punto de vista. Tal vez sea porque siempre me he caído del caballo: nunca me he mantenido arrogantemente en la silla (como muchos de los poderosos de la vida o muchos miserables pecadores): siempre me he caído y uno de mis pies ha quedado atrapado en los estribos, de modo que mi carrera no es una cabalgata, sino un ir arrastrado, con la cabeza golpeando el polvo y las piedras. No puedo ni volver a subir al caballo de los judíos y de los gentiles, ni caer para siempre sobre la tierra de Dios. Le doy las gracias de nuevo, con todo mi afecto».

Traducción de Verbum Caro.

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»