16/06/2024

No sólo aprendió a vivir ciego: lee en braille en misa, consuela a afligidos, medita su vocación

La historia de superación y fe de Ryan Rohrich, joven lector ciego en la parroquia de St. John of God en Norwalk (Los Ángeles, California), la cuenta Natalia Romano en Angelus News, la revista diocesana.

Ryan Rohrich quedó ciego hace unos diez años, por un tumor, poco después de los 18 años.

Superó el cáncer con quimio, radio y fe, ofreciendo sus dolores a Dios. Aprendió a vivir sin vista, y al mismo tiempo a ver la cercanía de Dios en sus circunstancias. Se le da bien escuchar a los demás y consolarlos, y orar por ellos, y también proclamar la Palabra de Dios en misa, leyendo en alfabeto braille. Con todos estos elementos, y el ejemplo alegre de amigos consagrados, se plantea una posible vocación religiosa.

Con él, la Palabra resuena de forma especial

«Estoy agradecido de proclamar la palabra de Dios», dice Rohrich. «En esos momentos siento Su presencia junto a mí», asegura.

Hay más personas que sienten algo al escucharle, y se emocionan o sollozan cuando proclama el Evangelio en misa. A veces lo hace en encuentros con jóvenes, despertando la admiración de adolescentes y mayores por igual.

El padre Nitesh Gómez explica que cuando Ryan salió a leer ante los jóvenes «todo el mundo prestó más atención, y lo miraron como si estuviera logrando algo grande ¡y lo es!»

Hoy la tecnología moderna ayuda de distintas formas a los ciegos. Ryan puede preparar las lecturas del domingo en casa, las escucha en su teléfono móvil y las transcribe en una máquina de escribir braille. A todos los lectores en misa se les recomienda preparar sus lecturas en casa o un rato antes de misa: Ryan lo hace a conciencia.

Una vez en misa, usa un bastón para salir de los bancos y llegar al ambón. Allí lee en voz alta recorriendo el texto en braille, en relieve, con los dedos.

“Me pondría menos nervioso si leyera braille más rápido, ¡pero me han dicho una y otra vez que hay que leer lentamente y yo puedo hacerlo!”, comenta con humor.

Ryan Rohrich en un encuentro de jóvenes en su parroquia (foto de Victor Alemán).

Un duro golpe, encajado con oración

A los 18 años, estando de excusión familiar en el campo, notó que su visión era «granulada». Además, nunca tenía hambre y siempre sentía sed. Los médicos investigaron: tenía un tumor tras el ojo derecho que destruía sus nervios ópticos y su glándula pituitaria.

Sus padres y sus hermanos se volcaron en oración. Tardaron en encontrar el cirujano adecuado y un día Ryan despertó completamente ciego y se asustó. «Sentí como si el mundo se cerrara sobre mí, extremadamente claustrofóbico. Tenía que sentir las sábanas, sentir la pared. Pensé, está bien, no puedo ver el mundo, pero el mundo todavía está aquí», recuerda.

El tratamiento de radio y quimio fue duro. Ryan perdió su fuerza, su cabello e incluso parte de su sentido del oído, pero no perdió la cercanía con Dios. Su padre Paul explica que el joven ofrecía a Dios sus dolores de esa época por los niños que también recibían quimioterapia. Tras 4 meses y medio muy duros, el cáncer desapareció.

Durante más de un año, en un centro de orientación para ciegos, Ryan aprendió a leer en braille, caminar con un bastón blanco y le dieron un perro guía llamado Twain.

Alfarería con oración

De vuelta a Norwalk, desarrolló pasión por la cerámica: con el sentido del tacto y con memoria visual, Rohrich fabrica cuencos, jarrones y esculturas de arcilla.

Comienza cada nueva pieza con una oración que dice: «Señor, mientras centro esta arcilla, que pueda recordar siempre tu importancia en mi vida; yo, como el barro, y tú como mi Alfarero».

Ryan hace una comparación espiritual: cree que Dios le está «moldeando» para convertirlo en algo más. También comenta que en una ‘visión’ interior la Virgen María se le comunicó, mostrándole a su Hijo, Jesús Crucificado.

Está pensando si Dios le llama a la vida religiosa. En parte le inspiran los frailes capuchinos que conoce, el sacerdote Peter Mary Banks y su amigo personal el padre Victor Taglianetti, conocido por muchos en Los Ángeles como «Bro Vic» por su rap católico.

Un don para la escucha y el consuelo

Ryan no ve, pero escucha, acompaña y consuela. Hay en la parroquia un grupo masculino llamado Serviam, que cada mes reparte alimentos a personas sin hogar. Ryan les acompaña como «maestro de oración no oficial», escucha a los atribulados y reza con ellos.

«Sólo escuchar la forma en que Ryan ora por las personas, las palabras, la emoción, el afecto… los considera a todos hijos de Dios”, dijo Rick Ochoa, líder de Serviam, quien destaca la humildad del joven.

Ryan señala que «tus prejuicios sobre las personas desaparecen cuando no puedes verlas: puedes experimentar a una persona por su carácter, no por su apariencia». Cree que «las virtudes que he desarrollado a través de este sufrimiento redentor me han permitido tener una mayor capacidad de amar».

Ryan tiene un consejo que puede dar a todos los cansados y agobiados: «No importa el estado de tu vida, mientras le des a Dios tu sí, Él caminará contigo por el camino al Cielo».

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»