17/04/2024

¿Por qué se convierten los protestantes al catolicismo? No por lo que dice este libro

Brad Littlejohn y Chris Castaldo son dos autores protestantes que han publicado un librito de unas cien páginas con el título Why do protestants convert?, que busca explorar las razones por las que muchos protestantes en los últimos años se sienten atraídos por el catolicismo y se hacen católicos.

Los lectores de ReL pueden leer muchos testimonios de conversos al catolicismo desde el protestantismo. La inmensa mayoría eran pastores, predicadores y evangelizadores, que conocían bien la Biblia, amaban al Señor, tenían celo por las almas y deseo del Cielo y de la verdad. Y lo que conocían, no les bastaba. A partir de cierto momento, su búsqueda de verdad y de cercanía a Dios les lleva a la Iglesia Católica.

El libro de Brad Littlejohn y Chris Castaldo resume en 4 factores lo que creen que lleva a muchos protestantes al catolicismo, pero no es un análisis que convenza mucho a católicos ni a otros observadores que repasen los datos, y enseguida surgen objeciones.

Portada del libro Why do protestants convert?, un libro que no convence mucho a los católicos ni a ex-protestantes al describir el paso de protestantes cultos al catolicismo.

Las 4 cosas que llevan a protestantes cultos a hacerse católicos, según ellos, serían:

1. El desencanto cuando «proyectan sus problemas en sus iglesias o entornos educativos»

Se da cuando un protestante tiene «problemas» (personales, emocionales, de autoridad, etc…) y le echa la culpa a su comunidad o grupo concreto. Buscando un sitio perfecto y sin problemas, va al catolicismo, que le parece ha de ser maravilloso.

OBJECIÓN: Se puede responder a esta «causa» que psicologiza los motivos. Además, un protestante a disgusto en una comunidad o denominación podría ir a otra igualmente protestante (como hacen muchos) y que el que fuera a la Iglesia católica buscando un lugar perfecto y sin problemas, en un par de meses vería que eso no existe. De hecho, las parroquias católicas, por desgracia, no son especialmente buenas en la acogida, y muchos conversos se quejan de que en su antigua comunidad protestante había amistades más cercanas, más calor humano, más fraternidad, mejor música, más pasión por la Palabra y la fe. Si se mantienen católicos, dicen, es por los sacramentos y porque consideran que es la Iglesia verdadera que Cristo fundó.

2. El antiintelectualismo de muchos entornos protestantes

Brad Littlejohn y Chris Castaldo dicen que entre los evangélicos y otros protestantes se ha despreciado el estudio de la historia, la filosofía y la teología. Protestantes devotos pero con poca formación teológica acuden a entornos católicos, quedan deslumbradas con un poco de Patrística y se hacen católicos.

OBJECIÓN: Se puede responder a esto que, en realidad, el libro de Littlejohn y Castaldo ha surgido por el fenómeno innegable de la conversión al catolicismo no de personas devotas poco formadas, sino de pastores, biblistas, expertos y predicadores bien formados, como Scott Hahn, Frank Beckwith, Dwight Longenecker y muchos más. CHNetwork está lleno de testimonios no de protestantes devotos de «a pie», sino de pastores y hasta profesores de seminario. Muchos pierden sus medios de vida, amistades y entornos al hacerse católicos, y explican con detalle sus razones teológicas.

En el siglo XXI, con acceso a libros y testimonios, a la historia y al debate apologético, tras leer e investigar mucho y viendo fallida la argumentación protestante, deciden que la Iglesia Católica es la que tiene la razón respecto a la autoridad, los sacramentos, la unidad, etc…

3. El elitismo, la sensación de estar en un club especial

Brad Littlejohn y Chris Castaldo dicen que estos conversos buscan sentir que están (como se dice en España), «en el ajo», es decir, en el «círculo interno», el de «los que saben, los especiales». No les basta con la Biblia que cualquiera puede leer: quieren sentir que acceden a algo especial, en el catolicismo y, dentro del catolicismo, en sus «círculos dentro de los círculos», con sus congregaciones religiosas, rituales, grupos selectos, jerarquía, sus ropajes especiales, sus ceremonias especiales… Es la tentación del elitismo, del sentirse «diferente». Incluso la rigidez católica que impide a los protestantes tomar la comunión católica sería una herramienta para suscitar esta sensación de «club».

OBJECIÓN: La realidad es que cualquier protestante puede ir a misa católica, escuchar la Palabra, dar la paz a los hermanos, cantar, rezar (con ayuda de un misal si no sabe las respuestas) y hasta ponerse a la fila de la comunión con las manos cruzadas y recibir una bendición. Excepto comulgar, puede hacer lo mismo que cualquier católico laico. No hay mucho «exclusivismo» en eso. Pero sí, para comulgar ¡ha de creer lo que enseña la Iglesia Católica sobre la comunión!

Casey Chalk, un ex-protestante que analiza el libro de Littlejohn y Castaldo en Catholic World Report, recuerda que para los reformadores del S.XVI (Lutero, Calvino, etc..), la Eucaristía católica era, directamente, blasfema: si un protestante culto la desea, es porque cree la enseñanza católica sobre ella, y no la reformada.

Chalk además hace bromas con el argumento del «círculo interno» diciendo que le parece «digno de las reflexiones conspirativas de El Código Da Vinci« y que los protestantes no se hacen católicos «para descubrir los secretos ocultos de los norbertinos, o porque esperan que algún día su santo rostro sea conmemorado en vidrieras y sus restos sean honrados con devoción por peregrinos descalzos».

Otra objeción al tema del «elitismo» es que, en la vida real, la vida parroquial, un católico no ve mucho «club especial», sino a las típicas señoras de parroquia, los niños gritones de catequesis, el coro que canta mal, los lectores que no vocalizan, etc… No es un club nada selecto: viene la gente del barrio, la vida cotidiana.

4. El que se hace católico, accede a las palancas de poder en entornos conservadores

Brad Littlejohn y Chris Castaldo dicen que si uno es protestante y conservador, y quiere tocar poder (probablemente con buenos motivos, como hacer política y ayudar a la gente) le conviene hacerse católico en EEUU.

OBJECIÓN: Casey Chalk responde que en el Congreso de EEUU hay el doble de protestantes que de católicos, y que él participó hace un par de años en un programa para jóvenes profesionales interesados en política (el programa Hillsdale James Madison Fellows) y allí la suma de anglicanos, baptistas y presbiterianos «como mínimo igualaba a la de católicos».

También se puede decir que esta objeción no sirve para quien se haga católico en países de hegemonía luterana, como es el caso del pastor sueco Ulf Ekman, el político finlandés Timo Soini, el antiguo luterano y luego obispo católico Teemu Sippo… Tampoco sirve para los que siendo luteranos o anglicanos eran obispos, y al hacerse católicos pasan a ser laicos o sencillos sacerdotes (y nunca tantos obispos anglicanos y luteranos se han hecho católicos como en los últimos 30 años).

Dos razones reales: autoridad para enseñar y sacramentos

Casey Chalk cree que estos 4 criterios están muy equivocados, mientras que los autores aciertan cuando ponderan otros dos criterios al leer las argumentaciones de San John Henry Newman para pasar de ser un respetado intelectual anglicano a complicarse la vida convirtiéndose al catolicismo: deseaba los sacramentos («la comprensión» católica de los sacramentos) y una «autoridad vinculante de la Iglesia».

Ahí Chalk dice que, efectivamente, desde que él mismo se hizo católico en 2010, y antes, en los testimonios que ha escuchado de ex-protestantes, «casi todos han priorizado la necesidad de autoridad y el sentirse atraídos a Cristo en los sacramentos«.

Sacerdote en la elevación en misa, foto de Josh Applegate en Unsplash; muchos protestantes que se hacen católicos dicen que necesitaban los sacramentos que Cristo dio a la Iglesia.

Sobre la «autoridad», Brad Littlejohn y Chris Castaldo apelan como protestantes a un supuesto «consenso histórico», pero Chalk, ex-protestante, enseguida recuerda que no hay apenas ningún consenso, cada denominación protestante cree cosas distintas y los mismos reformadores en el S.XVI rechazaban enseñanzas de concilios y de tiempos Patrísticos cuando no encajaban «con sus interpretaciones particulares de las Escrituras». El concepto «ortodoxia protestante», señala Chalk, es «un término vacío».

Objeción razonable, pero insuficiente: divisiones entre católicos

Los protestantes Littlejohn y Castaldo ponen el ejemplo del pontificado de Francisco para señalar la debilidad del Magisterio católico, así como las «luchas internas entre católicos tradicionalistas, conservadores y liberales», que socavan la «pretensión de Roma de hablar con la voz viva de la autoridad divina».

Chalk admite que «el pontificado de Francisco ha sido sin duda controvertido y desconcertante, ya hablemos de retoques al Catecismo sobre la aplicación de la pena de muerte, restricciones a la liturgia o el permiso para bendecir a ‘parejas’ del mismo sexo. Pero ¿qué doctrina magisterial ha cambiado durante el actual pontificado? A pesar de todas las quejas protestantes (y católicas) sobre Francisco, las acciones del papado no han alterado ninguna enseñanza magisterial. Además, las luchas internas entre los distintos bandos católicos –aunque a menudo desagradables y potencialmente oscureciendo la autoridad magisterial para los de afuera– difícilmente vician esa autoridad. Alternativamente, uno podría preguntar: ¿los debates protestantes sobre el significado de la Biblia socavan la autoridad de la Biblia?»

El librito de cien páginas de Littlejohn y Castaldo constata que, con o sin Papa Francisco, el catolicismo atrae a aquellos protestantes que aman a Cristo, su Palabra y su deseo de unidad («que sean uno como Tú y yo somos uno, Padre»), que ven que Cristo creó un único rebaño encargado a Pedro («apacienta mis corderos») y donde los primeros cristianos veían que la Iglesia -y no otra cosa, no la Biblia- es «pilar y fundamento de la verdad» (1 Tim3,15).

Los que se vuelcan en estudiar e investigar acaban acercándose a Pedro y a sus herederos (a todos ellos, a los malos también), pese a los escándalos de desunión, las perplejidades por tal o cual jerarca o los debates pastorales. El deseo de verdad, unidad y comunión los mueve.

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»