27/02/2024

LAS HORAS DE LA PASIÓN, de las Revelaciones de Luisa Picarretta. PRIMERA HORA

Hemeroteca Laus DEo21/01/2022 @ 00:50

 
«…quien piensa siempre en Mi Pasión 
forma en su corazón una fuente, 
y por cuanto más piensa tanto más 
esta fuente sea grande, y como las aguas 
que brotan son comunes a todos, 
esta fuente de Mi Pasión que se forma 
en el corazón sirve para el bien del alma, 
para gloria Mía y para bien de las criaturas.» 


Revelación de Nuestro Señor a Luisa Picarretta, 
el 10 Abril de 1913


Preparación antes de la Meditación 


               Oh Señor mío Jesucristo, postrado ante Tu divina Presencia suplico a Tu amorosísimo Corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las Veinticuatro Horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en Tu Cuerpo adorable como en Tu Alma Santísima, hasta la muerte de Cruz. 

               Ah, dame Tu ayuda, Gracia, Amor, profunda compasión y entendimiento de Tus padecimientos mientras medito ahora la Hora…(primera, segunda, etc) y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante las horas en que estoy obligado dedicarme a mis deberes o a dormir. 

               Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si en efecto hiciera santamente todo lo que deseo practicar. 

               Gracias te doy, oh mi Jesús, por llamarme a la unión Contigo por medio de la oración. Y para agradecerte mejor, tomo Tus pensamientos, Tu lengua, Tu Corazón, y con éstos quiero orar, fundiéndome todo en Tu Voluntad y en Tu amor, y extendiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza en Tu Corazón empiezo…



DE LAS 5 A LAS 6 DE LA TARDE 

PRIMERA HORA 

Jesús se despide de 
Su Santísima Madre 


               Oh Mamá Celestial, ya se acerca la hora de la separación y yo vengo a Ti. Oh Madre, dame Tu amor y Tus reparaciones, dame Tu dolor, pues junto Contigo quiero seguir paso a paso al adorado Jesús. Y he aquí que Jesús viene y Tú con el alma rebosante de amor corres a Su encuentro, pero al verlo tan pálido y triste, el corazón se Te oprime por el dolor, las fuerzas Te abandonan y estás a punto de desmayarte a Sus pies. 

               Oh dulce Mamá ¿sabes para qué ha venido a Ti el adorable Jesús? Ah, ha venido para decirte Su último adiós, para decirte una última palabra y para recibir Tu último abrazo… Oh Mamá, me estrecho a Ti con toda la ternura de que es capaz este mi pobre corazón, para que estrechado y unido a Ti pueda yo también recibir los abrazos del adorado Jesús. ¿Me desdeñas acaso Tú? ¿No es más bien un consuelo para Tu Corazón tener un alma a tu lado y que comparta Contigo las penas, los afectos y las reparaciones? Oh Jesús, en esta Hora tan desgarradora para Tu tiernísimo Corazón qué lección nos das, lección de filial y amorosa obediencia para con Tu Madre. 

               ¡Qué dulce armonía la que hay entre María y Tú! ¡Qué suave encanto de amor que sube hasta el Trono del Eterno y se extiende para salvar a todas las criaturas de la tierra! Oh Celestial Madre mía, ¿sabes lo que quiere de Ti el adorado Jesús? No quiere otra cosa sino Tu última bendición. Es verdad que de todas las partículas de Tu ser no salen sino bendiciones y alabanzas al Creador, pero Jesús al despedirse de Ti quiere oír esas dulces palabras: “Te Bendigo…” . Y yo me uno a Ti, oh dulce Mamá, y en las alas de los vientos quiero recorrer el Cielo para pedir al Padre, al Espíritu Santo y a los Ángeles todos un “Te Bendigo” para Jesús, a fin de que, yendo a Él, le pueda llevar Sus bendiciones. 

               Y aquí en la Tierra quiero ir a todas las criaturas y obtener de cada boca, de cada latido, de cada paso, de cada respiro, de cada mirada, de cada pensamiento, bendiciones y alabanzas a Jesús, y si ninguna me la quiere dar, yo quiero darlas por ellas. 

               Oh dulce Mamá, después de haber recorrido y girado por todo para pedir a la Sacrosanta Trinidad, a los Ángeles, a todas las criaturas, a la luz del sol, al perfume de las flores, a las olas del mar, a cada soplo de viento, a cada llama de fuego, a cada hoja que se mueve, al centellear de las estrellas, a cada movimiento de la naturaleza, un “Te Bendigo” vengo a Ti y uno mis bendiciones a las Tuyas.

               Dulce Mamá, veo que recibes consuelo y alivio y ofreces a Jesús todas mis bendiciones en reparación por todas las blasfemias y maldiciones que recibe de las criaturas. Pero mientras te ofrezco todo, oigo Tu voz temblorosa que dice: “Hijo, bendíceme también Tú”. Y yo te digo, oh dulce Jesús mío, bendíceme a mí también al bendecir a Tu Madre, Bendice mis pensamientos, mi corazón, mis manos, mis pasos y todas mis obras, y bendiciendo a Tu Madre bendice a todas las criaturas. 

               Oh Madre mía, al ver el Rostro del dolorido de Jesús, pálido, acongojado y triste, se despierta en Ti el pensamiento de los dolores que dentro de poco habrá de sufrir… Prevés Su Rostro cubierto de salivazos y lo bendices; Su Cabeza traspasada por las espinas, Sus Ojos vendados, Su Cuerpo destrozado por los flagelos, Sus Manos y Sus Pies atravesados por los clavos, y adonde quiera que Él está a punto de ir Tú lo sigues con tus bendiciones…Y junto Contigo yo también lo sigo. Cuando Jesús será golpeado por los flagelos, traspasado por los clavos, golpeado, coronado de espinas, en todo encontrará junto con Tu “Te Bendigo”, el mío. 

               Oh Jesús, oh Madre, os compadezco. Inmenso es Vuestro dolor en estos últimos momentos, tan inmenso que parece que el corazón del uno arranque el corazón del otro. Oh Madre, arranca mi corazón de la Tierra y átalo fuerte a Jesús para que estrechado a Él pueda tomar parte en Tus Dolores. Y mientras os estrecháis, os abrazáis, os dirigís las últimas miradas y los últimos besos, estando yo en medio de vuestros dos Corazones, pueda yo recibir Vuestros últimos besos y Vuestros últimos abrazos. ¿No veis que no puedo estar sin Vosotros, a pesar de mis miserias y frialdades? 

               Jesús, Madre mía, tenedme estrechado a Vosotros, dadme Vuestro amor, Vuestro Querer, saetead mi pobre corazón, estrechadme ente Vuestros brazos, y junto Contigo, oh dulce Madre, quiero seguir paso a paso al adorado Jesús con la intención de darle consuelo, alivio, amor y reparación por todos. 

               Oh Jesús, junto con tu Madre te beso el pie izquierdo suplicándote que quieras perdonarme a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos caminado hacia Dios. Beso Tu Pie derecho pidiéndote me perdones a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos seguido la perfección que Tú querías de nosotras. Beso tu Mano izquierda pidiéndote nos comuniques Tu Pureza. Beso Tu Mano derecha pidiéndote me bendigas todos mis latidos, mis pensamientos, los afectos, para que recibiendo el valor de Tu Bendición sean todos santificados. Y bendiciéndome a mí bendice también a todas las criaturas y con Tu bendición sella la salvación de sus almas. 

               Oh Jesús, junto con Tu Madre Te abrazo y besándote el Corazón Te ruego que pongas en medio de Vuestros dos Corazones el mío para que se alimente continuamente de Vuestros Amores, de Vuestros Dolores, de Vuestros mismos afectos y deseos, en suma, de Vuestra misma Vida. Así sea.



Ofrecimiento después de Cada Hora

 

                Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta Hora de Tu Pasión a hacerte compañía y yo he venido. Me parecía sentirte angustiado y doliente que orabas, que reparabas y sufrías y que con las palabras más elocuentes y conmovedoras suplicabas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo, y ahora, teniendo que dejarte por mis habituales obligaciones, siento el deber de decirte: “Gracias” y “Te Bendigo”. Sí, oh Jesús!, gracias te repito mil y mil veces y Te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos…

               Gracias y Te bendigo por cada gota de Sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra y mirada, por cada amargura y ofensa que has soportado. En todo, oh Jesús mío, quiero besarte con un “Gracias” y un “Te bendigo”. 

               Ah Jesús, haz que todo mi ser Te envíe un flujo continuo de gratitud y de bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo continuo de Tus bendiciones y de Tus gracias…

               Ah Jesús, estréchame a Tu Corazón y con tus manos santísimas séllame todas las partículas de mi ser con un “Te Bendigo” Tuyo, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa sino un himno de amor continuo hacia Ti. 

               Dulce Amor mío, debiendo atender a mis ocupaciones, me quedo en Tu Corazón. Temo salir de Él, pero Tú me mantendrás en Él, ¿no es cierto? Nuestros latidos se tocarán sin cesar, de manera que me darás vida, amor y estrecha e inseparable unión Contigo. 

               Ah, te ruego, dulce Jesús mío, si ves que alguna vez estoy por dejarte, que Tus latidos se sientan más fuertemente en los míos, que tus manos me estrechen más fuertemente a Tu Corazón, que Tus ojos me miren y me lancen saetas de fuego, para que sintiéndote, me deje atraer a la mayor unión Contigo. Oh Jesús mío!, mantente en guardia para que no me aleje de Ti. Ah bésame, abrázame, bendíceme y haz junto conmigo lo que debo ahora hacer… 

LAS HORAS DE LA PASIÓN cuenta con aprobación eclesiástica:
Imprimatur dado en el año 1915 por Mons. Giuseppe María Leo,
Arzobispo de Trani-Barletta-Bisciglie, y con Nihil Obstat 
del Canónigo Aníbal María de Francia

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