26/02/2024

Siete monjas argentinas en la última casa de Benedicto XVI… antes rezaron en la «gruta de Lourdes»

La casa ‘Mater Ecclesiae’ del Vaticano-donde vivió Benedicto XVI hasta su muerte- volvió a ser este tres de enero un monasterio de vida contemplativa, tal y como había dispuesto San Juan Pablo II.

Han sido siete monjas argentinas de la Orden Benedictina provenientes de la Abadía de Santa Escolástica de Victoria (provincia de Buenos Aires, diócesis de San Isidro), las primeras en llegar, invitadas por el Papa Francisco.

Recibidas por el cardenal español

El Papa las había invitado para ello mediante una carta manuscrita fechada el 1° de octubre de 2023, y las monjas «aceptaron generosamente la invitación». A su llegada a Roma, las monjas fueron recibidas por el presidente de la Gobernación del Vaticano, el cardenal español Fernando Vérgez Álzaga, que acudió de madrugada al aeropuerto de Fiumicino para darles la bienvenida.

Nada más llegar al Mater Ecclesiae, las monjas se dirigieron a la Gruta de Lourdes, en los Jardines Vaticanos, para cantar y rezar ante la imagen de la Virgen. La Casa ‘Mater Ecclesiae’ se convirtió así nuevamente en residencia para órdenes contemplativas, como deseaba san Juan Pablo II.

Según el estatuto del monasterio, cada cinco años debían alternarse distintas órdenes monásticas. Las últimas monjas estuvieron allí hasta noviembre de 2012, cuando comenzaron las obras de restauración.

Tras su renuncia al papado el 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI había expresado su deseo de residir en la casa ‘Mater Ecclesiae’. Junto a él estaban las cuatro Memores Domini, las laicas consagradas de Comunión y Liberación que lo asistieron hasta su muerte, y el secretario del Papa emérito, monseñor Georg Gänswein, que continuó viviendo en el Monasterio hasta su traslado a su diócesis de origen, en Friburgo, el 1° de julio de 2022.

El recuerdo de Benedicto XVI

El edificio del Mater Ecclesiae es una antigua dependencia de la gendarmería de la Ciudad del Vaticano. El 25 de marzo de 1994, mediante un breve, San Juan Pablo II erigió canónicamente en él un monasterio de monjas de vida contemplativa con la finalidad de rezar por el Papa y por la Iglesia en la cercanía del Palacio Apostólico.

Un paseo por el interior del Vaticano, para ver la ubicación del monasterio Mater Ecclesiae.

Se trata de un austero edificio de cuatro plantas, donde las diferentes comunidades  de religiosas de clausura se sucederían por periodos de cinco años, y así lo hicieron sucesivamente las clarisas, las carmelitas descalzas, las benedictinas y la orden de la Visitación.

Esta última comunidad abandonó el monasterio en 2012 para que comenzasen unas obras de remodelación y acondicionamiento del edificio, que todavía estaban en curso cuando el 11 de febrero de 2013 Benedicto XVI anunció a los cardenales su renuncia al pontificado.

El 28 de febrero se hizo efectiva esa renuncia, declarándose la sede vacante, y Joseph Ratzinger se trasladó en helicóptero a la residencia de verano de los Papas en Castelgandolfo. Allí residió hasta que estuvo disponible el monasterio, donde se instaló junto con su secretario y prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gänswein, y el resto de sus colaboradores. También se alojó allí su hermano Georg Ratzinger en los periodos que compartieron antes de su muerte en 2020.

Durante los diez años que vivió en el monasterio, Benedicto XVI recibió las visitas periódicasde Francisco, ya fuese en Navidad o en algunas celebraciones del Papa emérito. Igualmente, y acompañados del pontífice, los nuevos cardenales que se iban creando en los ocho consistorios de ese periodo acudían a cumplimentarle y a rezar con ambos. También era visitado por cardenales, obispos u otras personalidades de paso por Roma.

En el monasterio Mater Ecclesiae, y mientras su salud se lo permitió, Benedicto XVI mantuvo una intensa actividad intelectual. En él escribió libros como sus cartas con un rabino o el polémico libro sobre el sacerdocio con el cardenal Robert Sarah, o el que se publicaría póstumamente con todos los escritos posteriores a la renuncia.

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»