21/02/2024

¿Qué sintió ‘el mal ladrón’ subido en la cruz?: el interesante libro sobre los ‘encuentros’ de Jesús

El libro de Andrea Mardegan Sorprendidos por el amor. Encuentros personales con Cristo, de Ediciones Palabra, tiene el privilegio de no envejecer porque tiene el Evangelio como trama de los relatos. Los protagonistas son mujeres y hombres retratados en el momento cumbre de su existencia: durante el encuentro con Cristo, con su amor, que les cambia la vida, y también a mujeres y hombres de nuestra época y de todos los tiempos.

Entre esos personajes están malhechores e intelectuales, hombres de comercio y pescadores, amas de casa, pecadores y fariseos, una mujer que escucha a Jesús, enfermos y sanos, los primeros apóstoles: la humanidad en su variedad normal y problemática.

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El autor indica en la introducción que su idea era detectar en esos encuentros personales con Cristo la unicidad irreducible de cada una de las creaturas humanas

-¿Por qué le interesaba tanto esa dimensión del mensaje cristiano, de la unicidad de cada persona?

-A san Juan Pablo II le gustaba mucho subrayar en su magisterio que cada uno de nosotros es «único e irrepetible». Ese mensaje nos gusta a todos porque subraya el valor inagotable de cada persona, creada por el amor infinito de Dios, como una obra maestra de arte absolutamente no reproducible, y nos hace intuir que cada persona tiene también una vocación única en la historia del mundo y de la salvación, y que el Espíritu Santo en su obra de santificación, es decir en su trabajo por identificarnos con Cristo, también nos trabaja como un orfebre divino, como una joya única, como un hijo único.

-Y, esa idea de ir al Evangelio para investigar la unicidad de cada uno, ¿cómo surgió?

-Siempre me ha gustado escribir mis libros basándome en la Escritura, y me pareció que ese enfoque podía ayudar a ahondar en esa perspectiva, con la ventaja de subrayarla a través de una historia personal que se queda en la memoria con la fuerza del relato íntimo y la potencia de la palabra de Dios.

-¿Le parece haberlo conseguido?

-He empleado el recurso de reconstruir literariamente un relato para cada personaje, intentando imaginarme una historia previa a las pocas palabras que el Evangelio nos dice sobre aquel encuentro personal, y también desvelar el corazón y la psicología del personaje.

»Ha sido para mí una maravillosa aventura. Los lectores se quedan encantados con la posibilidad de conocer algo, aunque literariamente imaginado, sobre las vivencia de Pedro, Juan y Andrés, la samaritana, la mujer adúltera, Nicodemo, Natanaél, Marta y María y Lázaro… sus reacciones interiores, sus cambios de vida al conocer a Cristo.

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-¿Cuál es la reacción de los lectores que más le ha impresionado?

-Paradójicamente la de aquellos lectores que, conociendo mi idea explicada en la introducción, después me han dicho: «Tú has buscado la unicidad de cada personaje, pero nosotros hemos encontrado a Cristo. Hemos conocido un Jesús que no nos imaginábamos, que no conocíamos».

»Eso me lo dijo también gente alejada de la fe. Recuerdo la conmoción de un profesor de filosofía ateo, haciéndome un comentario parecido al terminar una presentación del libro, con lecturas bien recitadas de algunos capítulos y música en vivo que los acompañaba.

-Y, ¿cómo ha procedido con la escritura de estos «cuentos» sobre el Evangelio?

-Llevando a la meditación la página bíblica, con calma y, muchas veces, acudiendo al texto griego, que a mí me da siempre luces nuevas respecto a las traducciones. Aunque, después, al publicar los relatos, he preferido dejar de lado explicaciones exegéticas y dejar que los capítulos tengan el género literario de un cuento sobre el Evangelio, que se lea fácilmente, a veces con acentos poéticos, pero sin palabras rebuscadas.

»De esta forma he tenido la facilidad de poner de relieve algunos detalles de la página evangélica que se escapan a una lectura rápida y superficial. Un profesor de literatura española me dijo después de leer el primer cuento sobre Pedro y la pesca milagrosa de Lucas 5,1-11: «Ahora, por fin, he entendido mejor por qué Pedro le dice a Jesús ‘Señor apártate de mí, que soy un hombre pecador’.

-Hay retratos de figuras femeninas muy bien presentados, incluso en su interioridad. ¿Cómo ha logrado describir el ánimo de una mujer?

-Hay muchos autores hombres que saben hacer esto. La literatura sobre mujeres, y escrita por mujeres ayuda mucho. Después pienso en lo que me han enseñado mi madre, mi abuela, mis hermanas, mis tías. Su sabiduría, su cultura, su pasión por todo lo humano. Siempre me aconsejan libros, obras musicales y de otras artes o excursiones a lugares llenos de espíritu humano y cristiano.

»También pienso en cómo me ha ayudado atender en el ministerio de la confesión y de la dirección espiritual a hombres y mujeres de todas las edades y culturas: en esos encuentros, gracias al Espíritu Santo, se puede aprender mucho del corazón humano.

-Otra «sorpresa» al leer el libro es que cada personaje va acompañado de unas acuarelas de Anna Maria Trevisan, conocida pintora de arte sacro en Italia, que son realmente bellas y dulces, y que logran añadir algo importante a su escritura. ¿Qué significado le aporta y cómo surgió la idea?

-Una de las editoras que se ocupó de la publicación tuvo la idea de añadir pinturas a estos «retratos» literarios de los personajes y me presentó obras de algunos pintores italianos contemporáneos y me pareció que el estilo de las pinturas de Trevisan se adaptan muy bien a mi escritura. Ella leyó mis cuentos y le gustaron, y le sirvieron de inspiración para esos retratos.

»Pienso que experimentar varios «caminos de la belleza» para entrar en la Escritura y hablar de Dios es algo que siempre el arte cristiano ha intentado: literatura, arte recitativo, pintura, escultura, arquitectura, música, teatro, cine… y todos los últimos pontificados lo han recomendado: la «via pulchritudinis», la belleza para encontrar a Dios y para hablar de su Misericordia y de su Amor.

-Una pregunta sobre el último capítulo, cuyo protagonista es el malhechor que insultaba a Jesús estando crucificado con Él (se titula El otro). Me ha emocionado y «sorprendido». ¿Cómo se le ha ocurrido?

-Estaba escribiendo ese libro y un amigo me preguntó, de parte de otro amigo: «Ya que por la promesa de Jesús conocemos el destino del buen ladrón (‘hoy estarás conmigo en el Paraíso’), ¿cuál habrá sido el destino del ‘otro ladrón’?». Reflexioné, y me puse en el lugar de esa muerte única, con Jesús a su lado, con María a sus pies, con un amigo que sufre el mismo suplicio y le hace una corrección… llegué a una posible conclusión y contesté a ese amigo, y después salió ese cuento.

»También al escribirlo tenía en la mente una importante referencia de literatura italiana, pero… prefiero no desvelarla, para dejar la «sorpresa» al lector. Recuerdo que leí ese libro en Radio Maria de Italia, y cuando llegué a ese último cuento, habíamos previsto con el conductor, don Tino Rolfi, que lo leyera en dos partes, una primera parte una tarde, durante 25 minutos, y la parte final en otra tarde, porque necesitaba tiempo. Pero al llegar el momento de terminar, me dijo que continuara, cambió en el acto el cronograma de la transmisión, porque la historia atrapaba y era muy conmovedora, y no se podía parar la lectura.

-¿Nos puede anticipar un pasaje de este último cuento?

-«Fue entonces cuando oyó que el Rey de los Judíos, crucificado junto a él, con esfuerzo supremo decía a su madre: –Mujer he ahí a tu hijo. Había un joven con ella. Y al muchacho: –He ahí a tu madre. Le punzó una infinita nostalgia. Cómo habría querido estar él allí, abajo, aún con vida recibiendo el regalo de una madre; él, que la había perdido para siempre. Y, ahora, no estaba allí para cogerle de la mano, para reprenderle, ¡cuántas veces le había dicho que no saliera con aquellas compañías! Cómo sentía la falta de las reprimendas de su madre, su voz, su mirada al menos, para aliviarle un poco aquella tortura.

Envidia de aquel nazareno que tenía una madre llorando su muerte y de aquel muchacho que la tomaría consigo. Nostalgia de una vida normal, nostalgia de la vida que se le escapaba por la heridas abiertas. Envidia de su amigo, que parecía apaciguado por aquella promesa incomprensible. El Paraíso, hoy. No, hoy y aquí está el infierno, la oscuridad, el odio de todos, la muerte que llega, inexorable, para mí, para ti, para el Rey de los Judíos, todos colgados de los clavos».

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PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»