23/02/2024

LUISA PICARRETA, ALMA VÍCTIMA

Hemeroteca Laus DEo07/03/2022 @ 20:45

 

«Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, 
porque, has escondido estas cosas 
a los sabios y entendidos, 
y se las has revelado a la gente sencilla» 


Evangelio de San Mateo, cap. 11, vers. 25


                Luisa Picarreta nació el 23 de Abril de 1865 en Corato, provincia de Bari, Italia. Aquél día era Dominica in Albis (Segundo Domingo de Resurrección), y Luisa ocupó el quinto lugar entre siete hermanas más; por la tarde del mismo día fue bautizada en la Iglesia Matriz del pueblo. Participó en la vida de su familia, de origen campesino. El padre administraba los campos de un propietario rico y con su familia se trasladaba por largos períodos a una hacienda situada en la altiplanicie de la Murgia. Ya era singular que esta niña dedicara mucho tiempo a esconderse para sumirse por largas horas en la oración. A la edad de 9 años recibió la Primera Comunión y la Confirmación, y empieza a escuchar la voz de Jesús en su interior sobre todo después de haber comulgado; la corrige y la guía en la vida del espíritu para que la ley sea sobre «perfecta imagen» e inspirándose una vida de Nazaret la educa en la mortificación de la voluntad por amor.  A los 13 años siente que debe introducirse en la Meditación de la Pasión de la Pasión de Jesús que empieza cotidianamente. 

               Se une a las “Hijas de María”, Congregación laical asistida en Corato por el Sacerdote Fray Michele De Benedictis (1944-1910) e inicialmente ubicada en la iglesia del ex convento de los Capuchinos. En este lugar se encuentra también un Instituto femenino de señoritas, hijas de familias pudientes, confiado a las Religiosas de la Caridad de la Inmaculada Concepción de Ivrea. Aquí Luisa frecuentará solo las primeras clases de la escuela elemental, teniendo a las Religiosas como maestras.



               Sus padres no notaron la intensa vida interior de Luisa hasta que como a los 17 años, en la primavera, cuando ella estaba en la hacienda en la localidad llamada «Torre Desesperada», Luisa manifestó un misterioso y siempre más frecuente estado de sufrimiento que la hacía perder los sentidos y la sumía en un estado de «petrificación» durante el cual tenía visiones de Jesús quien la escogió como víctima. 

               Los fenómenos se suceden siempre más frecuentemente tanto que la obligan a permanecer en el lecho. Son los preludios de aquello a lo que Luisa llamará en “vida nueva”. Empiezan las incomprensiones familiares y la visita del médico de familia. Incapaz de dar un diagnóstico certero, el médico no encuentra nada mejor que sugerir la «visita» de un Sacerdote. Si obedece a la intervención del agustino Padre Cosma Loiodice que conocía a Luisa gracias a las Hijas de María. Con gran sorpresa, solo la bendición sacerdotal la libró de inmediato del estado de malestar en que se encontraba y esto seguirá haciendo cada vez que se necesite considerablemente por aproximadamente 4 años.

               Luisa se hace Terciaria Dominica con el nombre de Sor Magdalena, en la Iglesia de Santa María Greca. En ausencia de Fray Cosma los Sacerdotes se rehúsan a ir a donde Luisa. Entonces, su madre si dirige al Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe Bianchi dé Dottula, para que disponga un Sacerdote que se ocupe de la vida espiritual de Luisa. El Arzobispo dispone que Don Michele De Benedictis pueda ir a donde Luisa en la ausencia del padre Agustín. Pero en realidad a partir de 1886 asume su cuidado espiritual de modo definitivo.

               Luisa abre el corazón a su Director Espiritual y le cuenta por primera vez lo que le sucede cuando pierde los sentidos, lo de sus visiones y su vida interior. En este período se inicia otro fenómeno que luego acompañará a Luisa durante el resto de la vida: después de haber comido, en un espasmo, se vio obligada a devolver lo que había comido. Todos asegura que la comida se presenta en perfectas condiciones y acompañada de un agradable perfume. Pero el Director, Don Michele, no está del todo convencido de la extraordinariedad de esos fenómenos, por lo que pos la prueba imponiéndole con la “obediencia” muchas cosas que ciertamente no le dan alivio.

              En la segunda quincena de Noviembre de 1887, Luisa, con el consentimiento de su Director, acepta quedarse completamente postrada en cama, ofreciéndose como “víctima voluntaria”. Inicialmente cree que debe ser por cuarenta días para implorar la paz por la guerra en África, pero más adelante entenderá que Jesús le pide que este sacrificio sea continuo por el resto de su vida. Así hasta su muerte, alrededor de 60 años, permanece en su lecho sin ninguna enfermedad y sin que se le vea llaga alguna de decúbito. Mientras por la noche cae en su “estado habitual” de malestar con la “petrificación”, con frecuencia su alma deja su cuerpo para estar con Jesús y escuchar sus enseñanzas.

              Precisamente durante una de estas “salidas”, el 21 de Octubre de 1888, festividad de la Pureza de la Virgen María, vive el primer desposorio místico con Jesús a la presencia de la Virgen María y de Santa Catalina de Siena. Éste se renueva el 7 de Septiembre de 1890, vísperas de la Natividad de María, a la presencia de la Santísima Trinidad en el Cielo y obtiene el don de poder percibir sensiblemente la «habitación» de las Tres Divinas Personas en su alma. Finalmente, en la Fiesta de la Exaltación de la Cruz de 1894 o 1895, vive el místico Desposorio de la Cruz en los lugares de la Pasión en Jerusalén. En esta ocasión recibe los estigmas pero que, después de haberlo pedido decididamente, quedarán invisibles. Gracias a esta experiencia recibe también una profunda conciencia de sus pecados y siente por ellos un vivo dolor.

               Cuando en 1898 Don Michele De Benedictis debido a sus múltiples empeños pastorales deja la dirección espiritual de Luisa, señala como sucesor al Canónigo Don Gennaro De Gennaro (1844-1922), Párroco en San José, en Corato.

               Debido a la extrema reserva de Luisa, el nuevo Confesor, después de haber escuchado lo que le sucedía durante ese «estado», le ordena por obediencia escribir un diario espiritual en el cual debía anotar con diligencia cuanto escuchaba y veía. Al ofrecimiento de su postración en cama se añade «la cruz de escribir» a la cual será fiel, escribiendo cerca de 10 mil páginas, desde el 28 de Febrero de 1899 hasta el 28 de Diciembre de 1938. Dos meses después de haber comenzado a escribir el segundo cuaderno, el Confesor le pide escriba que lo que le había venido pasando en su vida pasada. Nacen así los cuadernos que constituyen una verdadera autobiografía espiritual desde la edad de 9 años.

              Se sustenta la alimentación y el estipendio de la Santa Misa con un trabajo de encaje de “bolillos” que aprendió de niña y acoge a jóvenes que quieren aprender dicho arte. Su casa además de ser una escuela de este arte es una escuela de vida espiritual de la cual no solo reciben los aprendices-discípulas sino que también muchas otras personas que comienzan a frecuentar su casa para escuchar su consejo y pedir su oración.

               Es la venida de la gente que tanto sospecha que el Arzobispo Mons. Tommaso de Stefano, en 1902 dispone que el Confesor ya no vaya a donde Luisa. Pero la prohibición dura sólo unas pocas semanas. Al año siguiente decide ir él mismo en persona visitar a Luisa para interrogarla, concluyendo con un juicio positivo. También su sucesor, el Arzobispo Mons. Francesco Paolo Carrano, visita a Luisa y en 1908 obtiene de la Santa Sede la facultad para que se pueda celebrar la Santa Misa cotidiana en su casa. Cuando en 1910 inauguró en Trani el Hogar Femenino Antoniano del Padre Aníbal María de Francia (1851-1927), se los entregó a la religiosa siciliana sobre Luisa y su Diario. 

               El Padre Aníbal María de Francia, queda conquistado de inmediato por la espiritualidad de Luisa a quien visita repetidamente. De manera particular le fascina su modo de meditar la Pasión de Nuestro Señor, tanto como le pide que escriba en un cuaderno a parte de sus reflexiones. Nace así la obra de la que se encargó él mismo de publicar en 1915, con el título de “El Reloj de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo con afectivas consideración y reparaciones”. Ante el gran éxito encontrado, decide publicarlo en una nueva edición del mismo año y luego en 1917 y 1925. El texto fue enriquecido progresivamente con otras prácticas y algunas oraciones. Pero sobretodo con un Apéndice que contiene por primera vez algunas páginas del Diario con el título “Tratado de la Divina Voluntad”.

               Hasta 1926, el Padre Aníbal revisó los primeros 18 volúmenes del Diario, y como resultado de la correspondencia entre Luisa y él, se preparó a publicar los textos. De hecho, el Arzobispo de Trani, Mons. Giuseppe María Leo, había nombrado «Censor Eclesiástico» para las publicaciones de sus Diócesis y después de haber obtenido el «Nihil Obstat» de Padre Aníbal, puso también en «Imprimatur» directamente en el primero 18 tomos manuscritos del Diario, renunciando al permiso para la publicación. La muerte de Padre Aníbal, sin embargo, impidió la realización de este proyecto editorial.

               Según el Padre Aníbal, en el Prefacio que él mismo escribiera  para el Reloj de la Pasión «Esta Esposa de Jesús crucificado que pasa la noche en éxtasis dolorosos y en toda clase de padecimientos, al verla luego durante el día medio sentado en una cama, trabajando entre las agujas y los alfileres, nada, nada se transparenta, en lo más mínimo de una persona que durante la noche haya sufrido tanto, nada, nada que deje entrever algo de extraordinario, de sobrenatural, al contrario: en todo su aspecto es una persona sana, alegre y jovial. Habla, conversa, en ocasiones ríe, pero tiene pocas amigas. En ocasiones algún corazón atribulado se confía a ella, le pide oraciones. Escucha benignamente, consuela, pero nunca habla para profetizar, jamás una palabra que deje entrever alguna revelación. El gran consuelo que presenta, es siempre uno, siempre el mismo argumento: la Divina Voluntad».

               La estima que Luisa tenía por el Padre Aníbal la llevaría a aceptar la invitación de mudarse el 7 de Octubre de 1928 a la casa de las Hijas del Divino Celo, en Corato, que fue construida y consagrada, por voluntad de su Fundador, a la «Divina Voluntad».

                A su muerte Don Gennaro es remplazado como Confesor Don Francesco De Benedictis (1868-1926). Pero el haber muerto también prematuramente fue sustituido por Don Benedetto Calvi (1886-1968) aquí, en colaboración con el rogacionista Padre Pantaleone Palma, le dio un nuevo impulso a la publicación del Diario. De hecho, en 1939 subió a la luz del libro con el título: “En el Reino de la Divina Voluntad. Historia de un alma. Primera Parte. Alba que surge”, en el cual fueron publicados los volúmenes 1º, 2º, 3º y casos todo el volumen 4º del Diario con muchas correcciones respecto al manuscrito original de Luisa. Además también, en 1932 se publicó el libro: “La Virgen María en el Reino de la Divina Voluntad. Meditaciones para el mes de Mayo». El cual será reeditado en 1933 y en 1937. Finalmente, Don Benedetto, publica en 1934 la 5ª edición del «Reloj de la Pasión» con el supuesto del Tratado sobre la Divina Voluntad. Estas obras fueron traducidas en alemán en dos Volúmenes (1936 y 1938) por el benedictino Fr. Ludwig Beda.

                Sin embargo, ya a partir de finales de 1930 surgieron las primeras incomprensiones y una primera advertencia de la Sagrada Congregación del Santo Oficio en el Vaticano, buscando el supuesto provecho económico percibido por Luisa de las publicaciones y la cuestión de la necesidad del Sacerdote para hacer que volviera en sí de su “estado habitual”.

               Las reacciones de los Superiores por la denuncia llegan de inmediato con la prohibición de continuar con las publicaciones. Surgen polémicas también a nivel doctrinal y en relación a la «misión especial y única» de Luisa para dar a conocer las verdades sobre «el vivir en la Divina Voluntad de Jesús».

               La investigación del Santo Oficio, seguida de otras señalaciones, llegó a su culmen en 1938; en en el mes de Julio el Santo Oficio dispuso la inscripción de las obras de Luisa en el Índice de libros prohibidos los libros publicados. El Observatorio Romano del 11 de Septiembre publicó el decreto y un artículo adjunto, explicando las motivaciones de la sentencia de «excesivo misticismo».

               A pesar de tanta prueba, pocos días después Luisa encontró fuerzas para escribir una carta en la cual se somete a la obediencia a la Autoridad de la Iglesia, reprobando y condenando en sus mismos escritos lo que la Iglesia reprueba y condena . Humillada, es obligada a dejar el Instituto Antoniano y se traslada a una habitación privada en donde vivirá los últimos años de su vida.



Luisa Picarreta amortajada con el hábito terciario dominico

               «Luisa la santa» – como solían llamarla sus conciudadanos – entregaba su alma al todopoderoso la mañana del 4 de Marzo de 1947, después de una fuerte pulmonía; su cuerpo no sufre la rigidez cadavérica. Durante  tres días su cuerpo expuesto queda al público y se puede constatar que sus miembros son flexibles a excepción de las vértebras de la columna que le impiden ser extendidas en el ataúd. Por esta razón se construye un ataúd especial, en el que podrá caber sentada, posición en la que todos la llegaron a conocer. Sus funerales con grandísima afluencia, como “un día de fiesta para toda Corato”. Luisa sería sepultada en el Cementerio de la ciudad en la capilla de la familia de Don Benedetto Calvi.

               En Abril de 1947 el Arzobispo de Trani, Mons. Francesco Paolo Petronelli emite el mandato de recoger noticias referentes a Luisa para invocar sobre rehabilitación ante la Santa Sede y un año después, en 1948, el nuevo Arzobispo, Mons. Reginaldo Giuseppe María Addazi OP, concede el permiso de imprimir una estampa de Luisa con una reliquia, dándole el título de “Sierva de Dios”. 

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