15/04/2024

«La sociedad del Rosario»: los 72 días de angustia de las madres de los «desaparecidos» en los Andes

La película La sociedad de la nieve, del director español J. A. Bayona, es ya, sin duda, una de las grandes películas de la última década. La nominada en los pasados Premios Oscar a mejor película extranjera se ha convertido en todo un fenómeno de masas, curiosamente entre la gente más joven. Una cinta de Netflix que ha sido más vista en los cines que películas de renombre como la oscarizada Oppenheimer. 

A poco más de medio siglo del accidente de avión de los Andes, en el que sobrevivieron 16 jóvenes uruguayos que tuvieron que alimentarse con los cuerpos de sus compañeros, las derivadas de esta tragedia, convertida con el paso de los días en milagro, son numerosas y todas ellas enriquecedoras, especialmente, desde el punto de vista espiritual.

«El que no cree, se va»

Sin embargo, mientras que lo ocurrido arriba de las montañas está sobradamente documentado -tres películas, numerosos documentales y más de una decena de libros-, resulta menos conocido lo que aconteció durante los 72 días de angustia en la llamada «sociedad del llano», o, como el periodista José María Zavala la acaba de apodar, «la sociedad del Rosario». 

En una emotiva y reveladora entrevista realizada en el canal Refugio Zavala de YouTube, Agó Páez, la hermana de Carlitos Páez, uno de los supervivientes más jóvenes de los Andes, comparte sus reflexiones sobre el éxito de La sociedad de la nieve, y, sobre todo, de la figura de su madre, que desempeñó un papel crucial tanto en la supervivencia física como en el fortalecimiento espiritual de los sobrevivientes. En su casa, cada tarde, se reunían las madres de los desaparecidos para rezar el Rosario a la Virgen.

De izquierda a derecha: Nando Parrado, Carlos Páez padre y Carlos Páez hijo.

Magdalena, conocida artísticamente como Agó, resalta en esta entrevista la determinación y el amor inquebrantable de Madelón, su madre, que, con fe, inspiró al resto de familias en los momentos más oscuros. «Ella era una fuente de luz y esperanza para todos nosotros en medio de la desesperación. Su fe inquebrantable en Dios nos recordaba que nunca estábamos solos, incluso en las circunstancias más desafiantes».

[Madelón, la madre de los Páez, publicó poco antes de morir y aconsejada por un sacerdote español, el libro ‘El rosario de los Andes’, donde cuenta la importancia de la Virgen durante la larga y angustiosa espera tras el accidente de los Andes. Actualmente se encuentra descatalogado y su precio es altísimo].

«La fe nos sostuvo durante aquellos días sombríos en los Andes. Nos recordó que la vida tiene un propósito más grande, y que incluso en medio de la tragedia podemos encontrar fuerza y ​​esperanza en Dios«, comenta la hija de Carlos Páez Vilaró, el artista uruguayo, posiblemente, más reconocido en la segunda parte del siglo XX y encargado en su día de anunciar en la radio local los nombres de los 16 sobrevivientes. 

«Mi abuela era argentina, de la ciudad de Rosario, quedó huérfana y se crió en el colegio con las monjas del Sagrado Corazón. Ella era como una monja, cocinaba como las monjas, planchaba como las monjas, era de esas personas impecables. Y rezaba el Rosario todos los días. Desde que tenía tres años vistió de luto… hasta que apareció mi hermano en la cordillera», comenta Magdalena sobre la fe de su familia.

Precisamente, un rosario fue lo que le entregó la madre de Carlos Páez a su hijo el día que tomó el avión de los Andes. Era el rosario de su boda, el mismo que rezarían los sobrevivientes cada noche antes de intentar dormir en el fuselaje del avión. «Jamás le daba el rosario a nadie, porque era como su protección, mi hermano le dijo que no se lo diera, pero ella se empeñó y le dijo que se lo llevara porque le iba a acompañar», comenta Agó.

Tráiler de ‘La sociedad de la nieve’.

«Ahora, cuando me preguntan cómo pudimos superar esos 72 días, yo digo que fue gracias a rezarle a la Virgen. Tú no puedes pensar que una madre aguante tanto sin derramar una sola lágrima. Siempre con fuerza, sin parar de buscar. Esa fuerza era de Dios, no había duda», confiesa la hermana de Carlos Páez. 

«Todas las tardes, mi casa era como ‘el club del rosario’, venían todas las madres y las novias de los desaparecidos, muchas a escondidas, porque sus maridos decían que en mi casa estábamos todos locos, que lo único que hacíamos era motivar para algo que no iba a ser real. La madre de uno de los sobrevivientes se escondía tras las plantas para que nadie la viera y así poder rezar, ella estaba segura de que su hijo estaba vivo».

Pero, si hay algo sorprendente en toda esta historia son los elementos providenciales que la salpican de principio a fin. Algunos de ellos muy vinculados con la fe, la Virgen y el rezo del Rosario. Como, por ejemplo, que el lugar donde cayó el avión se llamara «el valle de las lágrimas» -como se reza en la Salve-, y que el glaciar que atravesaron Parrado y Canessa en su travesía final hacia Chile se conociera como «el glaciar de la Resurrección».

«Cuando ya habían pasado muchos días desde el accidente, llegó el médico de la familia a casa y nos dijo a mí y a mi hermana que le dijéramos a mi madre que se hiciera a la idea de que Carlitos no iba a aparecer. Fuimos a decírselo y nuestra madre nos dijo: ‘En esta casa el que no cree, se va‘. Y, entonces, nos quedamos», comenta Agó Páez en Refugio Zavala.

La entrevista completa con la hermana del sobreviviente Carlos Páez. 

La hermana de Carlos Páez concluye la entrevista con unas palabras sobre el arte, al que ha dedicado toda su vida, y la importancia de la fe. «Yo pinto diferentes técnicas, pero lo que hago tiene que ayudarnos siempre a ser mejores. Llevo todo este camino del arte a los niños, que son mis mejores espectadores, para que se puedan encontrar con esta esencia divina a través del Espíritu Santo, y que sean mejores y colaboren con el entorno», explica

 

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PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»