18/04/2024

Poeta y soldado en las trincheras de Ucrania, habla de la fe, los capellanes y el arte en la guerra

Artur Dron es un soldado ucraniano, joven pero ya veterano, de fe fuerte grecocatólica, una fe probada tras dos años en las trincheras. También es poeta.

Antes escribía de asuntos estudiantiles, ahora de cosas que ve en el frente, y otras que imagina. Lo que recaude su libro de poemas Aquí estábamos (Tut byli mide la editorial Stary Lev, una de las mayores de Ucrania, se destinará completamente a un fondo de ayuda psicológica para niños golpeados por la guerra. Espera también que sea de ayuda espiritual y mental para sus lectores. «Le deseo al libro, por supuesto, la mayor publicidad y muchos lectores», cuenta a Marta Synovitska, periodista de la web de la Iglesia grecocatólica. Tiene también editado y traducido a otros idiomas, incluyendo sueco y noruego, un libro de poesías de amor.

Crear es despertar un don de Dios

«Creo que dedicarse al arte, crear de cualquier manera (no solo literatura), es en cierto sentido despertar esa parte de ti mismo que proviene de Dios. Creemos que él es el Creador principal, una especie de primer creador. Entonces, la capacidad de una persona para crear algo es uno de los mayores parentescos con Él. Después de la capacidad de amar, claro», comenta.

«Cuando creas algo, un texto, una canción, un buen plato, un comedero para pájaros, un peinado, una línea de defensa, cualquier cosa útil y con buenas intenciones, despiertas una parte de Dios en ti mismo. Creo que funciona, aunque no lo creas. Después de todo, aunque no creas en Dios, lo principal es que Él cree en ti. Por naturaleza, Él siempre cree en ti», asegura.

Suele escribir en verso libre, muy meditado. En «Aquí estábamos» ha intentado ofrecer distintas voces, no hablar solo de su experiencia sino también de las de otras personas. «Sé lo que significa ser un soldado en la guerra, pero no sé y nunca entenderé lo que significa ser madre de un soldado en la guerra. Si quiero transmitirlo de alguna manera en el texto, es mejor hacerlo con las palabras de una mujer que en realidad es madre de un militar», detalla.

Escribir poesía en tiempos de guerra

«En sí, escribir poemas lleva poco tiempo. Primero piensas en ellos y luego los anotas en algún lugar de tu teléfono. Después, en algún lugar tranquilo puedes reescribir y perfeccionar. Cuando escribo un poema, tengo que creer que ésta es la única forma posible de ese texto. Debo tener la sensación de que no se puede quitar, añadir o cambiar ni una sola palabra», comenta sobre su proceso creativo.

Inevitablemente, sus temas van relacionados con la guerra. «La verdadera literatura y la falta de sinceridad son incompatibles«, asegura.

Además, estos años de guerra le han convencido de que la escritura y lectura tienen capacidad sanadora. «Solía ​​​​ser escéptico acerca de la terapia de escritura. Pero ahora entiendo que funciona. A veces escribimos para hacerlo más fácil. Y leemos para recordarnos a nosotros mismos, la comunidad, que no estamos solos. Por supuesto, ningún poema nos quitará el dolor. No va a reducir ni una gota. Pero nos recuerda que somos muchos. Y nos recuerda -y los cristianos deberían entenderlo bien- que el dolor no desaparece por sí solo. Siempre requiere algo más. Aunque nos parezca que no hay más que dolor, este ‘algo más’ en realidad siempre está presente. Una especie de esperanza, a veces apenas perceptible», asegura.

Su decisión, rezada, de ir a la guerra

En una entrevista en enero de 2024 en un blog noruego de literatura daba más de datos de como vivió el inicio de la guerra y el papel de su fe.

«El veinticuatro de febrero [al empezar la guerra], mis amigos más cercanos y yo participamos en trabajos voluntarios. Instalamos un refugio debajo de una de las iglesias de Leópolis. Pasamos allí la primera noche de la invasión a gran escala. Hablamos de lo que íbamos a hacer al día siguiente, de cómo podríamos ser de utilidad. Hablamos durante mucho tiempo. Cada uno tuvo que tomar su propia decisión, con sabiduría y equilibrio. Decidí alistarme tan pronto como amaneció. Un sacerdote y un par de estudiantes de teología estaban allí en el refugio. Le pedí al sacerdote que me confesara esa noche. Fue una de las confesiones más especiales y conmovedoras de mi vida. La relación con Dios y la pertenencia a la Iglesia es una parte muy importante de mí y de mi cosmovisión. La relación con Dios es en realidad la más importante», asegura al blog literario.

En sus poesías habla mucho de amor, le comentan en el blog noruego. Él responde: «La mayoría de mis compañeros no se expresan con grandes palabras como patriotismo, Dios o amor. No es necesario. Quien defiende a su familia y a su patria, quien soporta todas las pruebas de la guerra, quien diariamente arriesga su vida, él mismo se convierte en un acto de amor. Así es realmente el amor ahora: resiste, sufre, pero no se acaba…»

El papel de los capellanes militares

Artur Dron valora mucho el papel de los capellanes militares en la guerra y en el frente. «En otoño de 2022 vino a vernos un capellán, el padre Osyp Slavych. Habló con nosotros, ofició la liturgia y confesó. Para entonces nuestra unidad ya estaba agotada, había muchos heridos, contusionados y enfermos. El último día de su estancia rezamos la Divina Liturgia, el padre se fue y ese mismo día a nuestros comandantes les dijeron que nuestro batallón se iba para recuperarse. Bromeé con la idea de que había que llevar a un cura al frente para pedir una rotación», comenta sonriendo.

En 2022 escaseaban los sacerdotes en varias zonas del frente, pero eso ha ido mejorando. «Ahora tenemos un capellán a tiempo completo en la brigada, llega a nuestro batallón cada semana. Para mí, muestra la presencia de la Iglesia aquí, en el frente. No se trata de la presencia de Dios, porque Él siempre ha estado ahí. Me refiero a la Iglesia, la comunidad, lo de ‘donde dos o tres se reúnan en mi nombre’... Antes yo iba a la iglesia, y ahora la Iglesia viene a mí. Esto muestra su autenticidad. Llega cuando estamos en circunstancias difíciles y lo necesitamos. Y no es un gran templo con iconos dorados: es una oración frente a una especie de mesa de ping-pong, con una pequeña imagen y un evangelio», asegura Artur.

Considera que los capellanes en el frente deben ser virtuosos en la fe y predicar con viveza, porque encontrarán personas de todo tipo, algunas muy alejadas de la fe. «Quizás alguien en el frente se interese por esto por primera vez y dé el primer paso. Y este primer paso se dará por mediación de un capellán, así que mucho depende del tipo de capellán», advierte.

Artur Dron, poeta y soldado ucraniano, con su libro de poesía y el arzobispo Shevchuk en Navidad.

Crisis de fe en las trincheras

Artur cuenta una serie de dudas espirituales y enfados que ha vivido en el frente y que comentó con su director espiritual, que está en la retaguardia, en Leópolis. «Comencé a quejarme, con una crisis de espiritualidad, un sentimiento de culpa, el abandono de algunas cosas espirituales... Yo decía cosas que creía que era terribles e inteligentes. Y él me detiene y me dice: «Espera, no me cuentes todo eso. Si yo estuviera en las mismas circunstancias que tú, si viera y viviera todo eso, si enterrase a mis amigos, no sé si todavía creería en Dios». Eso es lo último que esperas escuchar de un sacerdote, ¿verdad? Pero añadió: «Si en esas circunstancias logras preservar tu relación fundamental con Dios, si sigues viéndolo y amándolo, entonces ¡eso es lo principal! Ya te preocuparás por esos temas secundarios en otras condiciones'», le dijo el sacerdote.

Dios en la fraternidad entre soldados

Tras ocho meses duros de invierno en Serebryan Forestry, cerca de la Kreminnaya ocupada, a finales de julio de 2023 su batallón, agotado, pasó a la frontera de Járkov, más tranquila. Cuando se apuntó al ejército, su familia no se asustó mucho porque pensaban que estaba en alguna otra organización de ayuda en retaguardia, pero en agosto de 2022 le mandaron al frente y ha estado en trincheras desde entonces.

Ha visto morir amigos y compañeros y ha visto también la fuerte fraternidad y camaradería que se crea entre soldados, con servicios generosos entre ellos, a veces a 20 grados bajo cero. Leyendo a ancianos veteranos de la Segunda Guerra Mundial ve que también ellos lo vivieron. Esa generosidad y fraternidad, dice, «es una manifestación de Dios dentro del hombre».

Con el arzobispo… y a los 15 años con el cardenal Husar

El pasado 27 de diciembre, el soldado poeta consiguió visitar al arzobispo mayor grecocatólico, Sviatoslav Shevchuk. Charlaron un rato, le leyó algunos poemas y le regaló un libro. Con sus acompañantes, se animaron también a cantarle unos villancicos.

«Para mí, Su Beatitud Sviatoslav es una gran autoridad. Realmente me gusta como predicador, me gustan sus sermones profundos. Me da la impresión de ser un hombre abierto, sencillo, sincero y muy sabio. Y con fundamento. Su carisma de liderazgo me atrae fuertemente», asegura el joven militar.

Pero no es el eclesiástico de mayor rango con el que se ha tratado. A los 15 años, con desparpajo y, dice, «mucha presunción», encontró por Internet la dirección e-mail del antecesor de Shevchuk, el anciano cardenal Lubomir Husar, le escribió y el cardenal le respondió a través de su secretario (el hoy obispo Mykola Semenyshin). Y en marzo de 2017 el muchacho pudo visitar al cardenal en Kiev, unas semanas antes de que muriera el anciano clérigo, probado por décadas de exilio y persecución.

«Una reunión breve pero muy importante para mí. Creo que sólo dentro de unos años me daré cuenta del valor de esa conversación», reflexiona.

Lea también el testimonio de Iryna Lastivka, «una joven soldado católica en el frente de Ucrania».

Para ayudar a las víctimas de la guerra en Ucrania, Cáritas Española ha abierto esta web y la cuenta Caixabank ES31 2100 5731 7502 0026 6218 .

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»