22/06/2024

¿Anhelas conservar tu matrimonio «hasta el final»? Ocho «trucos» sencillos que te proporciona la fe

El matrimonio es un regalo que sin la ayuda de Dios puede volverse una empresa bastante imposible de llevar a cabo. Aunque nadie te dé un manual de instrucciones al terminar tu boda, sin embargo, la Biblia tiene muchas de las claves de cómo cumplir la promesa de «hasta que la muerte los separe».

Mientras el mundo dice que puedes convertirte en tu propio Dios, la Iglesia además invita a los esposos a imitar el amor y el sacrificio que hizo Jesús por sus hijos. En la economía de Dios, debemos servir a los demás primero y «estimad a los demás más importantes que vosotros mismos» (Filipenses 2:3).

A lo largo de las Escrituras se puede ver cómo la forma en que Jesús amó a la Iglesia y se entregó por ella es justo el principal ejemplo de matrimonio que debemos seguir. Crecer en el amor y la gracia mejorará el autocontrol y «el Espíritu Santo transforma el egoísmo y el orgullo en justicia, emulando la naturaleza de Jesús» (Gálatas 5:22-23 ). 

Estos son los nueve consejos desde la fe para intentar conservar tu matrimonio toda la vida:

1. Rezar juntos todas las noches

«Porque donde dos o tres se han reunido en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18:20 ).

La oración constituye un vínculo fundamental en el matrimonio. Ir a dormir encomendando la vida de cada uno de los esposos, y del propio matrimonio, a Dios es una de las cosas más eficaces que existen para un cristiano.  

La oración genera además una nueva fuerza de aliento, dirección y sabiduría. Uno puede nombrar a cada miembro de la familia, desde los hijos hasta los nietos, pero también amigos, sacerdotes, misioneros… y nunca olvidar perdonar al marido o a la mujer antes de dormir. 

2. Irse a la cama a la misma hora

«Por demás es que os levantéis de madrugada y vayáis tarde a reposar, que comáis pan de dolores, porque a su amado dará Dios el sueño» (Salmo 127:2 ).

La sociedad de hoy vive muy atareada, no hay tiempo para nada, los esposos apenas se ven para comer y se acuestan tarde, cada uno por su lado, después de trabajar duro. El momento de ir a dormir es un momento crucial para la intimidad que hay que fomentar.

Poder contarse cómo ha ido el día, hablar de los hijos o simplemente dar un poco de tu tiempo al otro es una de las mejores cosas que se pueden hacer antes de dormir. 

3. Sigue siempre el ejemplo de Jesús

«El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Corintios 13:4-8 ).

Si cumpliéramos estos cuatro versículos, los matrimonios, sin duda, prosperarían. La Biblia aconseja a los esposos que deben aplacar la tiranía de los sentimientos, que suelen ser volubles y, además, necesitan ser entrenados por la verdad.

A veces es bueno frenar los apetitos y convertir el egoísmo en servicio a la pareja. Obedecer los mandamientos y principios de Dios nos permite ser «revestidos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad» (Efesios 4:24 ).

4. Sed generosos, incluso cuando no te apetezca

«Dad y se os dará; una medida buena, apretada, remecida, rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos» (Lucas 6:38 ).

Aprender a ser generoso con las necesidades de tu cónyuge, antes que con las tuyas propias, aumentará mucho las reservas de tu banco de amor por él o ella. Dios no se deja ganar en generosidad, procura que tampoco lo haga tu pareja. 

5. Deshazte de la ira y perdona rápidamente

«Soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros» (Colosenses 3:13 ).

«Hagan todo sin quejarse ni discutir, para que sean irreprensibles y puros» (Colosenses 1:14).

«Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo» (Efesios 4:26 ). 

«Ustedes desean las cosas pero no las consiguen. Su envidia puede llegar hasta el extremo de matar y aun así no consiguen lo que quieren. Por eso discuten y pelean. No consiguen lo que quieren porque no se lo piden a Dios» (Santiago 4:1-2 ).

Evita siempre la ley del silencio, que es perjudicial y no resolverá nunca el conflicto. Haz todo lo posible por hablar a su debido tiempo, alejando siempre la ira y el rencor. No olvides nunca rezar y pedir ayuda a Dios para que logre el verdadero perdón de corazón.

«Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros» (Santiago 4:6 ).  

6. Recuerda decir «por favor», «gracias»… y ser agradecido 

«Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno» (Colosenses 4:6 ).

«Por favor» y «gracias» son dos palabras clave para mantener el respeto y el aprecio dentro del matrimonio. El azúcar llega mucho más lejos que el vinagre. Las personas agradecidas son personas alegres.

«Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18).

Pero no es suficiente con decir gracias, más importante es estar agradecido. Un corazón agradecido ayuda mucho. Estar agradecido permite reconocer más la obra y los dones de Dios en tu vida. Y a ver a tu pareja como un regalo inmerecido.

7. Procura reírte a menudo

«El corazón alegre es una buena medicina» (Proverbios 17:22).  

La Biblia contiene varios pasajes que hacen referencia a la alegría; un componente indispensable para sostener tu matrimonio hasta el final. Ser cómplice de tu pareja, fomentar momentos distendidos con tus hijos o disfrutar juntos los dones que Dios os da puede ser una gran solución.   

8. No critiques y causes daño 

«Hay quien habla sin tino como golpes de espada, pero la lengua de los sabios sana» (Proverbios 12:18).

Ser comprensivo en lugar de crítico en momentos complicados fortalece el vínculo matrimonial. Las críticas muchas veces surgen del egoísmo, de pensar en uno más que en el bienestar del otro. Todos somos únicos, con habilidades y dones únicos.

Intentar parecerse a Cristo puede reemplazar los intentos de querer cambiar al cónyuge. Por ejemplo, una conversación amable puede abordar temas diferentes sin necesidad de llegar al conflicto. Nuestras palabras pueden honrar a Cristo o herir como una espada. Las palabras hieren o curan. Debemos proteger nuestra lengua y morderla si es necesario.

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»