21/02/2024

«Cuidar su relación con Dios» y otras 4 ideas de Francisco para la Jornada Mundial del Enfermo

Con motivo de la trigésimo segunda Jornada Mundial del Enfermo, que en 2024 tiene lugar domingo 11 de febrero, el Papa Francisco ha hecho público este sábado un mensaje dirigido a los  enfermos, «a quienes sufren y están solos, marginados y descartados». En el mensaje también se menciona en varias ocasiones a familiares, amigos, personal sanitario, recordando su deber para con el enfermo de «cuidar su relación con Dios».

El mensaje, repleto de referencias a la comunidad -desde el mismo título, No conviene que el hombre esté solo– comienza remarcando que los hombres han sido «creados para estar juntos, no solos», motivo por el que «la experiencia del abandono y de la soledad asusta, es dolorosa e incluso inhumana«. Especialmente, agregó, «en tiempos de fragilidad, incertidumbre e inseguridad, provocadas muchas veces por la aparición de alguna enfermedad grave».

No faltaron tampoco referencias a la guerra como «la más terrible de las enfermedades sociales»: «Me uno con dolor a la condición de sufrimiento y soledad de quienes, a causa de la guerra y sus trágicas consecuencias, se encuentran sin apoyo y sin asistencia. Son las personas más frágiles las que pagan el precio más alto».

A lo largo del mensaje, Francisco destacó 5 ideas para enfrentar «la cultura del individualismo» y promover una mejor atención a quienes sufren:

1º La soledad, consecuencia del individualismo

En el mensaje, Francisco subraya  que el sufrimiento en soledad no es un problema propio de países en guerra, pues «también en los países que gozan de paz y cuentan con mayores recursos, el tiempo de la vejez y de la enfermedad se vive a menudo en la soledad y, a veces, incluso en el abandono. Esta triste realidad es consecuencia sobre todo de la cultura del individualismo, que exalta el rendimiento a toda costa y cultiva el mito de la eficiencia, volviéndose indiferente e incluso despiadada cuando las personas ya no tienen la fuerza necesaria para seguir ese ritmo».

2º Reestructurar la política, los medios necesarios y la familia

El Papa se refirió así a la lógica de la «cultura del descarte» que «desgraciadamente prevalece en determinadas opciones políticas que no son capaces de poner en el centro la dignidad de la persona humana y sus necesidades, y no siempre favorecen las estrategias y los medios necesarios para garantizar el derecho fundamental a la salud y el acceso a los cuidados médicos a todo ser humano». 

Al mismo tiempo, agregó, «el abandono de las personas frágiles y su soledad también se agravan por el hecho de reducir los cuidados únicamente a servicios de salud, sin que éstos vayan sabiamente acompañados por una `alianza terapéutica´ entre médico, paciente y familiares».

3º El aislamiento perjudica la relación con Dios

El mensaje se refiere también a cómo «la herida mortal del pecado» se muestra «generando recelos, fracturas, divisiones y aislamiento».

«Esto afecta a la persona en todas sus relaciones; con Dios, consigo misma, con los demás y con la creación. Ese aislamiento nos hace perder el sentido de la existencia, nos roba la alegría del amor y nos hace experimentar una opresiva sensación de soledad en todas las etapas cruciales de la vida», remarca.

4º Para un buen cuidado del enfermo, hay que potenciar su relación con Dios

En este sentido, Francisco se refirió a la «cercanía llena de compasión y ternura» como «el primer cuidado». Por eso, dijo, «cuidar al enfermo significa, ante todo, cuidar sus relaciones, todas sus relaciones; con Dios, con los demás -familiares, amigos, personal sanitario-, con la creación y consigo mismo. ¿Es esto posible? Claro que es posible, y todos estamos llamados a comprometernos para que sea así».

5º El deber cristiano de cuidar a quien sufre frente al individualismo

El mensaje concluye resaltando el llamado cristiano de «hacer nuestra la mirada compasiva de Jesús», especialmente en el presente «cambio de época». «Cuidemos a quienes sufren y están solos, e incluso marginados y descartados. Con el amor recíproco que Cristo Señor nos da en la oración, sobre todo en la Eucaristía, sanemos las heridas de la soledad y del aislamiento. Cooperemos así a contrarrestar la cultura del individualismo, de la indiferencia, del descarte, y hagamos crecer la cultura de la ternura y de la compasión», finalizó. 

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»