17/04/2024

Absorbido por la Nueva Era, conoció «el mal»: Effetá le preparó para la fe y la «guerra espiritual»

A sus 25 años, David López-Zuazo se muestra clarividente en sus reflexiones en torno a la fe, la crisis de un mundo que considera un «caos absoluto» y su llamado a «no quedarse de brazos cruzados» ante el ataque a los pilares de Occidente. Parece no callarse ni tener miedo a mostrar su fe en público, como hace en sus redes sociales con frecuencia y también recientemente en el canal El rosario de las 11 pm.

Sorprende que hace solo unos días no estuviese apenas confirmado y que su práctica religiosa no supere los dos años. Aunque nació en una familia firmemente católica, recuerda no haber sentido nunca «conexión con la Iglesia» y «como mucha gente», se alejó de la fe en la adolescencia.

Tras diluirse su vinculación religiosa, no pasó mucho hasta que comenzó a declararse un agnóstico convencido de que «había algo más que no sabía«, pero sin plantearse buscarlo en la fe.

Su apertura a la «espiritualidad en genérico», como lo llama, tuvo lugar durante la pandemia, cuando comenzó a reflexionar sin pausa y comenzar a leer autores de crecimiento personal. El «salto» a la espiritualidad y religiones orientales no fue difícil, y pronto estaba imbuido de los referentes mundiales en las doctrinas new age.

A las lecturas le siguió la meditación, encontrando «resultados» que no encontraba en otras prácticas.

Para él solo se trataba de una forma de «sentir la realidad espiritual» que siempre había intuido. Pero al año siguiente de la pandemia, la práctica aparentemente inocente mutó en credo y convicción.

«Soy espiritual pero no religioso, todos somos uno, todos tenemos una divinidad que sacar y explotar, nuestro objetivo es la iluminación espiritual»… El joven comunicador asumió firmemente aquella batería de ideas y entró «de lleno» en la Nueva Era.

Peligros de la Nueva Era, según una víctima

En poco más de 25 minutos, David es capaz de relatar su experiencia y testimonio al tiempo que sintetiza los principales peligros de la Nueva Era y sus vías de entrada.

Una de las que más captó su atención fue el concepto de «llamas gemelas, como «relaciones románticas que tienen que ver con lo espiritual», explica.

También empezó a ver «señales» en su día a día que consideraba provenientes «del universo», como si le hablase «con señales o sincronicidades, casualidades que no puedes explicar».

«Me empecé a obsesionar mucho con ese mundo, a alejarme de la realidad, de mis amigos y familia«, recuerda, advirtiendo del peligro de la Nueva Era, «que te hace creerte una persona más espiritual que los demás».

«No dejan de decirte que te dijes en las señales, en que el universo te habla o que tienes la divinidad dentro y eso lo que hace es aislarte. En mi entorno nadie pensaba como yo. Me daba una sensación de sentirme especial y esta es otra de las cosas bastante mala y peligrosas de la nueva era, la soberbia. Te dicen que eres especial porque estas despierto y los demás no», explica.

También advierte de cómo en la mentalidad new age «no existe el mal, el pecado y todo es relativo«, también de uno de los principales engaños de estas doctrinas, «que todas las religiones hablan de lo mismo. Buda, Jesús o Mahoma son lo mismo».

Un agnóstico new age en Effetá

Con todo, el joven «estaba abierto a todo lo espiritual» y admite que no rechazaba la religión, que «podía haber ido a un retiro cristiano o a un templo budista, solo quería aprender sobre todo». 

Por eso no se sorprendió cuando una amiga católica le propuso ir a uno de los retiros de Effetá.

«Pensaba que estaba por encima de la religión, que al ser espiritual había dado un paso más allá y fui con esamentalidad, de `yo se la verdad y ellos todavía no´», admite.

Effetá no le devolvió la fe ni motivó su conversión. En su caso, le proporcionó «algunas claves» y «plantó algunas semillas«. Entre ellas, quedó impactado por «la felicidad genuina y la sensación de comunidad de los jóvenes» y salió del retiro cargado de una felicidad que no sabía explicar».

«David & Goliat», una de las películas dirigidas por David López-Zuazo.

Acababa de terminar la carrera de Comunicación Audiovisual y no encontrar trabajo se convirtió en algo que recuerda como «providencial».

Dedicaba sus días a postular a ofertas de empleo e investigar sobre la Nueva Era, cuando descubrió que «el despertar de luz y amor» era solo un mito para envolver «un origen oscuro de ocultismo«.

Encontrándose «con el mal»… y enfrentándolo a los santos

Primero conoció el mensaje de la ocultista Helen Blavatsky, conforme «notaba que estaba rozando algo oscuro y realmente malo«.

«Todo cambio cuando me topé con algo que sí era trascendente pero de una naturaleza distinta. Me topé con el mal y cuando te topas con el mal, con la naturaleza del mal real, muchas veces te vas al lado contrario. Descubres el bien», afirma.

El joven comenzó a ver testimonios y casos de personas que habían profundizado en la Nueva Era, vídeos que desmentían a sus principales referentes y descubriendo que carecían de una moralidad real, lo que acabó siendo una «clave» en su incipiente cambio de perspectiva.

También conoció a los santos, a los que comparó con los gurús new age.

«¿Quién está más cerca de lo trascendente, alguien espiritual que no tiene moral o una persona virtuosa, que se entrega, cuyo amor es tan fuerte para sacrificarse [por otros]?», se preguntaba.

Sin miedo a cuestionar sus ideas, Zuazo se interesó por el Antiguo Testamento e historias bíblicas. Conforme las conocía, «sentía que lo que estaba leyendo era la verdad y que no había otra. Me estaba empezando a dar cosas que no me daban las espiritualidades o la meditación».

Un cambio radical: «Lo dejé todo y la misa se hizo necesidad»

Llegado un momento, recuerda como «todo hizo click».

«De repente sentí que el único camino era Jesús y comprendí de forma intuitiva que realmente vivimos una batalla espiritual contra el mal y que hay muchas cosas que al final solo quieren separarnos de la única verdad», subraya.

El joven comenzó a servirse de personalidades católicas o cercanas a los postulados cristianos como el obispo Robert Barron o el psicólogo Jordan Peterson. Mientras, observaba como la meditación dejaba de resultarle útil, y le «aislaba cada vez más».

Entonces el cambio fue radical.

«Empecé a profundizar solo en la religión cristiana, dejé de meditar y empecé a ir a misa diaria. La misa cambió. Dejó de ser algo curioso y empezó a ser una necesidad. La primera confesión me ayudó mucho, me liberó de lo que venía arrastrando y me sentí libre y ligero», relata.

«No podemos quedarnos de brazos cruzados»

Desde que regresó a la fe relata cómo ha cambiado su vida. Además de lo estrictamente religioso, como frecuentar los sacramentos o el rezo del rosario, asegura cómo sus relaciones «han mejorado por completo», vive «feliz y pleno, con un sentido que antes no veía», y ha comprendido como «Dios estaba ahí desde el principio», cuando su madre conversa rezaba el rosario por él o incluso cuando lo que creía «sincronicidades» era realmente «Dios tratando de llamar la atención».

«Feliz y plena», con «un sentido» que antes no tenía y con  unas relaciones sociales que han mejorado «por completo»: así describe su vida David López-Zuazo tras abandonar la Nueva Era y retomar la fe.

Concluye hablando de lo que considera su deber «como católico» ante una «guerra espiritual» en la que «el mal es cada vez más fuerte y busca alejar a la gente de Jesucristo».

«Tenemos que enfrentar esa batalla con coraje, humildad, oración constante, yendo a los sacramentos, rezando el rosario y afrontando el futuro con esperanza, porque aunque el mundo esté así, el corazón de María ya ha ganado. Vivimos un tiempo de caos, donde los valores que nos han acompañado se despedazan poco a poco, y no podemos quedarnos de brazos cruzados», finaliza.

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»