29/11/2021

LA FE PURA E INMACULADA: UN VERDADERO PAPA NO PUEDE ENSEÑAR EL ERROR


…tu es Petrus et super hanc petram 
aedificabo ecclesiam meam 
et portae inferi 
non praevalebunt adversum eam

Evangelio de San Mateo, cap. 16, vers. 18


               Hay quienes, ya sea por ignorancia o más bien por malicia, pretenden que el Magisterio de la Iglesia no es infalible salvo cuando define los Dogmas revelados por Dios; dicen que la Iglesia se abstrae de ese Magisterio, infalible únicamente cuando, con una Declaración Solemne define un punto de Fe o de Moral, tanto en el seno de los Concilios como en los decretos pontificios. Estas afirmaciones son, ambas, contrarias a la verdad. Para empezar, el Magisterio de la Iglesia es doble: uno Extraordinario, otro Ordinario.

               El primero, el Magisterio Extraordinario, es únicamente el que se ejerce por juicio solemne, cuando surgieron ciertas dudas referentes al entendimiento de los Dogmas, o bien, por cierto, error pernicioso que amenace la pureza de la creencia o de las costumbres.

               El Magisterio Ordinario, sin embargo, es el que se ejerce, bajo la vigilancia del Papa, por los Obispos Católicos repartidos por todo el mundo, bien por medio de la palabra escrita o hablada en las predicaciones y los catecismos, bien por el ejercicio del culto y de los ritos sacros , bien por la administración de los sacramentos y todas las demás prácticas y manifestaciones de la Iglesia. Estos dos géneros de Magisterio se afirman en términos expresados por el Concilio Vaticano I:

                    «Estamos obligados a creer, con Fe divina y Católica, en todo lo contenido en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia, tanto con un juicio solemne como con una enseñanza ordinaria y universal, propone a nuestra Creencia como revelada por Dios.» (Constitución Dei Filius)

               Pretender que el fiel no esté obligado a creer salvo en aquellas verdades que hayan sido objeto de una definición solemne de la Iglesia sería redundar en decir que antes del Concilio de Nicea él no tenía la obligación de creer en la Divinidad del Verbo; ni en la Presencia Real de Jesucristo en la Sagrada Eucaristía, antes de la condena de Berengaria. En segundo lugar, la Infalibilidad del Magisterio Extraordinario y del Magisterio Ordinario no se extiende únicamente a los Dogmas que Dios ha revelado, sino también a las consecuencias que en ellos están contenidas, y en general a todo lo que con ellos es conexo, a todo lo indispensable para conservarlos intactos y protegerlos contra los ataques y las trampas del error. Sin eso, Dios no habría tomado las medidas suficientes para que los Pastores estuvieran en condiciones de preservar a los Fieles contra las fuentes envenenadas, Él no los habría provisto de los medios necesarios para asegurar eficazmente el Depósito de la Fe que a ellos se les ha encomendado.»


Padre Matteo Liberatore, SI


DEFENDER LA INTEGRIDAD DEL DOGMA CATÓLICO
afirmar todas y cada una de las Verdades de Fe
que la Iglesia enseña sea bien por 
su Magisterio Ordinario como por el Extraordinario


               El Papa es infalible cuando habla desde sus oficios sobre Fe o Costumbres, sea mediante el Magisterio Extraordinario, sea desde el Magisterio Ordinario, ora mediante una Bula, ora mediante una Carta Apostólica, ora mediante una Encíclica, o bien mediante un Motu Proprio o un simple Radiomensaje. Nadie puede, pues, basándose en ellas, excluir al Magisterio Ordinario Pontificio de los modos auténticos de presentación de la Regla de Fe, tal como toda la Santa Iglesia lo ha creído desde los Tiempos Apostólicos.

               Vemos pues que hay en la Iglesia un doble modo de Infalibilidad: el primero se ejerce por el Magisterio ordinario … Es por lo que, lo mismo que el Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad permanece constantemente en la Iglesia, y la Iglesia también enseña constantemente las Verdades de la Fe con la asistencia del Espíritu Santo. Ella enseña todas las Verdades, ya estén definidas, ya estén explícitamente contenidas en el Depósito de la Revelación, pero no definidas todavía; ya, en fin, aquellas que son objeto de Fe implícita. Estas Verdades la Iglesia las enseña diariamente, tanto principalmente por el Papa como por cada uno de los Obispos en comunión con aquél. Todos, el Papa y los Obispos, en esta enseñanza ordinaria son infalibles con la infalibilidad misma de la Iglesia.

               Algunos Católicos mal formados o ignorantes de la Sana Doctrina defienden heréticamente que Roma, o sea, el Papa, puede errar y seguir siendo Papa. El sensus Católico dice lo contrario: si el Papa yerra, si enseña el error, es la señal inequívoca de que no es el legítimo Papa, siguiendo la Promesa hecha a Pedro y a sus sucesores por Nuestro Señor Jesucristo, de que las puertas del infierno -las herejías- no prevalecerían, orando no por la Fe de todos, sino por la de Pedro, sobre el cual constituyó su Iglesia, «tu es Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam et portae inferi non praevalebunt adversum eam» (Evangelio de San Mateo, cap. 16, vers. 18).

               Por tanto, es OBLIGACIÓN GRAVE de todo Católico defender la integridad del Dogma, afirmar todas y cada una de las Verdades de Fe que la Iglesia nos enseña; sea por su Magisterio Ordinario, sea por su Magisterio Extraordinario, con todo lo que significan estas Verdades, con todas las consecuencias que se derivan de ellas, sin olvidar que la Fe es Una, y que si se niega la más pequeña de las Verdades de Fe, o se la pone en duda, se las niega o pone en duda a todas.


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