21/02/2024

Apariciones de Lourdes: ¿Por qué hay tantas curaciones? ¿Qué tiene de especial su agua?

El santuario de Lourdes es uno de los santuarios marianos más importantes y visitado por los católicos en todo el mundo. A las faldas de los Pirineos en su vertiente francesa la Virgen se apareció hasta en 19 ocasiones a Santa Bernadette, una joven humilde de apenas 14 años.

Cada 11 de febrero la Iglesia celebra la festividad de Nuestra Señora de Lourdes.

En este lugar María confirmó el dogma que apenas cuatro años antes proclamó la Iglesia sobre su Inmaculada Concepción. Desde muy pronto estas apariciones fueron reconocidas por la Iglesia atrayendo allí a numerosos peregrinos, muchos de ellos enfermos, pues Lourdes tiene una vinculación muy especial con las personas enfermas y sufrientes.

Miles de curaciones y gracias extraordinarias se han producido en Lourdes gracias a la intercesión de la Virgen, varias de ellas reconocidas oficialmente por la Iglesia. La primera de ellas se produjo en los días en los que la propia María se aparecía a Santa Bernadette, de ahí que desde un inicio los enfermos empezaran acudir hasta la gruta de Massabielle.

Índice para conocer las apariciones de la Virgen en Lourdes

¿Cómo fueron las apariciones de la Virgen en Lourdes?

¿Qué dice la Iglesia de las apariciones de la Virgen en Lourdes?

¿Cuál es el mensaje de la Virgen en Lourdes?

-¿Quién era Bernadette Soubirous?

¿Cuántos milagros ha reconocido la Iglesia en Lourdes?

¿Por qué se bebe el agua de Lourdes y se baña en las piscinas del santuario?

Oración a la Virgen de Lourdes por los enfermos

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¿Cómo fueron las apariciones de la Virgen en Lourdes?

Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 la Virgen, en la advocación de la Inmaculada Concepción, se apareció en varias ocasiones en la gruta de Massabielle, al borde del río Gave, en la falda de los pirineos a la jovencita Bernadette (Bernardita) Soubirous.

La primera de ellas se produjo el 11 de febrero. Acompañada de su hermana y de una amiga, la ahora santa se dirigió a la zona donde se encuentra la gruta de Lourdes a recoger leña y ramas secas. La joven oyó entonces un ruido y levantó la vista hacia la cueva. Sobre aquel primer encuentro declararía Bernardette: “Vi a una señora vestida de blanco: llevaba un vestido blanco, un velo también de color blanco, un cinturón azul y una rosa amarilla en cada pie”. Después hizo la señal de la cruz y rezó el rosario con María. Una vez terminó, la Virgen desapareció. 

La segunda aparición se produjo el siguiente domingo, el 14 de febrero de 1858. Ese día Bernadette sintió una fuerza que le empujaba a volver a la gruta pese a que sus padres se lo habían prohibido. De tanto insistir su madre se lo permitió. Cuando estaba rezando el rosario, la joven vio aparecer a la Virgen. Obedeciendo a lo que le había dicho su madre, Bernadette le echó a María agua bendita. Nuestra Señora sonrió, inclinó la cabeza, y terminado el rosario desapareció. Los testigos la recuerdan a la joven francesa estando en éxtasis y sus padres empezaron a creerla.

Tercera aparición, 18 de febrero de 1858. Esta fue la primera vez en la que la Virgen habló en estas apariciones. Cuando se apareció a la joven, esta le ofreció un papel para que escribiera su nombre. Pero María le dijo: “No es necesario escribirlo, hazme únicamente el regalo de venir aquí durante quince días seguidos”. La vidente se lo prometió y la Virgen le respondió: “No te prometo hacerle feliz en este mundo, sino en el otro”.

Cuarta aparición, viernes 19 de febrero de 1858. Fue una aparición muy breve. Ya en aquel momento empezó a extenderse el rumor de las apariciones y varias personas acompañaron a la joven.  Bernadette llegó a la gruta con una vela bendecida y encendida. De aquel gesto nacerá la costumbre de llevar velas para encenderlas ante la Virgen en Lourdes.

Quinta aparición, sábado 20 de febrero de 1858. Aún más personas, en torno a una treintena, le acompañaron en esta visita a la gruta. Aquel día la Virgen le enseñó una oración personal. Al terminar la visión, una gran tristeza invadió a Santa Bernadette.

Sexta aparición, domingo 21 de febrero de 1858. Esa mañana María se presentó a la vidente, a la que ya acompañaban más de cien personas. Ese día Nuestra Señora permaneció también en silencio. Después fue interrogada por el comisario de policía Jacomet, que pretendía que dijera lo que ha visto. Bernardette no habla más que de «Aquero» (aquello). Ese “aquero” tenía forma de niña.

Séptima aparición, martes 23 de febrero de 1858. Aquel día unas 150 personas acompañaron a la joven a la gruta. Mientras rezaba el rosario se le apareció y estando en éxtasis la Virgen le comunicó un secreto, una confidencia “sólo para ella”, de la que nunca se ha conocido su contenido.

Octava aparición, miércoles 24 de febrero de 1858. Las noticias sobre las apariciones se extendían y más de 200 personas se acercaron a la cueva. Después del primer misterio entró en éxtasis y su rostro se iluminó. Pero al cabo de unos minutos la joven dejó de sonreír. En aquella aparición la Virgen habló: “¡Penitencia! ¡Penitencia! ¡Penitencia!”. También le dijo a Bernadette: «¡Rogad a Dios por los pecadores!”. Y le pidió: “Arrodíllate y besa el suelo como penitencia por los pecadores!”.

Novena aparición, jueves 25 de febrero de 1858. Trescientas personas estaban ya allí aquella jornada. Bernadette contó: “Me dijo que fuera a beber a la fuente (…). No encontré más que un poco de agua fangosa. Al cuarto intento, conseguí beber; me mandó también que comiera hierba que había cerca de la fuente, luego la visión desapareció y me marché”. La gente pensaba que estaba loca por hacer esas cosas, pero ella tan sólo contestó: “Es por los pecadores”.

Este manantial que surgió después de que la vidente escarbara en el suelo de la gruta dio lugar al que ahora es el manantial de las curaciones y milagros. Miles de hechos extraordinarios se han producido en este tiempo allí.

Décima aparición, sábado 27 de febrero de 1858. Ese día ya había congregadas más de 800 personas. La Virgen se apareció, pero permaneció en silencio. Bernadette bebió agua del manantial e hizo los gestos habituales de penitencia.

Undécima aparición, domingo 28 de febrero de 1858. Más de mil personas asistieron al éxtasis. Bernadette rezó, besó la tierra y se arrastraba rodillas en señal de penitencia, tal y como le había pedido la Virgen que hiciera en las anteriores apariciones. A continuación, la llevaron a casa del juez Ribes que la amenazó con meterla en la cárcel.

Duodécima aparición, lunes 1 de marzo de 1858. Se congregaron más de mil quinientas personas y entre ellas, por primera vez, un sacerdote. Catalina Latapie, una campesina de un pueblo cercano a Lourdes, y nada devota acudió a la gruta, introdujo su brazo paralizado en el agua del manantial, y al momento recuperó la movilidad. Fue el primer milagro.

Decimotercera aparición, martes 2 de marzo de 1858. Aún más gente acudió aquella jornada. En aquella aparición la Virgen le dio un mensaje específico: “Ve a decir a los sacerdotes que se construya aquí una capilla y que se venga en procesión”. Bernadette se lo hizo saber al padre Peyra-male, párroco de Lourdes. Éste le preguntó el nombre de la Señora. Además, el sacerdote exigió como prueba ver florecer en invierno el rosal silvestre de la Gruta.

Decimocuarta aparición, miércoles 3 de marzo de 1858. Había más de 3.000 personas y a Bernadette le costó incluso llegar. La Virgen no se apareció esa mañana. Pero al salir del colegio, sintió la llamada interior de María, acudió a la gruta y volvió a preguntarle su nombre. La respuesta fue una sonrisa. El párroco Peyra-male volvió a decir a la joven: “Si de verdad la Señora quiere una capilla, que diga su nombre y haga florecer el rosal de la Gruta”.

Decimoquinta aparición, jueves 4 de marzo de 1858:  Ese día se cumplió el plazo de los 15 días seguidos Bernadette debía acudir a Massabielle. Hasta 8.000 personas se presentaron esperando un gran milagro. Pero la Virgen se mantuvo silenciosa, mientras el padre Peyra-male se mantenía en su postura firme sobre las apariciones. Durante los veinte días siguientes, la joven no acudiría a la gruta pues no sentía dentro de sí aquella irresistible invitación de María.

Decimosexta aparición, jueves 25 de marzo de 1858. En el día de la Anunciación al fin la Virgen le reveló su nombre a la joven vidente. Pero el rosal silvestre que debía florecer para hacer creer al sacerdote no daba flor. “Levantó los ojos hacia el cielo, juntando en signo de oración las manos que tenía abiertas y tendidas hacia el suelo, y me dijo: ‘Que soy era Immaculada Councepciou’”, contó Bernardette. La joven vidente salió corriendo, repitiendo sin cesar, por el camino, aquellas palabras que no lograba entender. Estas palabras conmovieron al párroco, ya que la joven ignoraba esta expresión que define a la Santísima Virgen. Solo cuatro años antes, en 1854, el papa Pío IX había declarado el dogma de la Inmaculada Concepción.

Decimoséptima aparición, miércoles 7 de abril de 1858. Durante esta aparición, Bernadette sostuvo en la mano un gran cirio encendido, y durante varios minutos momento la llama rodeo su mano sin quemarla. Este hecho fue inmediatamente constatado por el médico, el doctor Douzous.

Última aparición, jueves 16 de julio de 1858. Desde el mes de abril Bernardette dejó de ir a la gruta y rezaba discretamente, pero en esta jornada sintió interiormente el misterioso llamamiento de la Virgen y se dirigió a la gruta. El acceso estaba prohibido y la gruta, vallada, por lo que se fue al otro lado del río. Al llegar a casa dijo: “No veía ni las tablas de la valla ni el río. Me parecía que estaba en la gruta y que no había más distancias que otras veces. Yo sólo veía a la Virgen y jamás la había visto tan bella”.

¿Qué dice la Iglesia de las apariciones de la Virgen en Lourdes?

Las apariciones de Lourdes tienen el grado máximo de aprobación por parte de la Iglesia. San Juan Pablo II y Benedicto XVI visitaron el santuario siendo Papas, mientras que el cardenal Montini (San Pablo VI) y el cardenal Luciani (Juan Pablo I), lo hicieron como purpurados.

En enero de 1862, menos de cuatro años después de la última aparición el obispo de Tarbes publicó una carta pastoral tras haber realizado en los años anteriores una exhaustiva investigación. “Juzgamos que la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, se apareció realmente a Bernardette Soubirous el 11 de febrero de 1858 y en los días sucesivos en la gruta de Massabielle, cerca de la ciudad de Lourdes, en dieciocho ocasiones; que tal aparición reviste todas las características de la verdad y que los fieles tienen fundados motivos para creerlas como ciertas”, afirmba.

Siguiendo las indicaciones de la Virgen se construyó un santuario y el Papa Pío IX autorizó al obispo para permitir la veneración de la Virgen María en Lourdes.

¿Cuál es el mensaje de la Virgen en Lourdes?

A pesar de que se apareció en 19 ocasiones la Virgen no dejó un mensaje muy amplio ni lleno de palabras, sino que el silencio también tuvo gran importancia, al igual que los gestos.

José Manuel Díez Quintanilla, autor del libro Las apariciones de la Virgen María: Doctrina e Historia (LibrosLibres) desgrana así el mensaje de María en Lourdes:

-Agradecimiento del Cielo por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción, declarado cuatro años antes de las apariciones.

-Un elogio a las virtudes de pobreza y humildad aceptadas cristianamente, al escoger a Bernardette como instrumento de su mensaje.

-Una exaltación de la oración, del rezo del Santo Rosario y de la penitencia, unido a un mensaje de misericordia infinita para los pecadores con el símbolo del agua.

-Una aceptación de la enfermedad y del consuelo que proporciona también el agua que mana de la fuente.

-Una unción íntima con la Cruz. La Virgen le dijo a Bernadette que lo importante era ser feliz en la otra vida y para ello había que aceptar la Cruz en este mundo.

-¿Quién era Bernadette Soubirous?

Bernadette Soubirous nació el 7 de enero de 1844 en Lourdes y cuando apenas tenía 14 años se le apareció la Virgen en varias ocasiones. Era una persona pobre, pero con una gran fe y que durante su vida sería fuertemente probada por la enfermedad.

Tras las apariciones, en 1860, fue trasladada al Hospital de las Hermanas de al Caridad y la Enseñanza que estas religiosas tenían en Lourdes, debido a sus problemas de salud. Tres años después sintió la vocación religiosa como hermana de la Caridad con el carisma de servir a los enfermos. Ingresó el 7 de julio de 1866 en la casa madre de la congregación en Nevers. Pero más adelante obligada a estar en cama a causa del asma por tuberculosis y por un tumor óseo en la rodilla, falleció a los 35 años de edad. Era el 16 de abril de 1879. Fue beatificada en 1925 y el Papa Pío XI la proclamó santa el 8 de diciembre de 1933.

¿Cuántos milagros ha reconocido la Iglesia en Lourdes?

Incluso en el momento que se produjeron las apariciones de la Virgen en Lourdes hubo curaciones inexplicables, que muchos testigos presenciales pudieron atestiguar. Desde 1858 en este lugar han ocurrido aquí numerosos milagros y gracias extraordinarias, siendo un lugar especialmente destinado a los enfermos tanto para su sanación espiritual, como en algunos casos, física.

El propio Papa San Juan Pablo II instituyó en 1992 la Jornada Mundial del Enfermo coincidiendo con la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes. De hecho, este santo quiso ya muy enfermo realizar en 2004 el que sería su último viaje internacional a este santuario mariano.

Desde la primera aparición la Iglesia Católica ha reconocido oficialmente un total de 70 milagros y casi 7.200 curaciones inexplicables, siempre desde una exhaustiva investigación científica. De hecho, en Lourdes hay una Oficina Médica encargada de estudiar estas sanaciones y para ello utilizan 7 exigentes criterios. Los cinco últimos milagros se han reconocido entre 1999 y 2018. Puede leer aquí sus historias.

¿Por qué se bebe el agua de Lourdes y se baña en las piscinas del santuario?

El agua está estrechamente unida a la Virgen de Lourdes y no hay peregrino que no vuelva del santuario sin alguna botellita con agua del manantial que brota de la gruta en la que se apareció Nuestra Señora, pero conviene aclarar que no es agua bendita.

Muchos de los milagros y gracias relacionados con Lourdes están vinculados a esta agua, que a su vez tiene relación con la aparición de la Virgen a Bernadette en la que le pidió que escarbara en la tierra y bebiera agua y se lavara con ella. Esta sería el agua del manantial que a día de hoy brota y que muchos enfermos con fe beben e incluso se bañan en las piscinas destinadas a los enfermos y peregrinos cercanas a la gruta.

Bernadette Soubirous dijo en una ocasión: «Esta agua es considerada como un medicamento…pero tienes que guardar la fe y rezar: ¡esta agua no podría hacer nada sin fe!».

Oración a la Virgen de Lourdes por los enfermos

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra!
Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos,
acudimos en las horas amargas de la enfermedad a tu maternal corazón,
para pedirte que derrames a manos llenas¿
el tesoro de tu misericordia sobre nosotros.

Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuches,
Pero acuérdate que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a ti haya sido abandonado.

¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima!
Ya que Dios obra por tu mano curaciones sin cuento en la Gruta prodigiosa de Lourdes,
sanando tantas víctimas del dolor,
guarda también una mirada de bendición para nuestro pobre enfermo… (se dice el nombre).

Alcanzadle de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud,
si ha de ser para mayor gloria de Dios.
Pero mucho más alcanzadnos a todos el perdón de nuestros pecados,
paciencia y resignación en los sufrimientos
y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios,
prisionero por nosotros en los Sagrarios. Amén.

Virgen de Lourdes, rogad por nosotros.
Consuelo de los afligidos, rogad por nosotros.
Salud de los enfermos, rogad por nosotros.

Rezar tres Avemarías.

(Publicado originariamente en ReL el 9 de febrero de 2023)

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»