26/02/2024

¿Quién fue San Valentín? ¿Qué pasó con su fiesta religiosa? ¿Qué tiene que ver con los enamorados?

San Valentín es un santo universal, pero hoy es mucho más conocido por el aspecto comercial que ha acaparado esta fiesta y absorbido su nombre, que por las certezas que hay sobre la vida de este mártir cristiano de los primeros siglos. En este artículo intentamos ofrecer los datos que existen y la evolución de esta fiesta que se celebra el 14 de febrero y que está repleta de historias y leyendas.

Índice para conocer la historia de San Valentín

¿Quién fue San Valentín?

¿Por qué San Valentín es considerado el patrono de los enamorados?

¿Por qué San Valentín no aparece ya en el calendario litúrgico?

¿Por qué se asocia a San Valentín con Cupido?

¿Por qué el día de San Valentín se ha convertido en una fiesta tan comercial?

¿Qué dice la Iglesia el día de San Valentín a los novios?

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¿Quién fue San Valentín?

Pocas certezas hay acerca de este santo del siglo III, del que han llegado a nuestros días más tradiciones y leyendas que hechos contrastados. De hecho, en el Martirologio Romano el 14 de febrero no hay uno sino dos Valentines, por lo que en realidad el santo del que se celebra la fiesta puede ser una mezcla de los dos mártires, que en realidad pudieron ser solo uno. Del primero se dice: «14 de febrero, en Roma, en la Via Flaminia, día de San Valentín, sacerdote y mártir, que después de haber realizado varias curaciones significativas, fue asesinado y degollado bajo la orden del emperador Claudio César. Del segundo se dice: «14 de febrero, en Terni, festividad de San Valentín, obispo que después de haber sido golpeado durante un largo período fue encarcelado y, al no poder vencer su resistencia, fue arrastrado secretamente a medianoche y degollado por el prefecto de Roma, llamado Plácido».

La historia del Valentín romano se desarrolló cerca del año 270 durante la persecución del emperador Claudio que ante la fama de santidad que acompañaba a Valentín, lo llevó al palacio y le pidió que fueran amigos para adorar juntos a los dioses. Sin embargo, Valentín con valor y firmeza declaró que el culto a los dioses era inútil y que sólo Cristo había traído al mundo la esperanza de un mundo mejor. El emperador, impresionado por su devoción, le encargó a un noble romano llamado Asterio la tarea de disuadirlo mediante discursos suaves y amables. Asterio tenía una hija ciega de dos años. Sucedió que Valentín se arrodilló ante ella y se puso a rezar y la pequeña recuperó la vista. Ante este milagro, Asterio se convirtió al cristianismo junto con toda su familia. Cuando el emperador Claudio se enteró de esta conversión, condenó a Valentín a ser decapitado en la vía Flaminia donde fue enterrado y donde se construyó una iglesia dedicada a él.

Tal y como recoge Vatican News, con respecto a la historia del obispo de Terni, habría tenido lugar algo después: Valentín fue invitado a Roma por el retórico y filósofo Cratón, un maestro de lengua griega y latina que tenía un hijo llamado Queremón, que sufría de una deformidad física que lo obligaba a mantener la cabeza entre las rodillas y ningún médico había logrado curarlo. Cratón le prometió a Valentín la mitad de sus posesiones si sanaba a su hijo, pero Valentín, en una larga charla nocturna, le explicó que no serían sus inútiles riquezas las que salvarían al joven, sino la fe en el único Dios verdadero. A continuación, se puso a orar y el niño recuperó su salud. Ante el milagro, Cratón y toda la familia pidieron ser bautizados por el obispo, junto con tres estudiantes griegos: Próculus, Efebo y Apolonio. Con ellos también abrazó al cristianismo Abondio, otro estudiante, hijo del prefecto de Roma, Furioso Plácido, del cual sabemos que ocupó este cargo entre los años 346-347: esta fue posteriormente la fecha histórica atribuida al martirio de Valentín. Plácido, dolido por la conversión de su hijo, hizo detener a Valentín y lo decapitó en la Vía Flaminia, pero en secreto, durante la noche, para evitar la reacción de la ahora numerosa comunidad cristiana de la ciudad. Después de llevarse a cabo una primera sepultura en el lugar del martirio, Próculus, Efebo y Apolonio llevaron el cuerpo del mártir a Terni y lo enterraron a las afueras de la ciudad.

Son, por tanto, demasiadas similitudes, en especial el lugar de la tortura y el entierro, las que unen la historia del Valentín romano con la del Valentín terniano, como para no sospechar  que en realidad se trata de un solo mártir.

Los restos del santo se encuentran en la basílica de San Valentín, en Terni, lugar al que tradicionalmente acuden parejas de novios y matrimonios.

¿Por qué San Valentín es considerado el patrono de los enamorados?

Muy poco se conoce en realidad de San Valentín, por lo que son muchas las leyendas y tradiciones relacionadas con su papel histórico con los enamorados, y que se han ido multiplicando durante siglos. De este modo, podemos escuchar a monseñor Reig Pla, como en 2019 en una carta pastoral destinada a los novios decía: “Su nombre está siempre unido al amor por un episodio que en aquel tiempo fue muy clamoroso: cuenta la tradición que San Valentín fue el primer religioso que celebró la unión entre un legionario pagano y una joven cristiana”.

Otra leyenda, igualmente imposible de comprobar, sobre el origen de la celebración actual de San Valentín se remontaría a tiempos del emperador Claudio prohibió a los jóvenes solteros casarse y vivir en matrimonio, ya que pensaba que así, los jóvenes solteros y sin familia, eran mejores soldados. Fue entonces, cuando el sacerdote cristiano Valentín, se habría rebelado contra el decreto y comenzaría a casar a las parejas jóvenes en secreto, ya que el culto cristiano estaba prohibido.

Sin embargo, el divulgador católico Luis Antequera, explicaba en su blog de ReL que “probablemente la vinculación de San Valentín con los enamorados tenga más que ver con cuestiones estacionales que con cuestiones puramente religiosas. Estaríamos, como ocurre en tantas otras ocasiones, ante un caso claro de sincretismo, en el que la Iglesia cristianiza lugares, fechas y costumbres que son en realidad precristianas. Y tendría que ver con la creencia medieval, incluso bastante tardía en este caso, de que en torno al 14 de febrero se produce el apareamiento de las aves. Así, y de acuerdo con lo dicho, en el Parlamento de las aves (“Parlement of Foules”) de Geoffrey Chaucer (h. 1343-1400), escrito hacia principios del último cuarto del s. XIV, el autor de los Cuentos de Canterbury escribe: “Por esto que fue enviado el día de San Valentín cuando cada ave su pareja ha de elegir”.

Vatican News añade además que fue gracias a los monjes benedictinos, que en la Edad Media custodiaban la basílica de Terni (donde están los restos del santo), que se produjo la difusión del culto de San Valentín en sus monasterios en Francia e Inglaterra, donde se originó su patronato sobre los novios, basado en un antiguo escrito del inglés Geoffrey Chaucer, quien contaba cómo en el día de San Valentín, los pájaros comenzaban sus danzas de amor. A mediados de febrero, de hecho, la naturaleza comienza a despertar de la hibernación del invierno, por lo que San Valentín se convirtió en el santo que anunciaba la inminente primavera, y no por casualidad a veces se representa con el sol en la mano.

¿Por qué San Valentín no aparece ya en el calendario litúrgico?

La fiesta de San Valentín se celebra el 14 de febrero desde que fuera establecida por el papa Gelasio en una fecha que oscila entre el año 496 y 498 después de Cristo. Sin embargo, a partir de 1969 dejó de celebrarse como fiesta, pasando así a ser una fecha con santo pero sin la celebración. Esto fue así por la dificultad de encontrar detalles fiables sobre la vida y la santidad de Valentín, que venía más bien apoyado por tradiciones y devociones antiguas.

No fue Valentín el único santo cuya fiesta dejó de celebrarse. Pablo VI, con el motu proprio Mysterii Paschalis, reorganizó el año litúrgico del rito romano siguiendo así las disposiciones del Concilio Vaticano II para modificar el Calendario Romano. Así se reubicaron fiestas y solemnidades y otras se vieron removidas, como fue el caso de la de San Valentín.

¿Por qué se asocia a San Valentín con Cupido?

San Valentín es en numerosas ocasiones asociado a la imagen de un ángel con forma de niño que dispara flechas a los enamorados. Pero esto es consecuencia de la deformación de la fiesta cristiana una vez que empezó a ser utilizada para otros fines diferentes al puramente religioso. De hecho, este ángel no representa San Valentín si no a Cupido, que en la mitología romana era considerado el dios del amor. En el arte se empezó a representar a Cupido como un niño alado que también lanzaba flechas de amor. Y debido al nexo del amor y el enamoramiento empezó a usarse la imagen de Cupido en las populares tarjetas de San Valentín que se hicieron enormemente populares en el mundo anglosajón. Fue entonces cuando Cupido se hizo un icono romántico en el día de San Valentín, aunque en realidad no tengan nada que ver.

¿Por qué el día de San Valentín se ha convertido en una fiesta tan comercial?

San Valentín ha estado rodeado de tradiciones desde hace siglos. Y una de ellas comenzó al entregar tarjetas con declaraciones de amor en este día. Del siglo XV se conserva una del duque Carlos de Orleans en la que escribió un poema a su esposa y a la que se refería como “Mi Valentín”. Esta tradición se pondría de moda en Gran Bretaña y Francia en el siglo XVIII. Pero fue su expansión a Estados Unidos lo que provocó el inicio de lo que es hoy una fiesta comercial universal.

Esther Howland estableció una fábrica para la producción de tarjetas de San Valentín en 1849, que se convertiría en un auténtico fenómeno social y económico, a la que se unieron otros regalos, siendo ahora los más populares las flores o los bombones. A España el boom comercial llegó a mediados del siglo XX gracias a Pepín Fernández, fundador de Galerías Preciados (comprado hace algunas décadas por El Corte Inglés), con un anuncio en el diario ABC en el que animaba regalar el 14 de febrero, el “día de los enamorados”.

¿Qué dice la Iglesia el día de San Valentín a los novios?

Pese a que lo comercial ha diluido mucho el sentido de la fiesta religiosa de San Valentín, la realidad es que la Iglesia no ha olvidado a este santo mártir de los primeros siglos, cuyo ejemplo de vida que ha llegado hoy a través de tradiciones populares sigue sirviendo de mucho  a los enamorados que algún día quieren recibir juntos el sacramento del matrimonio. Así, por ejemplo, en 2019 el entonces obispo de Alcalá, monseñor Reig Pla, escribió una “Carta a los novios” el 14 de febrero dotándole de un sentido sobrenatural a la fiesta.

“San Valentín, obispo y mártir, nació en Terni en el 175 d.C. Valentín dedicó toda su vida a la comunidad cristiana que se había formado en la ciudad a cien kilómetros de Roma, donde arreciaba la persecución contra los seguidores de Jesús. El eco de los clamorosos milagros realizados por el santo llegó hasta Roma y se difundió pronto por todo el imperio. El Papa San Feliciano lo consagró primer obispo de la ciudad de Terni, y todavía hoy conserva los restos mortales. Su nombre está siempre unido al amor por un episodio que en aquel tiempo fue  muy clamoroso: cuenta la tradición que San Valentín fue el primer religioso que celebró la unión entre un legionario pagano y una joven cristiana. Hoy, cuando se utiliza la figura de San Valentín como referencia al día de los enamorados, conviene, queridos novios, distinguir bien qué es el amor para que no sea distorsionado por el reclamo del consumismo. Amar no es sólo ni fundamentalmente un ‘sentimiento’ como se afirma con frecuencia en la cultura ‘emotivista’ en la que vivimos. ‘Amar es desear el bien a alguien’ es, por tanto, ‘un acto de voluntad que consiste en preferir de manera constante, por encima del propio el bien, el bien de los demás’ (Papa San Juan Pablo II, XIX Jornada Mundial de la Juventud, 2004, n. 5). Los sentimientos, que como todo lo humano son importantísimos, están llamados a integrarse con la voluntad para hacer el bien al otro. La voluntad, que es un dinamismo inteligente, no debe seguir a los sentimientos que no estén ordenados al bien objetivo”, señalaba el obispo.

Y además, concluía así su carta: “Os invito a aprender a amar y a crecer en el amor -que, como sabéis, siempre es concreto y desciende al detalle de la vida cotidiana- yendo ‘a la escuela de la Virgen de Nazaret para aprender a amar a Dios y al prójimo, y a estar siempre disponibles para realizar la voluntad de Dios’ (Papa San Juan Pablo II, Audiencia general, 16-5-2001). Os recuerdo que el noviazgo es un tiempo de discernimiento que debéis vivir con la gracia de Dios y guiados por la virtud de la castidad; de otro modo perderéis objetividad y libertad respecto a vuestro novio o novia y lo más importante: ofenderéis a Dios y al bello proyecto que tiene sobre vosotros. Por ello es necesario acudir a los sacramentos, escuchar la Palabra de Dios y dejarse ayudar por la comunidad cristiana: padres, pastores y catequistas. Cuando contraigáis legítimo matrimonio, amaros implicará, como grave obligación de justicia, entregaros totalmente el uno al otro al modo humano con el lenguaje del cuerpo y abiertos generosamente al don de la vida. Si no estáis dispuestos a donaros incondicionalmente, en cuerpo y alma y siempre según la voluntad de Dios, el matrimonio se verá privado de su razón de ser. Vuestro futuro matrimonio no es sólo para vosotros, está inserto en el plan de Dios y en la misión de amor universal de Cristo y de su Iglesia. Todas las personas han sido creadas por Dios con la vocación original al amor. Por eso conviene recordar que el amor al que estáis llamados “es la esencia de Dios mismo, es el sentido de la creación y de la historia, es la luz que da bondad y belleza a la existencia de cada hombre.” (Papa Benedicto XVI, Ángelus, 31-1-2010). Que San Valentín os conceda la gracia de descubrir el verdadero amor que dé sentido a vuestra vida. Como nos enseña San Pablo, el amor, participado de Dios, ‘es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no es jactancioso, no se engríe; es decoroso; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta’”.

PUBLICADO ANTES EN «RELIGIÓN EN LIBERTAD»